sábado, 5 de diciembre de 2009

Rectifico, que es de sabios

En el post anterior elucubré sobre las actividades inspectoras y censoras de una futura Comisión de Propiedad Intelectual que, al amparo de un nuevo marco legal, se dedicaría a supervisar las navegaciones internáuticas de los particulares para castigarnos cortándonos el acceso a la red si pirateábamos en exceso. Pues bien, resulta que, adormecida mi capacidad crítica por el escaso rigor informativo de los periódicos, incurrí en el para mí odioso error de llegar a conclusiones precipitadas sin corroborar mínimamente las fuentes. Así que, antes de que me saquen los colores, me veo obligado a rectificar (que es de sabios).

La nueva Ley de Economía Sostenible (que, también erróneamente, dije que ya estaba aprobada) modificaría el artículo 8 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI) añadiendo la salvaguarda de los derechos de propiedad intelectual como uno de los principios cuya vulneración por un servicio de la sociedad de la información legitima que los órganos competentes adopten las medidas necesarias para interrumpir su prestación. Es decir, la LSSI (incluso con la modificación que pretende el Gobierno) ampara las acciones punitivas contra los prestadores de servicios, no contra los usuarios, consumidores o receptores de los mismos.

Para que quede suficientemente claro, la LSSI cuenta con un Anexo (que no había leído) en el cual define que los servicios de la sociedad de la información son todos aquéllos prestados a título oneroso a distancia por vía electrónica y a petición individual del destinatario, incluyendo también los que, aunque el usuario no pague, constituyan una actividad económica para el prestador. Ciertamente, las webs de enlaces (y, por supuesto, las que alojan contenidos descargables) caben en esta definición de servicios de la sociedad de la información (tienen publicidad que les da dinero). En cambio, entiendo yo, no sería aplicable a los programas P2P (emule, por ejemplo) que simplemente permiten el intercambio de ficheros entre ordenadores particulares, sin que haya actividad comercial. Y, desde luego, como ha difundido la SGAE, por una vez sin mentir, los usuarios que descargamos no estamos prestando servicios sin que por lo tanto pueda, al amparo de esta futura modificación legal, cortársenos internet por hacerlo.

Hecha la rectificación, me congratulo de que la iniciativa gubernamental no avance tanto como había temido en la construcción de un marco normativo tipo Gran Hermano. Pero el que no progrese demasiado en esa dirección no niega que lo esté haciendo, que esa sea la senda por la que están caminando. Se trata simplemente de una cuestión de grado: en vez de una zancada han dado un paso. Así que, el error cometido en mi anterior post no cambia en nada mis conclusiones respecto a que la excusa de la protección de los derechos de autor (más bien de los beneficios que producen) no justifica erosionar otros derechos que me parecen mucho más valiosos. Y tampoco muda mi convicción de que, además de injustas, este tipo de medidas legales son inútiles. Cuanto menos tarden sus defensores en darse cuenta antes afrontarán creativamente la realidad de que hay que olvidarse del viejo sistema y montar otro nuevo.

CATEGORÍA: Política y Sociedad

4 comentarios:

  1. Claro… (sigo pensando sobre el tema), si en internet fuera posible regular la anarquía en que hoy consiste, la red sería una especie de “Estado virtual”, donde el poder nuevamente podría controlarlo todo, pero claro, en los “Estados convencionales” la línea divisoria entre la calle (lo público) y tu casa (lo privado) está más o menos clara, en internet por el contrario está todo mezclado. Entonces lo que realmente se está debatiendo es cómo regular ese mundo virtual sin colisionar con el derecho a la intimidad. Porque como no somos tan anárquicos, nos parece bien que la policía esté allí para detectar delitos serios, como la pornografía con menores o la actividad terrorista, pero eso sí, queremos que se investigue sin que se vulneren nuestros derechos. Por otro lado, está ese hábito tan generalizado de hacer copias en casa con los productos culturales que se presten a ello, actividad que vulnera el derecho del autor (propiedad intelectual) y el derecho de copia del editor (copyright). Si en casa tuviéramos laboratorios de química, por ejemplo, y copiáramos fórmulas magistrales, estaríamos asimismo vulnerando el derecho de las farmacéuticas (patente). Toda esa actividad no sé si se considera delictiva, parece ser que sí, al menos ahora se ha planteado lo de cerrar las páginas web que se dediquen a eso, porque claro, cuando hacíamos copias analógicas en nuestra casa, parecía más inofensivo, pero cuando los autores y editores comprueban como se ha desarrollado una auténtica industria del pirateo digital, pues es lógico que se inquieten, y reclamen lo que por ley les corresponde. Como dije en el post anterior, mi posición ha variado, y de defender el legítimo derecho de autor y editor, he pasado a defender la legítima libertad del usuario de internet. No sólo defiendo, sino que también creo que esto va a ser así, y aunque tenga su parte positiva (muy positiva), lamentablemente también acarreará efectos colaterales indeseables. ¿Volverán los tiempos del mecenazgo?

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  2. Por cierto, si se consolidara esta pequeña revolución del “producto gratuito” me pregunto si esta primera “baja” dentro de los distintos gremios que componen la economía de mercado, podría significar que estamos a las puertas de cambios aún mayores. ¿Se podría ligar este acontecimiento (motivado por la rebelión internaútica) con ese otro también reciente de la crisis del sistema capitalista (motivado igualmente por el descontrolado mundo de las finanzas)? Después de todo es tan virtual internet, como el banco que te hace un préstamo hipotecario sin tener dinero. En este caso serían los de la banca y no el consumidor los que estarían pescando en río revuelto, ¿no?

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  3. rectificar es de sabios, la prueba está en que casi nunca lo hacen los políticos..

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