jueves, 5 de marzo de 2009

Algunas recientes e irrelevantes peripecias personales

Cada cosa en su sitio. El orden es muy importante; si uno es ciego, fundamental. Yo no soy ciego (todavía); pero por las mañanas, hasta un rato después del café con leche, casi. Y cuando esta mañana salí de la ducha, entre los vahos del sueño y del agua caliente, estiré la mano para alcanzar el bote alto del desodorante y me vaporicé los sobacos, pues noté un olor raro y una extraña sensación de escozor. Sí, hay que fijarse mejor, aunque sea a primera hora del día, pero también la mujer de la limpieza podría no haber dejado el ambientador en la repisa del baño.

En una misma semana (la pasada) recibo tres invitaciones a participar en "talleres" de yoga, cada uno en una ciudad distinta, todas fuera de la isla. Los tres organizadores son amigos míos, pero no se conocen entre ellos. Me quedo pensando (otra vez) sobre los azares cotidianos: hace no sé ni cuanto tiempo que el yoga no se cruza en mi vida y de pronto tres anuncios juntos. Luego me pregunto si habrá algún significado esotérico en esta coincidencia; pero no tengo tiempo para darle vueltas al asunto.

Hace dos días, por la tarde noche, estoy contando el Avance del Plan General en Las Mercedes, un pueblo del municipio, situado casi en pleno monte (de laurisilva, por cierto). El local es una especie de garaje amplio, la planta baja del edificio del "centro ciudadano"; se han dispuesto sillas y un estrado sobre el que está nuestra mesa con un ordenador. Voy proyectando un power-point en una pantalla puesta de cara al público; la sala abarrotada, unas ciento cincuenta personas. De pronto, la sucesión de anodinas diapositivas de propuestas urbanísticas se interrumpe y aparece, por unos segundos (no más de diez) una especie de video documental, unos paisajes del desierto. Me sorprendo, pero como la pantalla vuelve enseguida al power-point, no le doy importancia y sigo con la charla. Acabada ésta, con el responsable del local, tratamos de descubrir que era eso que se había colado. Misterio sin resolver.

La de esta tarde ha sido mi tercera sesión de acupuntura; atendiendo recomendaciones, intento reducir el estrés y el cansancio. Quizá se haya debido a que tenía media boca anestesiada (antes me habían hecho un empaste) o a que hoy ha acertado con un punto especialmente sensible, pero lo cierto es que las sensaciones han sido bastante más intensas que en las dos veces anteriores. Al cabo de cinco minutos he entrado en ese estado de duermevela en el que la conciencia se difumina sin llegar a desaparecer y la ensoñación acude, plena de sus barroquismos oníricos. Así, de pronto, sentí a mi padre como si estuviera dentro de mí; un sentimiento de intimidad intensa y alegre, algo que nunca en vida de él experimenté. En realidad, yo era mi padre, y así fue durante un rato largo hasta que la conciencia retomó el control de la mente.

Vuelvo a la oficina a última hora; tenía una reunión para concretar un trabajo. Cuando acaba, me planteo afrontar un deber desagradable: tengo que decirle a un compañero que no vamos a contar con su colaboración (él supone lo contrario). Dudo si llamarle o enviarle un mail; obviamente esta última alternativa es más cómoda pero poco honesta. Pero así, con los titubeos lógicos, dejo que pasen unos minutos. Justo cuando me decido a descolgar el teléfono, tocan en la puerta. ¿Quién era? Pues sí; me he quedado alucinado. La conversación transcurrió amigablemente y el mal trago ya está superado.

Hace un momento acabo de vivir una desasosegante experiencia. Me llaman de Telefónica, una voz de chica joven sudamericana (del área andina, me atrevería a decir), para ofrecerme por el mismo precio que pago ahora el Imagenio con sus sesenta y cuatro canales y aumentarme la velocidad de internet a 6 Mb. Digo que me hagan la oferta por escrito y me dice que sólo se contrata telefónicamente; a casi todas mis pegas, la chica me va apabullando con respuestas que parecen metralletas, desmontando mis argumentos negativos. Me sorprendo aceptando de mala gana sus propuestas y, finalmente, diciendo que sí, que vale. Entonces, cuando ya me tiene bien pescado en la red, me dice que va a transferir la llamada para que sea grabada (la grabación funciona, según deduzco, como un contrato). En efecto, otra voz sudamericana empieza a leerme unos textos de claro estilo contractual y preguntándome datos personales que deben operar como verificadores de mi identidad. Cada frase acaba con un ¿de acuerdo? Y yo, como un autómata bien entrenado, contesto, sí, de acuerdo. Y así llega y me anuncia que doy mi conformidad a las condiciones que me ha dicho y que en el plazo de una o dos semanas vendrá un técnico a mi casa para hacer la instalación a la que yo no podré negarme porque estoy en esos momentos autorizando la activación del servicio ... Y justo entonces, el creciente desasosiego que durante esos largos diez o quince minutos me ha ido embargando estalla de pronto y digo que no, que no quiero, que no estoy de acuerdo, que no puedo decidir bajo presión y que voy a colgar. Percibo un tono de angustia en la voz de la chica que casi me grita, noooo, no cuelgue, y separándose del auricular (pero audible) oigo que dice algo así como J9, ha salido mal, y alguien contesta, rápido, pásamelo. Pero yo cuelgo.


CATEGORÍA: Irrelevantes peripecias cotidianas

9 comentarios:

  1. Echarte ambientador en los sobacos, hacer yoga de isla en isla, recibir a tu padre en tu interior, interrupciones desérticas en el power (que le den: adoro las pizarras de toda la vida), premoniciones de visitas, empastes y acupunturas y, finalmente, propuestas publicitarias por teléfono ¿Conseguiste despertarte o aún estás en plena pesadilla?

    Mi consejo: descuelga el teléfono, no te pongas desodorante, vete a dar un baño al mar, no está tan frío, echa un polvo, vete al cine, o a pescar, guísate una caldereta de calamares de pincho...

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  2. Federico García que no Lorca6 de marzo de 2009, 7:46

    Miroslav, me temo que vas a hacerte famoso. Yo, amigo de una celebrity! Que ilusión!
    Eres un auténtico explorador del territorio onírico digital.
    Toma ya!

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  3. Procuraré seguir algunos de tus consejos, Lansky. Otros, no: nunca me ha llamado la atención pescar.

    Federico: intuyo que esta acumulación reciente de experiencias oníricas debe ser alguna especie de compensación por el "exceso de realidad" en el que vivimos. En cuanto a lo de hacerme famoso ... ¡qué poco me quieres!

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  4. Cuidadito con los planes generales, crean adicción y sólo dan para malvivir.
    Créeme.

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  5. Un amigo mío tiene experiencias de este tipo cuando está cansado, muy cansado, física o mentalmente. Lo mismo te ocurre igual, Miroslav.

    Me gusta leer estas experiencias cotidianas, porque a veces se salen completamente de lo cotidiano.
    Un abrazo, cuídate

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  6. Cotidianas, sí. Irrelevantes, no :-) Un beso

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  7. Seguro que tus experiencias no son irrelevantes, como poco ya te han hecho escribir sobre ellas. Esa sensación de paz que describes junto a tu padre en tu interior ha debido de ser algo más que hermoso y perdurá en ti. La mente es un gran desconocido y probablemente en esos momentos de "desconexión" no total, en el preámbulo del sueño, somos capaces de percepciones, sensaciones, recuerdos o imaginaciones, de las que aprender y que deben tener mucha relación con nuestro subconsciente.

    Saludos, y ojo con los ambientadores...

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  8. Caray, el último párrafo me ha dejado desasosegada hasta a mí, ese J9 ha salido mal, suena a algún maléfico plan de pintento de manipulación mental propio de una película de ciencia ficción... o algo así, terrorífico :D

    Besos

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  9. Menos mal que colgaste a tiempo, me estaba desasosegando muchísimo de pensar que habías caido en sus redes. Lo del ambientador le puede pasar a cualquiera. Alégrate de que no era laca para el pelo, o matacucarachas. Y pasate al desodorante de barra o al roll-on.
    Lo demás, todo muy poético, pero procura desestresarte, que luego pasa lo que pasa.

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