martes, 17 de abril de 2007

Siguiendo la cadena

Kotinussa me enlaza en una cadena literaria. Había visto en varios blogs este juego de ir pasándose unos a otros tareas, meme creo que se llama, pero hasta ahora nunca me lo habían propuesto. Y, la verdad, no lo echaba en falta, porque escribir cualquiera de la mayoría de memes que he visto me habría resultado trabajoso y me habría dejado probablemente con un montón de dudas en cuanto a la elección de las respuestas.

No es el caso del presente: se trata de copiar el segundo párrafo de la página 139 del libro que esté leyendo. Como bien dice Koti, el ejercicio da la oportunidad de opinar sobre el libro y, en su caso, recomendarlo. El problema es que hoy mismo he acabado un libro y empezado otro; pero de este segundo aún no he llegado a la página 139. Podría, no obstante, atenerme al enunciado y copiar el párrafo correspondiente, pero no me apetece dar un salto hacia adelante en la lectura. Y eso que el libro en cuestión merece la pena. Se trata de Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Llevaba varios años buscándolo (tampoco con demasiada perseverancia) y en este viaje a Madrid lo he finalmente conseguido. He leído cuatro o cinco tochazos de Arendt (me parece una de las personas más lúcidas del pasado siglo) y me faltaba la que seguramente es su obra más popular. De momento no me está defraudando.

En fin, que copiaré del libro recién acabado, El corazón helado, la última novela de Almudena Grandes. Creo haber leído todas sus novelas, me gusta cómo escribe pero tampoco es que la considere una figura mayor. Esta novela supone, sin embargo, un notable salto cualitativo, su obra más ambiciosa, por usar las mismas palabras de la editorial pues estoy de acuerdo. La trama es obviamente de ficción, muy bien estructurada, compleja e intrigante; pero se monta sobre la historia reciente de España a lo largo de cuatro generaciones y dos familias principales (república, guerra, franquismo/exilio francés, transición, actualidad). De otra parte, muy bien escrita, con interesantes juegos de estilo que no le había visto antes, recreándose en el lenguaje que se hace por momentos muy visual (a veces parece excesivamente premioso, pero es una nota estilística consciente). Y, finalmente, cargada de pasión y emoción (se adivina que la autora las sintió al escribirla) que se transmiten con tremenda eficacia y hondura: en más de un momento se me empañaron los ojos y también hubo ratos que los sollozos se me salieron del pecho. En resumen, que la recomiendo; y ahí va el párrafo:

Aquel calor no era más que un pálido reflejo del incendio que acababa de desatarse en mi interior, una catástrofe fulgurante, instantánea, donde el pudor atizaba a la excitación y era a su vez implacablemente alimentado por ella, para que yo pudiera escuchar el crujido de las ramas que se desgajaban de los árboles, el chisporroteo de las cortezas resinosas, el susurro de las púas en llamas, y oler el fuego, verlo avanzar por las laderas de un monte imaginario que era yo y estaba ardiendo de una culpa inocente, que no había hecho nada para merecer, y de una vergüenza infinita que sin embargo no era capaz de apagar todos los focos, siéntese, por favor, perdóneme, no le he ofrecido nada, ¿quiere tomar un café?, y Raquel Fernández Perea, que era mucho más guapa de lo que parecía, encendiendo la última vela antes de zambullirse desnuda en el agua con su cuerpo de treinta y cinco años y su piel de melocotón, esas piernas tan bonitas y las caderas levemente más anchas de lo que parecía exigir la estrechez de su cintura, para que mi padre la rodeara con sus brazos mientras pensaba que su hijo Álvaro era un gilipollas que no tenía ni idea de lo que era horrible, ni cursi, ni hortera en este mundo. Esa nueva sensación, la conciencia de no ser más que un pardillo, el ingenuo y fortuito espectador de una complejidad que no estaba a mi alcance, se sobrepuso a la excitación y a la culpa, a la vergüenza y al asombro, sin matizar la formidable confusión a la que todo lo que un instante antes era yo había quedado reducido sin remedio. Y esto no es nada, me dije, seguro que esto no es nada.

Pues ya está. ¿Se supone que ahora he de encasquetarle la misma tarea a alguien? Pues sólo me atrevo con cuatro mujeres: Amaranta, Marguerite, Nanny-Ogg y Eva. Que me perdonen.



CATEGORÍA: Literaturas

4 comentarios:

  1. Pues no sé si perdonarte ;).

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  2. Aaargh.... pues como dice Amaranta,no sé si perdonarte... En fin, en mi próxima actualización prometo seguir con la cadena :P

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  3. Anoche miré la página 139 del libro que estoy leyendo y apenas es una frasecilla de cinco palabras si las tiene así que te pondré también el tercer párrafo que si no.

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