jueves, 21 de junio de 2012

El taxista enciclopédico

La Batalla de Poitiers - Charels de Steuben (1837)
El taxista que me llevó de casa de mi hermana al aeropuerto, un tipo en la treintena, resultó de una locuacidad enciclopédica inusitada. En el corto viaje entre Arturo Soria y la T4 madrileña me soltó no menos de una docena de fechas de acontecimientos de la historia española: 1212, la Batalla de las Navas de Tolosa (que este año deberíamos celebrar su ochocientos aniversario, según él), los tres grandes hitos de 1492 (expulsión de los judíos, conquista de Granada y descubrimiento de América), 1603 y la expulsión de los moriscos por Felipe III (a quien daba el apelativo de "el Santo" hasta que le aclaré que no, que ése fue Fernando III, y me dijo: "veo que usted sabe"), 732 y la victoria de Carlos Martel sobre los musulmanes en la Batalla de Poitiers, la Batalla de Cannas en 216 aC en la que Aníbal con un ejército de iberos (que según mi taxista eran vascos) infligió una cruenta derrota a los romanos ... Y no sigo porque ahora mismo no me acuerdo de las restantes fechas con las que me abrumó. Habrá que reclamar un concurso televisivo para que el hombre pueda lucirse.

La conversación se inició por otros derroteros, cuando a la habitual coletilla "si Dios quiere" (añadida ya no me acuerdo a que frase intrascendente), yo contesté, imprudente y hasta impertinentemente, con un "no creo que a Dios le importe mucho". Muy educadamente pero, a la vez, con gran pasión, me hizo saber que él era profundamente creyente pero, eso sí, respetaba a quien no lo fuera. Me dijo que, aunque me riera (lo cual desde luego no hice) creía con el fervor apasionado de un templario de los que iban a las Cruzadas (ahí soltó la primera fecha: la batalla de los Cuernos de Hattin en 1187). Le señalé que el ejemplo, si bien podía valer para ilustrar la intensidad de su fe (no me iba a meter en polémicas sobre los múltiples intereses que se mezclaban en esas aventuras medievales), poco casaba en cambio con su proclamación de tolerancia. Lo admitió pero enseguida pasó a criticar, en tono amable, eso sí, la religión musulmana, que sí que, dijo, es mucho más intolerante que la cristiana (el argumento era que por qué tenían que usar el velo en nuestro país). Bueno, le contesté, ten en cuenta que, al fin y al cabo, llevan seiscientos años de retraso (mi comentario le vino al dedo para soltar su segunda fecha: 622 y el traslado de Mahoma de La Meca a Medina).

Por un momento se me ocurrió intentar encauzar su verborrea a fin de que me explicara los "mecanismos" de su fe, pero tuve poco éxito. Me aclaró (por si había alguna duda) que el Dios en quien creía era Jesucristo y también en la Iglesia Católica, aunque reconoció que no era nada practicante. O sea, que no iba a misa, vivía con su novia sin estar casado y alguna que otra desviación de la ortodoxia. Lo cual no quitaba para que creyera que la Iglesia era, en su conjunto, algo bueno, poniéndome como muestra la importante labor de Cáritas. La Iglesia, le dije yo, es la comunidad de los fieles y, siendo tantos, sería injusto generalizar una condena; sin embargo, cuestión distinta era la jerarquía, que en mi opinión sí merecía, tanto históricamente como hasta en la actualidad, un juicio bastante severo. Ahí el taxista me dio la razón, pero se notó que no se sentía nada cómodo, y con la amplia práctica de muchas horas de cháchara automovilística se escapó del tema hacia terrenos menos problemáticos y en los que podía lucirse a gusto con sus saberes onomásticos. Así que me quedé sin que me ilustrara sobre los qués y porqués de su creencia religiosa, pretensión la mía que, en todo caso, nunca había confiado en llevar a buen puerto (obviamente no se daban las circunstancias adecuadas).

Si hice el vano intento, aprovechando la singular circunstancia de que se me pusiera a tiro tan singular taxista, fue sin duda, aunque fuera de forma inconsciente, porque todavía debía estar rumiándose en alguna circunvolución de mi cerebro la imputación de arrogancia que hace una semana me hizo Vanbrugh en el blog de Lansky a raíz de un comentario mío. Me hizo pensar que probablemente parte de razón llevara, aunque sólo fuera (que ya es bastante) en el hecho de que pudiera parecer que no respeto algo –la fe religiosa– que para los creyentes (al menos para algunos creyentes honestos) es la cuestión "más vital e importante" de todas las que les ocupan. Que se crea en Dios y se practique esa fe con profundidad y honestidad (intelectual, especialmente) me parece algo digno de admiración y respeto (y, en pasadas etapas de mi vida, de envidia). Traté de explicarlo (y de paso aclararle a Vanbrugh mi posición) en un posterior comentario, con bastante poca fortuna, tan así que a Lansky le pareció "excesivamente compungido". En fin, asunto, el de mi posición respecto de la fe, que me gustaría tratar un día de estos, con calma y meditación previa. Baste por el momento esta anécdota del taxista.
   
 
What good am I? - Barb Jungr (Evey Grain of Sand, 2002)

10 comentarios:

  1. Hola, Miroslav. Me alegro de saberte ya en camino a casa, y espero que repuesto de tus achuchones pancreáticos. No sé cómo son los taxistas en tus islas, pero aquí en Madrid, como habrás visto, constituyen un grupo bastante peculiar. A lo mejor es solo su situación de 'anfitriones' en su vehículo la que les hace sentirse obligados a dar conversación, pero lo cierto es que no es prudente entregarse sin reservas a la charla con ellos, igual que uno no se baña en un río sin tantear antes pozas, corrientes y otros riesgos, porque, como en el río, no es raro encontrarse sorpresas desagradables. Y no digo que lo haya sido esta que cuentas, que parece bastante instructiva, si bien un tanto abrumadora.

    Te alabo el celo de investigador sobre los mecanismos de la fe de los creyentes, pero creo que aquí ha pecado de excesivo. Por todo lo dicho líneas arriba la conversación con un taxista no me parece el medio más adeuado de averiguar por qué cree la gente que cree. Es, creo, cuestión que exige más tiempo, más calma y más confianza que la que se consigue en un trayecto de taxi, en el que hay que controlar a la vez el correr del taxímetro, lo adecuado del trayecto y la propia expresión facial mientras se encajan fechas históricas y opiniones político-religiosas en apretada mezcla..

    En cualquier caso yo nunca he pensado que no respetes la fe religiosa. Si te acusé de arrogante es porque, tras haber explicado yo que mi fe en Dios, y la de muchos creyentes -sigo pensando que la mayoría de ellos- tiene muy poco que ver con el miedo a la muerte, tú respondiste que te admiraba mi optimismo, pero que "yo sabía que era la excepción y no la regla". Ni yo lo sé -creo lo contrario, pero nunca afirmaría que lo sé, porque nada hay más difícil de averiguar que cuestión tan personal, íntima y delicada como por qué se cree; y lo poco que creo saber sobre el asunto lo debo a muchas horas de conversación profunda con creyentes amigos míos desde hace muchos años- ni mucho menos creo que lo sepas tú. Y por eso me asombraba de la segura tranquilidad con la que lo afirmabas.

    Claro que tu arrogancia se quedó pequeñita al lado de la de Lansky, que acto seguido me negó a mí, abiertamente, ninguna capacidad para saber ni por qué creo yo ni por qué cree ningún creyente. Cortésmente me dió a entender que el hecho mismo de que crea en Dios prueba que mi entendimiento está ofuscado al menos en lo relativo a esa cuestión, y que como creyente que soy estoy tan capacitado para opinar sobre mi fe como lo están los elefantes para opinar sobre la fisiología elefantiásica. Lo cual, reconocerás conmigo, como respuesta a alguien que acaba de acusarte de arrogante no está nada mal...

    Sigo sin poder entrar en los blogs de blogspot.com ni comentar en ellos: de vez en cuando el mecanismo bloqueador se estropea, o lo levantan un rato por algún incognoscible motivo -la política de personal de esta oficina mía parece deliberadamente diseñada para encrespar y cabrear a los trabajadores, y lo está consiguiendo bastante bien- y entonces sí que puedo entrar, pero suele durar poco y enseguida se vuelve al bloqueo. De modo que si eres tan amable de publicar esto tú como comentario, te quedaré muy agradecido.

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  2. Yo creo que las religiones son un mecanismo como cualquier otro para educar a las personas en una moral determinada. La moral, las normas, en definitiva establecen límites que nos ayudan a convivir.

    Todos los que somos padres sabemos que en el camino para educar a nuestros hijos hemos de crear una figura de autoridad. Y digo que hemos de crear, porque al fin y al cabo la primera vez que tienes que regañar a tu hijo, por lo menos a mi me pasó, no eres autoridad ninguna porque no te sientes así, esa figura se va creando precisamente porque es necesaria para que tu hijo te haga caso, que es de lo que se trata. Y quizás las religiones crearon una autoridad Dios, en la que los creyentes depositan la fe.

    Yo, como creyente, creo que lo más importante no es la fe, la fe ni crea ni destruye absolutamente nada. Nuestra fe no va a hacer más cierta la existencia de Dios, ni el no creer en su existencia va a aniquiliarlo. Y ya que tanto desde las religiones se compara el amor de Dios con el amor paternofilial, está claro que el hecho de que nuestros hijos no crean en nosotros como padres no nos hace ni menos padres ni menos responsables de ellos.

    Así que no creo que la fe se sustente en el miedo a la muerte, o en el miedo a que no haya nada después de la muerte. La fe se sustenta en la autoridad del que nos puede hacer ver la diferencia entre el bien y el mal. Y para creer que ese alguien nos puede dar lecciones hay que creer y querer creer.

    Para mi lo importante de las religiones no es la fe, ni Dios, lo importante de la religion es que nos muestra nuestra espiritualidad y eso sí que es una realidad. La fe no nos hace mejor persona, pero adentrarnos en nuestra espiritualidad sí. La religión es el principio por el que un niño empieza a interesarse por eso que hay dentro de nosotros y que muy pocas veces le hacemos caso. Cuando crecemos toda la magia del espíritu se desvanece y lo material impera incluyo para los creyentes, incluso para los que declaran que no son superficiales.

    Pero ayss quien llega a adulto conservando esa energía que llega desde tu interior, ayssss esos son los jesuscristos del muldo.

    Amaranta.

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  3. De hecho, yo que siempre digo que soy más judía que cristiana, porque si he de elegir entre el antiguo y el nuevo testamento, me quedo sin pensarlo con el antiguo. Pero si hay algo que introduce Cristo en todo esto de la fe, que a tan "rajatabla" se lleva en el antiguo testamento, es la espirtualidad. Cristo no dice que nos conocerán por la fe en Dios, ni por nuestras declaraciones de fe, que gente como Vangbruh cree tan importante, nos conocerán "por nuestros actos de amor". Y un acto de amor es el signo más evidente de la espiritualidad de alguien.

    En fin en eso debo reconocer que sí que soy del nuevo testamento, pero el antiguo me parece tan humano, tan brutal, tan vengativo, tan elitista, tan "de este mundo", que resulta sencillo de cumplir.

    Amaranta.

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  4. Si algo tengo claro de mi religión, Amaranta, es que no es un mecanismo para educar a las personas en una moral determinada. Y si algo le reprocho a las religiones en general y a la mía en particular es que se consideren a sí mismas, y que consientan y fomenten que los demás las consideren, fundamentalmente, como mecanismos para propagar y afianzar una moral determinada.

    En mi opinión, y, más importante aún: en mi vivencia, la fe -que es de lo que yo prefiero hablar, porque considero la religión como un tinglado montado en torno a la fe, de innegable utilidad pero también con innegables riesgos, entre ellos el más peligroso el de sustituir y asfixiar la fe- es, esencialmente, una relación amorosa con un Dios personal y vivo. Como consecuencia de esa relación se nos hace deseable, claro está, un modo de conducta determinado, pero eso, a lo llamamos moral, no constituye ni el meollo ni la más importante de las condiciones ni de las consecuencias de esa relación; del mismo modo que, en nuestra relación con nuestra pareja, nuestros padres o nuestros amigos, lo más importante no es cómo nos comportemos con ellos o, por ellos, con el resto del mundo, sino que los queramos. Y nuestra conducta para con ellos surge espontánea y naturalmente del hecho central de amarlos.

    Dicho de otro modo, en mi opinión la fe -o la religión, si prefieres decirlo así- no es, como piensa tanta gente, entre sus detractores y entre sus administradores, un "mecanismo para ser buenos", sino, por decirlo con la misma simplificación, un "mecanismo para ser felices"; y el hecho de "ser buenos", de que se facilite la convivencia, se procure el bien y se evite el mal, es un elemento utilitario más, no el principal, ni mucho menos el propósito, del hecho central de amar a Dios- La fe no necesariamente nos hace mejores personas y, si lo hace, no es ese su propósito principal, sino, a lo sumo, un subproducto lateral no buscado; la fe nos hace, fundamentalmente, más felices.

    Ah, y por cierto: no considero especialmente importantes las declaraciones de fe y, de hecho, no suelo prodigarlas, aunque mis intervenciones internéticas den otra impresión porque, cuando surge la ocasión, tampoco las rehúya. Lo que considero importante es la fe en Dios. Un tal Pablo de Tarso, que algo sabía del asunto -hay malas lenguas que dicen que se lo inventó él- me acompaña en esta opinión, y no lo considero mala compañía. Un saludo.

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  5. Hombre Vanbrugh tu religión es mi religión y ese tal Pablo de Tarso para mi no es autoridad alguna, muy listillo el tío, como todos los políticos.

    En cuanto a que la fe nos hace felices y todo lo que has dicho sobre el amor y tal y pascual, lo siento mucho pero a mi me educó una mujer que siempre me ha repetido que "obras son amores y no buenas razones". Así que el comportamiento del ser humano no se ve transformado por el amor sino que sólo cuando somos capaces de demostrar con actos, de actuar por alguien, estamos demostrando amor.

    Las buenas y las malas personas tenemos algo en común, y esa comunidad que nos une es la capacidad de actuación, de movimiento en pos de unos principios. Los mandamientos son esos principios para los cristianos, resumidos en dos, o desglosados en 10, pero cada uno de ellos implican acción de nuestra parte.

    La fe no distingue al religioso del que no lo es, porque la fe es una capacidad humana, y los habrá que tienen fe en diferentes cosas en más o menos medida. La cuestión es que si al final la existencia de Dios es cierta, el que alberga fe en dios es tan hijo de él como el más ateo de los ateos. Lo que al final nos diferenciará serán nuestros actos y esos actos que no pretenden nuestra felicidad, sino nuestro desarrollo como seres humanos son un poquito más complicados que el hecho de abandonarse a una fe infantil y reconfortante.

    Amaranta.

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  6. No tengo la culpa de quién te educara, Amaranta, -ni, en realidad, me importa gran cosa- ni tampoco de que no te enseñara a no ridiculizar las opiniones razonadamente expuestas de los demás resumiéndolas en "y tal y cual pascual". Naturalmente no he negado en ningún momento que sean importantes las acciones. Me he limitado a decir, y sigo diciéndolo, que el objeto de la fe no es que hagamos buenas acciones, es decir, que Dios y nuestra relación con Él no son un instrumento al servicio de ninguna otra cosa, aunque se trate de una cosa tan respetable y deseable como que hagamos buenas acciones; sino que las buenas acciones son una consecuencia secundaria de un fin más alto. Dios es una persona, y las personas no deben ser tomadas nunca como instrumentos al servicio de ninguna otra cosa.

    En cuanto al modo en que descalificas mi fe calificándola de infantil (imagino que lo de reconfortante es también una descalificación en tu intención, pero no lo es para mí,que la considero, efectivamente, muy reconfortante y no encuentro nada reprobable en que lo sea) debo decirte que me parece una considerable falta de respeto por tu parte. Carente además, en mi opinión, del menor fundamento, pero que seguiría siendo una falta de respeto bastante fuera de lugar aunque estuvera mejor fundada y argumentada de lo que está. Buen fin de semana.

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  7. No, no te confundas, en mis afirmaciones no hay descalificaciones, sólo hay una forma distinta de ver la religión, no es algo personal. Si lo consideras falta de respeto, me puedes hacer pensar que ese pilar de fe no es tan fuerte como así lo manifiestas. Pero para que veas que no hay intención de faltar al respeto, te pido disculpas y te lo plantearé desde otra perspectiva.

    La fe no es elemento indispensable y/o diferenciador para considerar al creyente, la fe o el concepto de fe surge para dar una explicación razonada a los ataques que la Iglesia y sus postulados empiezan a sufrir desde los frentes ateos que la critican y la vapulean. La fe del pueblo de Israel no es en "la existencia de Dios" eso es un hecho para ellos, ellos ponían su fe en que Dios le ayudaría, pero ni se planteaban que tuvieran que hacer ejercicio de fe para creer en Dios.

    La fe de nuestros días es la muleta que cualquier hombre occidental con una mente cultivada y racional necesita para justificar sus creencias. Yo prefiero prescindir de la fe, porque doy por hecho que la realidad puede ser o la existencia de Dios o la no existencia, en ese sentido soy agnóstica. Pero yo elijo que ante lo desconocido mi apuesta, mi porra particular va por Dios, si me equivoco no creo que la nada me vaya a castigar con la vida eterna si la apuesta es equivocada.

    Pero lo que sí que es real es la espiritualidad que toda religión encierra y que es sentido último para el creyente.

    Espero no haber herido otra vez tu susceptibilidad religiosa.

    Amaranta.

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  8. Francamente, se me escapa la diferencia que haces entre "fe" y "creer en Dios" como si fueran dos cosas diferentes, cuando dices, por ejemplo, que el pueblo de Israel no se planteaba que tuviera que hacer ejercicio de fe para creer en Dios, o que la fe es actualmente una muleta para justificar las creencias. No sé a qué llamas fe tú, para mí ninguna de esas frases tiene significado, porque a lo que llamo fe es precisamente a creer que Dios existe.

    Para ti esa creencia no pasa, al parecer, del terreno intelectual, una posibilidad por la que te merece la pena apostar, ya que tiene premio mientras que su alternativa no tiene castigo. Entiendo así, claro, que no tenga otra consecuencia que la de hacer que te adhieras a un determinado código moral, que es el que te procurará el premio. Y lo siento por tí. Es un enfoque de la cuestión absolutamente ajeno al mío, por no decir enteramente opuesto. Si a tí te sirve para algo, lo celebro. A mí me estremece su simple enunciado, y prefiero un honrado ateísmo que esa especie de seguro a todo riesgo y bajo coste al que has decidido llamar religión.

    Lo que heriste antes fue mi susceptibilidad personal, reduciendo mis argumentos a "tal y tal pascual" y llamando infantil a mi fe. No la religiosa. Me hubiera molestado lo mismo si estuviéramos hablando de fútbol o de física cuántica. No sé qué cosa pueda ser la "susceptibilidad religiosa", pero sí estoy seguro de no tener nada a lo que se pueda llamar así.

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  9. Yo antes no creía en Dios, y eso desde pequeñito, y hasta era tan arrogante para negarle a Vanbrugh la capacidad —sólo en este exclusivo asunto— de pretender explicar lo inexplicable, por definición, como un elefante, de dije, que no puede entender su inescrutable (para él fisiología), no se dio cuenta de que los elefantes de me caen mucho mejor que los Borbones que lo cazan y hasta que los archiveros del estado. Pero en fin.

    Pero ayer mismo, tras doce botes de cerveza y un chupito de malta (Lavagulin) , se me apareció Dios. Impresionante y a la vez decepcionante. Me dijo que Él ya se aparece poco y sólo a empecinados de cierto interés como yo. Le agradecí el detalle y le contesté que no me insistiera. Me estas tratando como a un testigo de Jehová, o sea de Mí que vaya puerta a puerta vendiendo panfletos. Exactamente, le repliqué. Ni yo te necesito a Ti ni Tú a mí. Nos despedimos educadamente pero no desde luego como amigos, ni yo le amo a Él ni Él a mí, eso es obvio. Quedamos en no volver a vernos, ni siquiera en la eternidad.

    Por cierto, mi ética o mi comportamiento moral o inmoral o amoral no tienen que ver con Él o su ausencia. Y mi fe ya veis como es, no sirve ni con pruebas de cargo.


    P.S.-

    Me alegro de que vuelvas a las andadas, por lo que supongo que estarás bastante repuesto, Miros. Dale gracias a Dios

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  10. Hombre Vanbrugh leemos o interpretamos como nos da la gana, en ningún lado digo que creer tenga premio, lo que he dicho es todo lo contrario, lo que digo es que si al final Dios existe, el que ha tenido fe y el que no la ha tenido van a recibir lo mismo en el otro mundo. Dónde apuesto yo por el premio. Vamos no hay que ser muy lumbreras para entender que por mucha fe que tengas si Dios no existe te vas a encontrar con la nada tanto como cualquier ateo.

    Yo lo que digo y hasta que nadie demuestre la verdad última es que yo elijo creer, y no como acto de fe, sino como pura probabilidad o posibilidad, en que hay un Dios (como concepto) que es la causa última de la creación del mundo y todos nosotros.

    Y por supuesto que elijo creer desde el puro razonamiento, ya haya razonado bien o mal. ¿O qué es la filosofía si no?. Un acto de razonamiento.

    En cuanto a lo adherirse a un código moral porque tiene premio pues es algo que tampoco he expresado en ningún sitio, porque eso también me parece algo infantil. Y entiéndase infantil como actos que no se han madurado, no como algo despectivo. Yo creo que las religiones nos hacen madurar en un plano espiritual. Y está claro que cuando maduras aprendes que las elecciones personales nunca llevan "premio", el premio es precisamente la elección o el bienestar que reporta a tu espíritu.

    Te pido disculpas por el tal y pascual. Pero es que cuando leí aquello de que del amor surge una conducta espontánea para con el amado, no sé creo que subvestimas el poder de la moral que nos inculcan desde pequeños, y la subvestimas mucho. Nuestra conducta está muy pero que muy condicionada por los princpios que nos enseñaron de pequeños y la religión por lo menos en la gente de nuestra edad, y más en la de la vuestra ha estado muy presente. Incluso cualquier ateo está muy influenciado por la moral judeocristiana.

    Pero bueno al fin y al cabo hay mucha gente que compara la psicología con la religión y claro todo será mentira.

    Ahora bien como te oiga el Papa decir que el código moral no es lo importante en la religión católica te vas a enterar tú de lo que es una excomulgación en el siglo XXI. Yo me alegraría, fíjate tú, porque hoy en día la iglesia católica es pura estadística. A las autoridades eclesiásticas no les conviene excomulgar a todos aquellos que nos pasamos la religión, unos por el forro de la razón, otros por el del idealismo, porque se quedaría sin seguidores y eso a la hora de la renta y la crucecita no les interesa para nada.

    Ahora me dirás Vanbrugh que eso de los intereses económicos de la iglesia tampoco es como lo pinto...jajaja. Sólo de "fe" se alimenta esta iglesia nuestra. !Ya!.

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