sábado, 21 de abril de 2012

Dejemos de ser borregos

A estas alturas cualquiera con dos dedos de frente, cualquiera a quien le quede una mínima dosis de esa saludable tendencia infantil a preguntar por qué y no darse por satisfecho hasta obtener una respuesta, tiene claro que las "reglas de juego" que dominan la economía –y con ella la vida de todas las personas– han alcanzado las cotas de perversidad y crueldad mayores de la historia, que nunca tan descarnadamente como en estos días persiguen única y exclusivamente el desmedido enriquecimiento de unos poquísimos a costa de la miseria y agonía de la inmensa mayoría de la población. Sin embargo, pareciera que no tenemos dos dedos de frente, que nada nos queda de los niños preguntones que fuimos, sino que más bien nos hemos (nos han) convertido en borregos lobotomizados que mansamente desfilamos hacia el matadero. Decían Marx y Engels que la superestructura (el estado, el derecho, las instituciones, la ideología, etc) viene determinada por la infraestructura (la base económica). Desde hace ya muchos años (al menos desde mediados de los setenta) el modelo económico que se ha ido desplegando hasta su ostentosa impudicia actual ha ido acompañando de los correspondientes y progresivos avances en la construcción de una ideología dogmática proclamada cada vez con mayor descaro por los poderosos y establecida a modo de pensamiento único. Esa ideología neoconservadora o neoliberal o comoquiera llamarse, cuyos principios son asumidos al menos por el 95% de la "representación democrática" del pueblo español, justifica y legitima los criminales intereses del capitalismo financiero. Los gobiernos nacionales (y el nuestro está demostrando que quiere erigirse en uno de los mejores ejemplos) no son ya sino meros instrumentos al servicio de tales intereses. Probablemente lo son desde hace mucho, pero el cambio cualitativo es que ahora ni se molestan en disimularlo. Entre otras cosas porque pueden hacerlo, porque comprueban que han logrado convencer a sus borregos (perdón, ciudadanos) de que hacen lo que hay que hacer, de que no hay otra alternativa que seguir en este camino que inevitablemente nos lleva a la catástrofe.

¿Cómo es posible que pontifiquen como si se tratara de verdades evidentes lo que son afirmaciones que no requieren más que un mínimo examen para exhibir su falsedad, que repugnan al sentido común y a la más elemental idea de justicia? ¿Cómo es posible que sigan manteniéndolas e incluso engrandeciéndolas (las mentiras) cuando día a día la tozuda realidad se encarga de mostrar que lo que ocurre es justamente lo contrario de lo que proclaman? Hay muchas causas, y no es la menor de ellas el absoluto servilismo ideológico de los medios masivos de comunicación, unas televisiones, por ejemplo, donde vemos a unos señores con traje y corbata repitiendo como loros amaestrados los mantras sacrosantos e ininteligibles de esas fuerzas todopoderosas que se resumen en "los mercados" y que, pensamos nosotros los borregos (perdón, ciudadanos), parecen saber mucho de economía, algo que somos incapaces de entender. Así que hay que reducir el déficit, pagar la deuda, adelgazar el estado, privatizar lo público, flexibilizar el mercado laboral. No nos gusta, claro, pero hay que hacerlo porque nos lo aseguran personas serias que saben mucho más que nosotros, que están muy preparadas y que nos prometen que sólo así saldremos de la crisis y que, para ello, nos piden un "pequeño" esfuerzo. ¿Para qué, además, habríamos de poner en duda la veracidad de lo que dicen si, al fin y al cabo, no tenemos ni idea de que otra cosa se puede hacer, si nos hemos resignado a que así es el mundo y no se puede cambiar? Más vale aceptarlo e intentar velar por nosotros mismos, que cada uno se las arregle como pueda, individualmente, sin mirar lo que les ocurre a los demás e intentando escaquearse. Estamos desarmados intelectualmente y desmotivados colectivamente o, dicho de otra forma, estamos en las condiciones perfectas para ser el festín de los depredadores. Y, en efecto, así es.


No debemos, no podemos, por elementales motivos de justicia, dignidad y hasta supervivencia, admitir resignadamente que nos impongan los dictados de los intereses financieros. Estamos moralmente obligados a despertarnos, a salir de nuestra vergonzosa abulia borreguil, a negarnos a ser víctimas complacientes y cómplices de nuestros genocidas, calificativo completamente pertinente, sin un ápice de exageración. ¿Qué hacer? Para mí, lo primero y más urgente es entender, saber. Eso cuesta. Me atrevo a pediros, como lo ha hecho Rajoy, un "pequeño esfuerzo", pero no para apoyar sus medidas "necesarias", sino para enterarnos de los mecanismos de la economía y hacia donde están llevándonos. Hay que esforzarse, sí, pero merece la pena aunque sólo sea para que recuperemos nuestra oxidada capacidad de raciocinio, de pensamiento crítico. Sin duda, las fuentes de las que debemos beber no las encontraremos en los periódicos ni en la televisión pero, afortunadamente, tenemos internet donde cada vez son más las voces críticas que, con argumentos racionales, nos explican y desvelan las mentiras del neoliberalismo oficial. Debemos pues activarnos e, inmediatamente, empezar a dudar (¡que haya todavía que reivindicar a Descartes!) y exigir a nuestros "representantes" que nos aclaren esas dudas, que nos expliquen los porqués sin admitirles evasivas. Y cuando no puedan, que no podrán porque es imposible, deslegitimarlos, forzarlos con todos los medios que se pueda (y haylos) a que vinculen esas medidas a la aceptación popular, democrática. Por ejemplo, que nos expliquen por qué tenemos que pagar la deuda, que nos aclaren cuál es esa deuda, quién y para qué la ha contraído, que la desmenucen cuantitativamente, qué pasa si no la pagamos (o no pagamos la considerable parte que es manifiestamente injusta) y qué pasa si nos empeñamos en pagarla (que cada vez tendremos más). Entendamos que hay detrás de cada una de las medidas con las que este gobierno (que no se distingue del anterior en tener distintos principios económicos sino en su mayor eficacia en el servilismo al capital financiero) "nos va a sacar de la crisis" y empecemos a convertirnos en ciudadanos. Con serenidad y firmeza, con argumentos, digamos no.

Ayer vi Memorias del saqueo, que enlazo a continuación y que recomiendo encarecidamente a quienes se pasan por este blog. Es un documental realizado en 2003 por Pino Solanas que repasa los efectos reales de las políticas neoliberales impuestas a la Argentina, primero bajo la dictadura militar (1976-1983) y luego durante los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa, con especial atención a la terrible década de los noventa (para ellos, no para nosotros) que culminó con el estallido popular de diciembre de 2001 y el subsiguiente plante argentino a las imposiciones del capital financiero internacional. Mientras la veíamos no dejábamos de pensar en lo parecidas, por no decir idénticas, que eran las medidas que fueron adoptando los gobernantes argentinos a las que ahora nos presentan como inevitables nuestros dirigentes políticos (españoles y europeos). El resultado fue el saqueo del país en beneficio de los intereses del capital financiero (entre los que, por cierto, el ejemplo más sangrante es Repsol) y los dramáticos efectos que supuso sobre la población argentina. Desde luego, a nosotros no nos puede ocurrir lo que les ocurrió a ellos, ¿verdad? Nosotros somos europeos, del primer mundo, y miramos a los sudacas de soslayo, por encima del hombro. Pues lo cierto es que los argentinos (y no sólo ellos) han demostrado mucha más dignidad y arrojo que la que estamos teniendo los borregos (perdón, ciudadanos) españoles.
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7 comentarios:

Chofer fantasma dijo...

Miroslav,

me quedé meditando que comentarte cuando leí este artículo que, aunque no habla de la enfermedad española, hace un esbozo de cómo vivimos en Argentina las heroicas batallas contra el maligno neo-liberalismo:

http://www.lanacion.com.ar/1467193-carta-urgente-para-una-prima-espanola

Alicia dijo...

Hola, Miroslav.
No se puede hablar de los argentinos en general (como de los españoles en general o cualquier otro colectivoen general), pero todos lo hacemos, así que en general, a pesar de la línea que propugna Cristina Fernández, los argentinos solemos ser muy borregos.

Tanto es así que, cuando Menem regaló (con grandes beneficios para él y sus socios) los recursos del país, destruyó la industria nacional, la salud y la educación los medios nos explicaban que eso "era lo que había que hacer" y la gente los apoyaba.

Ahora que el gobierno actual intenta otra línea de acción, los medios de la oposición (que son casi todos) se llenan de titulares al estilo de España está muy enojada con nosotros, USA ídem, Nos van a castigar y ahora se viene el caos, A partir de ahora, nadie va a venir a invertir a la Argentina (como si necesitáramos inversores como Repsol).

O sea que lamentablemente el borregusismo es un mal generalizado.

Besos

Lansky dijo...

Estoy de acuerdo contigo y tus conclusiones y con la defensa no de la 'deuda', sino de la 'duda'

Miroslav Panciutti dijo...

Chófer fantasma: Te agradezco el artículo de La Nación, que no sólo me ha resultado instructivo sino sugerente. En especial la afirmación final de que ésta, la de la expropiación de YPF, no es una guerra de los ciudadanos (ni argentinos ni españoles), por más que nuestros respectivos gobiernos, demagógica, perversa e interesadamente, así la presenten.

Alicia: De acuerdo en que el borreguismo es un mal generalizado. No obstante, lo cierto es que el gobierno argentino, en gran medida presionado por su ciudadanía, hizo un plante a las mentiras del neoliberalismo dominante. No digo (me faltan datos) que la política de los K sea la perfecta y estoy seguro de que va sazonada con abundante populismo para alimentar el borreguismo de tus paisanos. No obstante, creo que están un paso por delante de nosotros. Quizá, como el ser humano no aprende sino a base de darse tremendos batacazos, para despertar de nuestro borreguismo hayamos de sufrir todo lo que ustedes sufrieron. Sería una lástima.

Lansky: Me alegro de que coincidamos. Insisto en recomendarte que saques un par de horitas para ver el documental sobre el reciente saqueo neoliberal de la Argentina.

Anónimo dijo...

1.- Decía G. Marañón, (a cuyo entierro asistí siendo alumno de primer curso de madicina en Madrid), que el hombre que no duda es un peligro para los demás.

2.- Este Gobierno, como cualquier entidad o persona abusiva, lo primero que se plantea antes de hacer algo es si PUEDE hacerlo. Y lo hace/n.

3.- Estoy de totalmente de acuerdo contigo en que no debemos dejarnos aborregar. Y en que hay que PENSAR en qué hacer.

4.- No sé si estamos colectivamente preparados para hacer lo que hicieron los Islandeses de la mañana a la noche, tan HARTOS.

Grillo

Vanbrugh dijo...

Mucho me temo que una de las características de los borregos es su escasa disposición a dejar de serlo...

Lansky dijo...

Visto el mentado documental y -en dos palabras-:

IM-PRESIONANTE