jueves, 26 de febrero de 2015

Apretar un botón

Apretar un botón. Un gesto automatizado por la rutina, al que no presto atención. Y sin embargo, me digo ahora que una sombra de aprensión cruzó fugazmente por mi mente, ínfimo titubeo imperceptible, mientras mi dedo se dirigía al panel de la radio, un instante después de girar el contacto. Asusta cuan triviales son los actos que te cambian la vida. Nunca acompañados de música de suspense, nunca con encuadres de zoom que resalten, anticipándolo, el agente del desastre. La vida, ajena a nuestras vanidades, las ridiculiza con la indiferente crueldad de lo irreversible. Si no hubiera apretado el botón de la radio, si lo hubiera hecho veinte segundos después, cuando la breve nota del informativo ya hubiese sido pronunciada e inmediatamente sepultada bajo las siguientes, todas ellas de mucha mayor relevancia mediática. Si no hubiese sido como fue, no me habría enterado, es muy probable que hubiera pasado mucho tiempo, años incluso, hasta que lo supiera. Y para entonces quién sabe, quizá ya no tuviera efectos, tal vez me habría salvado. Pero apreté el botón.

Escuché la voz del locutor, registré sus palabras sin entenderlas de entrada en todo su alcance, pasaron unos segundos hasta que el significado de la noticia me golpeó con su brutal contundencia. Por un momento sentí que todo se detenía; el tiempo se congelaba y la angustia fría me inundaba por dentro, el corazón parado, la sangre quieta, los pulmones inmóviles, el cerebro desconectado ... Luego, enseguida, el tiempo volvió a moverse y yo a comprender, con una mezcla de resignación y desespero. ¿Qué había de hacer ahora? Ansiaba engañar al destino, hacer trampa negándome a admitir que hubiese apretado el botón, que hubiese escuchado la noticia. ¿Por qué no? Ha sido un nimio error de guión que tiene que poderse corregir, que necesariamente ha de corregirse. Si fuera capaz de convencerme, de imponerme, que no ha ocurrido, que sigo sin saberlo. Pero no, no puedo.

No puedo evitar haber dejado de ser quien era. Así, tan de golpe, tan sin aviso, por tan poca cosa. No puedo evitar que el argumento que me explica haya sido rasgado, quedado en nada. Se me impone la certeza: en la batalla por dar sentido a la vida ya he sido definitivamente derrotado. Y como la vida es sólo esa batalla, ahora no es nada. ¿Seguir jugando los minutos basura de un partido resuelto, por un simple respeto a las reglas del espectáculo? Siento una extraña lucidez. Todavía quedan tareas, esas casi burocráticas de dejar los papeles en orden. Por ejemplo –y sobre todo– que K no se entere. Lo primero, investigar el alcance de la noticia, no tanto el número de quienes la hayan oído sino si ha sido escuchada por los pocos que pueden entender sus consecuencias. Tal vez ninguno de esos pocos haya apretado un botón esta tarde o no lea mañana el breve suelto que sólo aparecerá en algún diario aislado. Y quizá, si hay suerte, puedan seguir con sus vidas, creyéndose que son, recibiendo ignorantes la gracia de una prórroga.

7 comentarios:

  1. Completamente cierto. Me ha gustado mucho.

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    1. Me alegro. Supongo que has sentido alguna vez esa sensación

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  2. Y como no se puede desapretar el botón... porque lo impide el Segundo Principio y la flecha del tiempo.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. En otras variantes del multiverso no apreté el botón

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  3. En la película "Retorno al pasado", el gángster Kirk Douglas encarga al detective Robert Mitchum que encuentre a su chica, huida a México. Mitchum la encuentra pero se enamora de ella, y la mañana en que van a escapar juntos, Douglas se presenta sin avisar en la habitación del hotel donde en ese momento Mitchum prepara las maletas y silba una cancioncilla, interrumpida de golpe al abrir la puerta y ver a Douglas en el pasillo. Y éste, un tipo sumamente peligroso que cala al momento la jugada, le dice a Mitchum que si no le agrada la sorpresa, cierre la puerta y haga como si él no estuviera allí. En fin, que eso es justo lo que sería bueno poder hacer, pero ya no es posible, después de apretar un botón por simple rutina y darse cuenta uno segundos después del grave error que se ha cometido.

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    1. Estaría bien que la vida tuviera un control+Z, aunque sólo operara durante unos segundos después del error.

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