jueves, 31 de agosto de 2023

El beso de Rubiales

Luis Rubiales, en su discurso ante la asamblea general de la RFEF del viernes 25 de agosto, afirmó que le preguntó a Jenni Hermoso si se daban un “piquito” y ella consintió. Esa misma tarde, en un comunicado de FUTPRO, el sindicato de las jugadoras, a través de su cuenta de tweeter (25 de agosto a las 6.40 pm), afirmó que “Jennifer Hermoso quiere desmentir rotundamente que consintiera el beso que le propinó D. Luis Manuel Rubiales Béjar en la Final de la Copa del Mundo”. Y el comunicado añade entre comillas y en primera persona, dando a entender que son palabras de la propia Jenni (quien, a su vez, es la primera de las 83 firmantes del comunicado): “quiero aclarar que, tal y como se vio en las imágenes, en ningún momento consentí el beso que me propinó y, por supuesto, en ningún caso busqué alzar al presidente. No tolero que se ponga en duda mi palabra y mucho menos que se inventen palabras que no he dicho”. 
 
Estamos pues ante la muy frecuente situación de dos versiones contradictorias en la que, necesariamente, uno de los dos miente. Lamentablemente, las imágenes a las que se refiere Jenni no aclaran en absoluto si consintió o no el beso. Lo que se ve es que, después de que Rubiales es alzado o se alza (que esto tampoco queda claro), le coge la cabeza a Jenni con ambas manos y le dice algo sin que se vea si ella le contesta o no (en los videos disponibles no hay ningún encuadre mínimamente frontal de la jugadora). Inmediatamente, él le acerca la cabeza (aunque no se percibe que sea un movimiento forzado) y la besa; un beso rápido de presión de los labios, da la impresión que con ambas bocas cerradas. De inmediato se separan y Jenni sigue su camino mientras el presidente, sonriendo y mirando en dirección contraria le da dos palmaditas en la espalda. Desde luego, no se observa ninguna muestra de desagrado por parte de la jugadora, que sigue sonriendo exultante. 
 
He leído que expertos en lectura de labios han dicho que, en el breve instante previo al beso, Rubiales en efecto pregunta a Jenni “¿un piquito?” No sé si será verdad, porque son comentarios de segunda mano. Supongo, en todo caso, que esos expertos pueden ser capaces de descifrar a través de las imágenes de video lo que dijo o no y me extraña (o no) que no haya ningún medio que convoque a alguno de ellos porque, desde luego, sería muy esclarecedor. 
 
En varios videos posteriores al incidente (vestuario, autobús, avión) se constata que tanto Jenni como sus compañeras se toman el incidente a cachondeo, sin darle ninguna importancia. En la entrevista que le hizo la Cope a la jugadora al final del partido, el periodista le pregunta si sabe la que se ha liado en España con el pico que le dio Rubiales, y ella dice que no se lo esperaba (¿el beso o el revuelo mediático?) y que no le había gustado (el beso). Luego, ante la insistencia del periodista en que el pico ha ofendido a mucha gente, Jenni reconoce que “a día de hoy, todo va a estar mal visto” pero asegura que ha sido la efusión del momento y que no hay nada más allá, que se va a quedar en una anécdota sin importancia (como profeta se arruina). En el video del vestuario vuelve a decir que el beso no le gustó pero qué iba a hacer ella. Por último, en otro video ya en el avión, parece entenderse que le dijo “vale” al presidente (aunque no queda claro si se está refiriendo a ese momento). 
 
Llegados a este punto, preguntémonos: ¿le propuso Rubiales que se dieran un besito, como él afirma? La jugadora lo ha negado, pero bastante después y cuando ya era consciente de la repercusión del asunto y de las consecuencias que podía implicar; en mi opinión, esta negación “oficial” hay que cogerla con pinzas. En los videos y audios inmediatos al incidente encuentro dos frases de Jenni al respecto. Que no se lo esperaba, lo que significaría que Rubiales no le dijo nada; pero también es verdad que en el contexto de esa pregunta lo que pudo haber sorprendido a la jugadora no fuera el beso, sino el revuelo que causó el mismo en España. La otra frase es cuando, en el avión, una compañera le pregunta “¿qué has dicho?” y ella contesta “pues vale”. Parece que están hablando de lo que respondió a la pregunta de Rubiales, pero tampoco puede afirmarse con seguridad. Si así fuera, se confirmaría la versión del presidente: le preguntó si podían darse un piquito y ella lo consintió. 
 
En resumen, no soy capaz de contestarme, no puedo saber con mínima seguridad si es verdad o no que Rubiales le pidió permiso a la jugadora y mucho menos si ésta lo consintió. Pero admitamos, por eso de la presunción de inocencia, que Rubiales no miente, que, en efecto, le preguntó y ella concedió. Ahora bien, en ese supuesto estaríamos, en mi opinión, ante un consentimiento viciado porque quien lo solicita es un superior jerárquico. A tal respecto, es muy ilustrativa una de las frases de Jenni en el vestuario: “Pero, ¿qué hago yo?”. Es decir, qué hace una persona cuando en ese contexto de urgencias (sin tiempo para pensar) y de subidón triunfalista, va el presidente y le propone que se besen. Alguien dirá que tenía que haberse negado, pero supongo que casi todos admitiremos que la jugadora no estaba en las condiciones adecuadas para decidir libremente. En ese momento lo más natural es decir que vale, total, como ella misma dijo, no le daba ninguna importancia al pico, una simple anécdota fruto de la efusión que, desde luego, no percibió como un acto de agresión sexual. 
 
Por eso, para mí, es completamente irrelevante dilucidar si Rubiales pidió permiso a Jenni y si ella se lo concedió. Simplemente, el presidente de la RFEF no puede dar un beso a una subalterna, se lo pida o no. A estos efectos me parece, aun a riesgo de exagerar, que estamos en una situación similar a la realización de actos de carácter sexual con menores de dieciséis años. El consentimiento de éstos no es válido porque se presupone que no es libre. A mi modo de ver, si Rubiales realmente le solicitó el beso a Jenni, ésta no contaba con el grado de libertad mínimo para poder dar su consentimiento. Por lo que, si lo hubo, éste no fue libre, sino forzado por las circunstancias del momento y del cargo de Rubiales. 
 
Lo de menos en este asunto es el beso en sí. Total, como se ha repetido por muchos en las redes, es un acto nimio que se ha sacado de madre. Lo que, en cambio, me parece gravísimo es que al presidente de la RFEF se le ocurra pedirle un beso a una jugadora y se lo dé. Puede admitirse como atenuante que la exaltación del momento pudo nublarle la inteligencia. Pero, como argumento contrario, hay que afirmar que una persona que tenga interiorizado el respeto hacia sus empleados y hacia las mujeres jamás, por muy exultante que éste, se le ocurriría hacer eso. Hay abundantes indicios de que Rubiales, como la mayoría de miembros de la RFEF, no tienen en absoluto interiorizado ese respeto y eso es lo que su comportamiento durante la entrega de medallas ha quedado demostrado. Pues bien, una persona así no puede ser presidente de la Federación de Fútbol ni representar a España. Y, en el fondo, creo que eso es lo que las jugadoras de la selección femenina (incluyendo a las que se negaron a formar parte) vienen reclamando desde hace tiempo: respeto (como diría Aretha Frankiln). El bochornoso incidente del pico a Jenni, de escasa importancia en sí mismo, debe servir para que los dirigentes deportivos (y no solo ellos) se enteren de que deben cambiar, más allá de sus actos, su forma de pensar. Porque lo cierto es que parece que no se han enterado aún.