miércoles, 23 de enero de 2008

Historia verdadera de amor/desamor y sexo (V)

La escena de la ruptura ocurrió un miércoles por la tarde, cuatro días después del encuentro con Filipe. Los días anteriores, pese a sus buenos propósitos de buscar la forma de reconstruir su relación, Zenón se había visto con una Laia distante y hosca, aunque no abiertamente agresiva; fue pues, dejando pasar el tiempo a la espera de una oportunidad adecuada para plantear el diálogo. Pero no hubo ocasión. El miércoles, nada más abrir la puerta de su vivienda, Laia desde el sofá de la sala le dijo que quería que se fuese de casa inmediatamente, que ya no podía seguir viviendo con él. No es difícil imaginar la sorpresa y el desconcierto de mi amigo; enseguida detectó un timbre de odio en la voz de su mujer y no supo reconocer la mirada que le clavaba. Sentí, me dijo, como si estuviera ante otra persona; no era ya Laia cabreada, era una mujer desconocida que tenía su cuerpo, su apariencia.

Zenón dejó su maletín y, balbuceando preguntas, empezó a caminar hacia Laia. Antes de que llegara a su lado, ella le conminó a detenerse: no te me acerques, no quiero que me toques, ni siquiera sentirte cerca; quiero que recojas tus cosas y que te vayas. Mi amigo amagó un par más de aproximaciones, pero el rechazo fue violentísimo, absolutamente cortante y agresivo. Se dio cuenta de que no iba a lograr que la mujer que él conocía y amaba asomase mínimamente por algún resquicio de esa gorgona inesperada. Vale, concedió, me voy, ya hablaremos en otro momento. Pero, al menos, dime qué he hecho, qué te pasa. Entonces Laia añadió desprecio al odio de su mirada (Zenón me dijo que nunca antes había visto tanta expresividad en su mujer) y le escupió: Me has engañado, traicionado, de la peor forma posible. Eres un degenerado y me produces asco. Y me has hecho daño, mucho daño.

Zenón comprendió que su mujer sabía (cuánto y qué todavía eran incógnitas) y que el descubrimiento le había sacudido tremendamente y que reaccionaba cerrándose más en sí misma y rechazándole con odio, con repugnancia. Pero, al mismo tiempo que imaginaba y entendía los sentimientos de Laia, le embargó una intensa vergüenza y sensación de derrumbamiento completo. Sentí, me dijo, como si mil microscópicos leñadores en el interior de mi cuerpo golpearan a la vez con sus hachas mis huesos, arterias, nervios y me llegara un dolor infinito acompañado del abatamiento de todo mi ser al quebrarse todos sus soportes. Las piernas se le doblaron y hubo de apoyarse en la pared, el rostro se le enrojeció intensamente, un mareo le nublo la vista y zarandeó su equilibrio, una náusea de sabor acre le anegó la boca, notó la zarpa de la angustia oprimiéndole el estómago. No supo qué decir, qué hacer: el golpe lo había noqueado. Apenas con un susurro repitió “me voy” y tambaleándose dio la vuelta y salió de su casa.

Casi sonámbulo bajó hasta el garaje, arrancó el coche y callejeó sin rumbo durante casi una hora. Conducía de forma automática, sin reconocer por donde pasaba, como si estuviese en una ciudad desconocida. Poco a poco, la opresión y el martilleo del pecho fueron amortiguándose y comenzó a percibir el entorno. Se asombró al descubrir que estaba cerca de su trabajo, parado en un semáforo a un hotel recientemente inaugurado. Aparcó y tomó una habitación y en ese momento, en la pregunta muda que dibujaban los rasgos del recepcionista, se dio cuenta de que ni siquiera llevaba una muda, tan solo el maletín con los papeles del curre. Eran las ocho de la noche. Subió a la habitación, se desnudó y se tumbó en la cama. Creía que no podría dormir y, sin embargo, en unos instantes cayó en un sueño profundo. Durmió de un tirón hasta las diez de la mañana. ¡Catorce horas seguidas! No se lo podía creer, jamás había dormido tanto seguido. Se levantó aturdido, con el cuerpo a la vez descansado y dolorido y la mente confusa. La angustia, si no desaparecido, por lo menos había disminuido notablemente.

Ese día no fue a trabajar. Se acercó a un Corte Inglés y compró algo de ropa, artículos de higiene y unos libros. Confirmó en el hotel que estaría unos días y volvió a encerrarse en la habitación. Allí estuvo leyendo, viendo la tele, dormitando de cuando en cuando. Sin fijarse en la hora, en dos ocasiones pidió comida al servicio de habitaciones. Dejaba pasar el tiempo y en lo único que ponía empeño era en no pensar. El móvil se le había quedado sin batería y le gustó sentir que nadie podía localizarle. Hacia las tantas apagó las luces y se durmió. Esta segunda noche fue más corta, las seis horas habituales. Eran las nueve de la mañana de un viernes. Desde su cuarto, Zenón telefoneó al trabajo y habló con Loli, su compañera de despacho. El día anterior, por la tarde, Laia había llamado preguntando si sabían dónde estaba. Qué ha pasado, quiso saber su amiga. Tenemos problemas, ya te contaré; si Laia vuelve a llamar, prefiero que no le digas que has hablado conmigo. De acuerdo, pero ... ¿Cómo estás? ¿Dónde? ¿Necesitas algo? No te preocupes, Loli, estoy bien; confuso, pero bien. Hoy tampoco iré por ahí, necesito tiempo para pensar. Supongo que nos veremos el lunes.

Pasó el viernes de forma muy parecida al jueves. La variación fue que, de rato en rato, interrumpía lo que estuviera haciendo y escribía algunas ideas en las hojas blancas con membrete del hotel. Eran ráfagas de pensamientos inconexos, retazos de una especie de brain storming semiconsciente que, de forma involuntaria, bullía en su cabeza. No llamó a Laia, pero la idea de que habría de hacerlo centelleaba en su mente como un anuncio luminoso. Esa noche, antes de acostarse, se sentó a poner por escrito un guión de tareas; la mayor parte estaba dedicada a anticipar su próxima conversación con Laia.

El sábado, hacia media mañana, telefoneó a su mujer. Zenón adivinó en la voz de Laia nerviosismo, preocupación, miedo, pero también rabia y rencor, aunque más atenuados que cuando le echó de casa. Debemos hablar, Laia; sí claro, en tono extrañamente sumiso, cuando quieras. ¿Te parece que vaya para allá? Sí, te espero. En una hora, mi amigo estaba delante de la puerta de su casa. Iba a abrir con su llave pero se vetó el gesto y tocó el timbre. ¿Y tu llave? Preguntó Laia al abrir. Me echaste, ¿recuerdas? Ella calló y apartó sutilmente la cara abortando un posible inicio de beso. Pasaron a la sala. Zenón se sentía relativamente tranquilo y comprobó que ahora era su mujer la que parecía asustada. Bien, le dijo él, díme lo que sabes de mí, lo que tanto te ha dolido y luego te contaré yo. Ella intentó que fuera él quien hablara primero, pero mi amigo se mantuvo firme. Entonces Laia comenzó a contarle sus sospechas, cómo había indagado en su ordenador, cómo había descubierto las imágenes y videos homosexuales, los nombres y teléfonos de contactos gays; le dijo que al principio no entendía nada, no quería entenderlo, pero que poco a poco había ido asumiendo que su marido era homosexual. De pronto, la pobreza de su vida sexual se le antojó debida a que a Zenón le gustaran los hombres, olvidando que había sido ella la cada vez más apática; de pronto, sus insatisfacciones soterradas, que ni ella misma tenia claras, se las explicó por la homosexualidad de su cónyuge. Y según todas estas ideas iban confusa y desordenadamente impresionando sus pensamientos, le crecía una sensación dolorosa de rabia hacia Zenón y de autocompasión; se sentía -esto se lo repitió muchas veces- engañada, injusta e inmerecidamente engañada.

Zenón trató de explicarle que no creía ser homosexual, que lo que había Laia descubierto eran los materiales de una fantasía que no se había atrevido a compartir con ella. Le dijo que él la amaba, que la deseaba, que nunca habían dejado de gustarle las mujeres y ninguna menos que ella. Le habló de cómo su vida de pareja se había ido degradando y de la necesidad de redescubrirse, de desnudarse el uno con la otra y ser mutuamente honestos. En un ingenuo intento de probar sus afirmaciones le contó su experiencia con Filipe y cómo la misma le había convencido de que tenían que enfrentarse ambos con su relación, vivificarla. Laia le escuchó aparentemente calmada. Cuando su marido hizo una pausa, volvió a hablar para decirle que no quería seguir oyéndole porque lo que le contaba le hacía mucho daño. Yo no puedo entender eso, Zenón. Y, quizás por no poder entenderlo, no puedo creerlo. Es verdad que nuestra relación de pareja no vivía sus mejores momentos, pero ahora siento que todo era mentira, que no estaba con quien yo creía estar. Siento que todo en lo que consistía mi vida se ha hecho añicos y que el culpable de ese destrozo eres tú. Siento, te lo tengo que decir, mucha rabia hacia ti; y también asco. Es la repugnancia de sentir algo asqueroso que te lo están metiendo en el interior y, como eres tú quien me lo está metiendo, ese asco hacia ti y hacia mí misma me genera más rabia.

Laia hablaba casi llorando y Zenón no dudó que lo que decía era lo que de verdad sentía. No había nada que hacer, salvo acordar las mínimas cuestiones prácticas de una separación ineludible e inmediata. Mi amigo le propuso volver al día siguiente y, en ausencia de ella, recoger algunas cosas. Vamos a dejar que pase el tiempo, Laia, los dos necesitamos pensar, hablar con personas que nos ayuden, esperar a que estos sentimientos tan fuertes y dolorosos se debiliten. Quiero que sepas que te quiero, pero también que entiendo cómo te sientes. Has de ser tú, cuando lo consideres conveniente, quien diga lo que hemos de hacer. Entretanto, concédeme no tomar ninguna decisión irrevocable. Dejemos estar las cosas, no nos agredamos y ya veremos. Laia le oía asintiendo con la cabeza gacha, el cuerpo encogido, como si estuviera sin fuerzas. Zenón calló y dudó un rato; finalmente, se levantó y salió.

Al día siguiente, en efecto, Zenón fue a la casa y recogió en una maleta su ropa y algunos libros. Antes de salir dejó su llave sobre la consola del vestíbulo. El lunes, en el trabajo, sin apenas entrar en detalles, le explicó a Loli que su matrimonio estaba en una crisis, que habían acordado separarse temporalmente para pensar. Su compañera, buena amiga, le ofreció un pequeño apartamento de su propiedad que estaba vacío en esas fechas. Esa misma tarde se mudó y empezó su nueva vida en soledad y tristeza. Habían pasado dos semanas, me dijo en esa primera conversación. Se había hecho ya tarde y yo tenía cosas que hacer. Nos despedimos quedando en vernos con más frecuencia. Y así ha sido durante estos últimos seis meses; hemos salido con frecuencia, los dos solos para hablar y, en contadas ocasiones, con otra gente. De forma que he podido presenciar en situación privilegiada la evolución del estado de ánimo de Zenón así como de sus ideas y sentimientos.

Dos o tres semanas después de la conversación que he narrado (era el mes de julio), me telefoneó Laia. Quería que quedásemos para conversar.


PS: La canción proviene de un magnífico album que Robert Plant (el cantante de Led Zeppelin) y Alison Krauss (una cantante norteamericana de country que yo desconocía) han publicado en 2007. Reciente descubrimiento que me encanta.

CATEGORÍA: Sexo, erotismo y etcéteras

19 comentarios:

  1. Pues nada, a seguir esperando la versión de Laia...

    PD. te avisaré cuando tenga mi juguetito en brazos, pero te advierto que con mis caprichos soy poco objetiva ;)

    Un beso.

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  2. Me parece bien que nos des la versión de Laia, porque naturalmente tendrá otro punto de vista bien didstinto del de su marido. Pensé en los estragos que puede hacer la falta de comunicación, y no exclusivamente en una relación de pareja. Cerrando puertas lo único que se consigue es que la otra persona se invente una historia basada en suposiciones generalmente magnificadas a falta de datos reales y palabras sinceras.El engaño o la ocultación de determinadas conductas sólo conduce a enredar más la situación y a generar, como añadido, la más absoluta desconfianza hacia cualquier intento posterior de aclarar las cosas. Por no hablar del dolor que supone sentir que la persona en que más confíabas te ha engañado.
    Siento decirte que no estoy de acuerdo con la actitud de tu amigo. Debería haber sido el primero en hablar para contar sus sentimientos, dudas, deseos o lo que fuera. Sin embargo dejó que Laia le abriera el camino, contara su versión y sólo le quedó corregir y ajustar a su conveniencia algunos detalles. No suelo mojarme así en mis comentarios, pero me ha parecido una postura bastante cobarde. Hubiera sido más leal sentarse con ella y decirle "me está pasando esto y necesito contártelo."

    Bueno, ya veremos lo que pasa en la próxima...

    Besotes!

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  3. pues yo la verdad que me identifico mucho con tu amigo, (mas o menos sabes porque...), sobre todo con ese sentimiento de culpa, verguenza que te embarga cuando te descubren y la inmensa tristeza de haber herido a alguien querido ... (sin saber bien porque, o si... en fin),
    yo tambien he sentido sobre mi esa mirada desconocida, llena de odio ... una mirada que no reconoces y que te asusta ... es una situacion muy dificil ... yo estoy saliendo de algo mas o menos similar si se quiere ...
    entiendo a tu amigo, y tambien me compadezco de Laia, porque no es facil su situacion tampoco ...
    ojala las relaciones se pudieran estructurar de una forma en la que todos pudieramos ser libres y no lastimarnos unos a otros ... se que suena a utopia, pero estoy cada vez mas convencida de que esa es la unica forma de relacionarse con el otro...
    un fuerte beso,

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  4. Estoy con Zafferano. Creo que una intermediación profesional en esta pareja es de libro. El que Zenón diera la palabra a Laia le permitió justificar sus problemas conyugales culpándole a él cuando, y ratificándome de nuevo en lo que pienso acerca de esta historia, lo principal es la desidia de ambos hacia su relación de pareja, algo que es perfectamente normal y que solemos hacer todos. La cuestión es que la superación de este aburrimiento relacional solemos a frontarlo de diferentes maneras, bien con tonteos exteriores que refuerzan nuestra autoestima, bien con el empiece de la práctica de un deporte, bien con aventuras esporádicas que no llevan a ningún sitio más que a la emoción de sentirnos nuevamente a trayentes (la autoestima otra vez), bien buscando fantasías nuevas como ha sido el caso. Desde mi punto de vista el problema está en los dos y no tiene nada que ver con la homosexualidad, pero también es cierto que, visto desde fuera es muy fácil. Si yo fuera Laia habría actuado exactamente igual y si fuera Zenón también.

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  5. Me puedo imaginar todos esos sentimientos que Laila sentía y supongo que en esos momentos la sinceridad de Zenon y su capacidad para darle el suficiente espacio para que su mujer se tranquilizara hicieron que toda esta historia tenga otra dimensión más positiva para ambos en la relación que tienen ahora, sea cual sea. Lo que está claro es que la versión de Laila ofrecerá luz sobre las causas del deterioro sexual que sufrió esta pareja que según él era culpa de ella y según ella ¿qué ocurrió realmente?.

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  6. Sigue sin cuadrarme la actitud de Laia. Puede haberse sentido engañada o al menos, no comunicada. Pero, ¿sentir asco porque su marido tenga fantasías o incluso relaciones homosexuales? Quizás no quiera compartirlas, quizás le incomode que su marido sintiera atracción por una polla, pero no veo nada de asqueroso en ello.

    De hecho, como mujer, puedo entenderlo perfectamente: los hombres son sexualmente atractivos, en cambio las mujeres no me producen ese efecto.

    ¿Cómo no entenderlo entonces?

    Imagino, cuando nos cuentes la versión de Laia, que todo parte de la desunión que ya había en la pareja, no tanto del tema sexual.

    Pero mejor callo y espero: seguro que nos sorprendes otra vez.

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  7. Yo también esperaré a la continuación, aunque básicamente coincido con Zafferano.

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  8. miroslav esto ya es un testamento... te da para una novela...
    en fin. esperaremos el final .. seguro volvieron.. me la juego
    besos

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  9. Pues, como ya han dicho otras, me quedo esperando la otra versión de la historia.

    Besos

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  10. Zafferano: Estoy, por supuesto, de acuerdo contigo en que “el engaño o la ocultación de determinadas conductas sólo conduce a enredar más la situación y a generar, como añadido, la más absoluta desconfianza hacia cualquier intento posterior de aclarar las cosas”. No obstante, sabes que la confianza y la sinceridad, como tantas otras cosas, es algo que debe fluir espontáneamente, que es muy difícil forzar. Cuando se va produciendo un alejamiento entre las personas, es muy costoso ser uno el que se abra, el que sea sincero, incluso aunque se esté dando cuenta que la brecha se agranda. En cuanto a tu juicio sobre el comportamiento de Zenón, sólo dos cosas. Primera: ciertamente habría sido más loable el entrar ese día en su casa (después de haber sido expulsado sin contemplaciones) y contarle de pe a pa todo a Laia; eso habría sido, a mi modo de ver, casi heroico. Pero cuando no somos héroes tampoco creo que debamos calificarnos de “bastante cobardes”. Segunda: no me parece que, cuando habló, se limitara a “corregir y ajustar a su conveniencia algunos detalles”. Le contó a Laia todo lo que le había pasado, incluso su encuentro con Filipe. Como luego me confirmó ella, contándole todo eso “perdió puntos”. Es decir, que no quiso engañarla; aunque fuera forzadamente (y tarde) se tiró de cabeza a la piscina de la sinceridad (aunque la sinceridad absoluta dudo de que exista).

    Eva: Es muy duro que alguien a quien amas te mire así, no reconocer en esa mirada el alma conocida; también yo lo he vivido. Comparto tu deseo sobre las relaciones, por muy utópico que sea, y también tu convencimiento de que es la mejor forma de relacionarse con el otro (hay otras, pero no me convencen). Te deseo suerte y ánimo en tu proceso.

    Bella cobarde: Ya dije en un post anterior que estoy bastante de acuerdo en que la desidia conyugal es uno de los principales factores que explican la pérdida de comunicación y la generación de las fantasías de Zenón. Me llama la atención que digas que, si hubieses sido Laia, habrías actuado igual; ciertamente, varias amigas me han dicho cosas similares, así que aunque no termine de entenderlo (seguro que es debido a las limitaciones de mi cerebro masculino) voy pensando que es normal.

    Amy: Efectivamente, como he contado, la segunda reunión entre ambos fue bastante menos dura y, al menos, dejó abierta una puerta para posibilitar una evolución hacia la concordia. Ya verás que las evoluciones de cada uno siguieron caminos muy diferentes: más reflexiva la de Zenón y la de Laia, en cambio y pese a haber estado apática hasta entonces, mucho más activa; el descubrimiento de lo que hacía Zenón operó como un revulsivo que la hizo pasar a tomar la iniciativa.

    Amanda: Ya te adelanto que Laia nunca me explicó el porqué se sintió asqueada, pero sí me corroboró esa sensación. Y también te adelanto que el comportamiento de Laia sí fue efectivamente sorprendente; al menos para mí, que a ti, que conoces mucho más de esto, seguro que no te sorprende tanto.

    Lukre: Es larguita la historia, sí, pero tanto como para hacer una novela no creo. LO que me hace gracia es que has cambiado tu apuesta sobre el desenlace: antes creías que el matrimonio se había ido “al traste” y ahora que van a volver. ¿Qué pasará? Tachán, tachín ...

    Raquel, Kotinussa y Nanny-Ogg: Gracias por seguir esperando la continuación. Todavía faltan unos pocos posts para contar toda la historia.

    Besos.

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  11. Me gustaría comentar algo, no había leido los comentarios y después de leer tu contestación a ellos, he leído el zaf y me ha llamado la atención algo que dices Zafferano. Aludes a la pareja como a la persona en la que más confiamos. Y eso tiene un doble significado, normalmente es mentira que la pareja sea la persona en la que más confiamos. Entendiendo la confianza como aquella que se deposita en una persona que no espera nada de nosotros, una persona que no interactúa con nosotros y se limita a escucharnos y no redireccionar nuestros planteamientos o decisiones. Es complicado conseguir esto con alguien como puede ser nuestra pareja, nuestra pareja está implicada en nuestra vida y alguien con implicación carece de la capacidad de ser simple oyente sin aportar conclusiones valorativas a nuestras preocupaciones. La confianza plena no puede florecer en este campo, dado que cuando tenemos un pesar nadie desea ser reprendido y esto hacemos todos aunque nos esforcemos. Ahora sí que creo que nuestra pareja es aquella en la que más confiamos en el sentido de que depositamos confianza en alguien para que "no haga esas cosas que a nosotros nos van a disgustar". Aquí la confianza es plena, confiamos en que eso nunca ocurra. Pero la verdadera confianza sólo se produce por paradójico que sea, cuando ocurren esos episodios y somos capaces de salvar esas distancias que nos imponemos.

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  12. Cuando ocurren estas cosas es cuando podemos demostrar que confiamos en alguien y no así cuando nunca ocurrieron.

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  13. No Amy, para mí la confianza entre dos personas es posible cuando ambos son capaces de ejercer su libertad y además la comparten e intentan comprenderse. No me gustaría que mi no pareja dejara de ser él mismo por miedo a disgustarme, por ejemplo... Y si yo tuviera que perder mi espontaneidad por no disgustarlo a él, sé que nuestra relación se resentiría. Mi confianza se basa en la certeza de que la persona con quién estoy desea lo mejor para mí, lo cual no implica que tenga que modificar su forma de ser o de sentir y tampoco implica que yo esté de acuerdo con todo lo que haga. Por tanto, en lo que yo confío es en tener al lado a alguien libre y que desde su libertad me quiera. Es verdad que cuando ocurren determinadas cosas es cuando realmente se pone a prueba la solidez de una relación, pero para eso hay que ir con la verdad por delante. No sé si respondo a tu comentario, diría muchas más cosas pero, para variar, me falta tiempo.

    Un beso muy grande a los dos

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  14. Zafferano el tipo de relación que tú tienes y que mucha gente se está abriendo a tener no es lo habitual, aunque sería lo ideal. Pero en la mayoría de las relaciones de pareja la incomunicación se da precisamente por aquello que te comento. No se trata de falta de confianza sino las consecuencias de contar aquello que constituye un problema para nosotros. Cuando contamos algo no queremos que nos añadan leña al fuego, y este caso trata de eso. A Zenón le suponía "un fuego" el tener estas inclinaciones homosexuales y Laila añadió la leña del asco. Hay cosas que sabemos que no podemos contar porque no estamos preparados para la leña, la leña en un buen fuego nos haría arder. A veces la confianza hay que propiciarla con la falta de reacciones y con la preocupación objetiva por el sufrimiento de alguien que está contando con nosotros, ya sea tarde o temprano. Te puedo asegurar que si le demostramos a alguien que en nosotros se puede confiar, controlando ese tipo de reaciones donde nos convertimos en ofendidos obviando el dolor de esa persona, la confianza sería otra cosa.

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  15. Leídos los comentarios propongo a Miro organice un club de cháchara porque el nivel de las contertulias bien lo merece. Amy ha estado sembrada, y Zaffe defiende sus conceptos con igual pasión.

    A mí no me inviteis, chicas, que yo sólo veo en la historia el tema sexual. Hasta el punto de que ayer le propuse que nos hiciéramos un trío de una vez por todas (2 hombres y yo.) Bueno, miento, eso se lo digo todos los días desde que le conozco.

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  16. A la carga. Vamos a ver Amy, sabes tanto como yo que cuando estamos dolidos reaccionamos de forma exagerada y con frecuencia queremos hacer daño, por tanto decimos cosas que ni siquiera pensamos y mucho menos sentimos. Y lo que es más, cuántas veces disfrazamos inconscientemente la verdadera causa de nuestro mosqueo y nos enfadamos por cosas circunstanciales obviando, sin darnos cuenta, lo que realmente nos ha hecho daño? Es posible que Laia haya reaccionado así no precisamente por la presunta homosexualidad de su marido, sino por haberse sentido engañada. Pero no me refiero al engaño "físico" que eso es lo de menos. Laia estuvo viviendo con un desconocido durante un buen tiempo, y se fue dando cuenta poco a poco de lo que estaba pasando. Se lo tiene merecido por curiosa. Tenía que haber respetado el espacio de su marido y el derecho a su intimidad. En todo caso tuvo que investigar, buscar, interpretar, desesperarse y no saber qué hacer guardando para sí toda esa información que su pareja le había dejado en bandeja. Y sin embargo no montó ningún número, es posible que estuviera esperando una explicación, lo que me hace pensar que tenía intención de intentar comprender lo que estaba pasando su marido. Cuando por fin estalló todo, se solapó una cosa con otra. Laia, sin saberlo, sintió asco de la persona que tenía delante no por lo que le estaba contando, sino porque había tardado tanto en hacerlo, tanto que ya ella había descubierto la verdad. En fin, que creo que se sintió traicionada en su confianza. Vete tú a saber cuántos días esperó y deseó que él le contara todo. A lo mejor si no hubiese dejado pasar tanto tiempo, Laia lo hubiera comprendido y aceptado. Como dice Miros, la confianza es algo que no se puede forzar, tiene que fluir, pero indudablemente por parte de ambos. Y ahora estoy segura que después de tanto rollo la laia esta va a ser una bruja y en el siguiente capítulo Miroslav me va a echar abajo todos mis argumentos...si antes no lo haces tú!

    Amanda, guapa, tú si que eres experta en estos temas... y en los otros también!

    Besos a todos que tengo sueño.

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  17. Jajajaja Zaf nosotras aquí especulando sobre Laila y Zenón y lo mismo no hay nada que se parezca a su realidad. La cuestión es que tal y como está el panorama yo sí creo que Laila sintiera asco ante la homosexualidad que había descubierto en Zenón. Puede ser muy políticamente correcto tener un amigo gay, reconocer los derechos de los homosexuales y todo eso pero hay un mecanismo en nuestro interior que posiblemente no lo tenga tan claro y mucho menos si nos toca de cerca el asunto. El asunto cuando menos nos va a revolver, fíjate en Zenón, no me quiero ni imaginar qué me pasaría a mi si de la noche a la mañana me enamorase de una mujer, está claro que habría cosas en mi interior que me acusarían de sentir algo incorrecto. La cuestión es que según Miros Laila también expresa que la sinceridad de Zenón le restó puntos. Y es que sinceramente no creo que lo que demandamos de nuestra pareja sea sinceridad y confianza, esa la demandamos a nuestros amigos y es harto complicado que tu pareja sea un amigo real tal y como la sociedad nos ha construido el esquema de la institución familiar. Se puede luchar contra eso y cambiarlo pero lo que no podemos es explicar nuestros problemas de pareja a contracorriente de lo que verdaderamente causa los problemas. Evidentemente tienes mucha razón cuando dices que en caliente vamos a pensar en nosotros y lo que el disgusto implica en nuestra persona y sentimientos pero eso no significa que no podamos meditar y optar por callar hasta que seamos lo suficientemente objetivos para establecer un diálogo. Laila calló un tiempo pero no para calmarse sino para todo lo contrario.

    Quiero decir además que no estoy defendiendo la infidelidad, ni el hecho de que haya perdornar al que nos hace daño, lo que estoy diciendo es que podemos romper una relación sin romper los lazos de la amistad. Zenón comprendió y admitió que Laila estaba sufriendo, sin embargo Laila no supo ver que Zenón estaba sufriendo también y esa no es la postura de un amigo. Zenón le demostró a Laila que quizás no era un buen marido, en los términos tradicionales de lo que es la pareja, sin embargo fíjate lo que te digo yo quiero un amigo como Zenón y a las lailas de esta vida aléjalas de mi que para achazos cuando peor lo estoy pasando ya me basto yo solita. Podemos optar por separarnos cuando tenemos razones para no seguir con una persona, laila las tenía sin duda, pero no tenemos por qué hundir a alguien que está sufriendo.

    Aysss qué vientazo hace por esta parte del mundo oye Miros que Amanda espera la parte sexual del tema y parece que estás obviando esta parte no? pues no lo hagas.

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  18. Llego tardísimo a comentar este post, aunque lo leyera en cuanto lo publicaste. No voy a alargarme, sólo voy a añadir un apunte que no recuerdo haber leído en los comentarios. Para ello voy a usar una cita:

    "El dique está roto. El agua se escapa río abajo. Basta sentarse en la orilla a mirar para que la obra de ingeniería se destruya. Basta con no hacer nada. Basta con no intentarlo siquiera. Basta con cerrar los ojos y quedarse muy quieto cuando te roza buscando tu calor, basta con que te hagas el dormido aunque sepas que sabe que estás despierto.

    ¿Que por qué no intento arreglarlo ahora que aún sería fácil? Simple, duro, egoísta, práctico, sincero. Porque quiero ver el río correr libre sin que nada le retenga."


    Lo que quiero aportar es la posibilidad de que la relación estuviera lo suficientemente deteriorada como para que la apatía de Laia sexualmente hablando fuera debida a un deseo de separarse de Zenón anterior al fatídico descubrimiento. Y que no se hubiera atrevido a plantearlo, que estuviera esperando la oportunidad, la excusa, incluso que fantaseara con que si Zenón hiciera algo imperdonable, ella tendría vía libre para poner fin a una relación de la que quería salir.

    ¿He mencionado que no me iba a extender?

    Besazos.

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