jueves, 7 de febrero de 2013

Los montes Zagros

Sumeria ocupaba el territorio comprendido entre la parte baja de los ríos Tigris y Éufrates, en el actual Irak y, más o menos, entre Bagdad y Basora. Aunque quiénes y de dónde vinieron los sumerios dista todavía de estar dilucidado, las hipótesis más probables apuntan a que se asentaron en Mesopotamia hacia mediados del siglo 45 aC (ya había población autóctona) y que provendrían del Este, del actual Irán o incluso de la India. La fértil y llana Sumeria queda limitada al oeste por los montes Zagros, una cadena que va desde Turquía hasta el estrecho de Ormuz, bordeando toda la longitud del golfo pérsico. Estas montañas son, en la actualidad, bastante áridas, como se puede comprobar viendo imágenes en la red o pinchando en las que han subido los usuarios al GoogleEarth (no puedo dar fe personal porque no he estado por esos lares). En todo caso, sea por su relativa cercanía (unos 200 kms) o por la probable vinculación a su pasado presedentario, lo ciertos es que los Zagros ocuparon desde siempre un puesto relevante en la vida sumeria y, naturalmente, en su mitología.

En la región sumeria no había bosques y, por lo tanto, la madera era un bien muy valioso que había de ser importado. El árbol más preciado, casi sagrado, era el cedro y los bosques de cedros más renombrados desde la antigüedad son los del Líbano. Yo, desde que hace años empezó a interesarme la cuna de nuestra civilización, había pensado lo que Lansky me comenta en el post anterior, que la madera de los mesopotamios provenía del Líbano. No en vano, desde tiempos remotos (contemporáneos a los del poema de Gilgamesh), los antiguos cananeos ya tenían en la explotación forestal y exportación maderera una de las bases principales de su economía. De hecho, he encontrado no pocas referencias que aseveran que el primer viaje del rey sumerio fue justamente a los famosos bosques de cedros libaneses, tal como Lansky conjetura.

Sin embargo, en el libro que recientemente he leído (y que recomendé en el post anterior), el autor se decanta por que las arboledas a las que se dirigió Gilgamesh estaban en los montes Zagros y aporta algunos argumentos que me convencen. El fundamental es que estos bosques estaban bajo el dominio de Utu, el dios del Sol, lo que apunta a que se situaban al oriente, como los Zagros. No oculta Bottéro que en estas montañas iraníes nunca han crecido cedros, que es la palabra que habitualmente aparece en las traducciones de la epopeya. Su explicación es que, en razón del progresivo prestigio de este árbol, el término sumerio fue acotando al mismo su significado, pero en un origen se referiría genéricamente a las coníferas. Pues parece que en los Zagros, hasta finales del III milenio, abundaban bosques de coníferas (enebrales y abietáceas).

Un segundo argumento es que la sucinta descripción del viaje cuadra mucho mejor con la suposición de que los dos amigos marchaban hacia el país de Elam (se habla de "más allá de las siete montañas") que en dirección noroccidental, hacia una meta bastante más alejada y de más difícil acceso. Ciertamente, hacia finales del tercer milenio (que es la época en la que se datan las primeras tabillas que recogen fragmentos de la historia de Gilgamesh) los sumerios sabían del Líbano y comerciaban con los pueblos que habitaban las tierras intermedias; pero las relaciones (no siempre pacíficas) eran mucho más intensas con los vecinos elamitas del Este.


En todo caso, la discusión desaparece si damos crédito a la primera de las dos versiones completas (la llamada antigua o babilónica), en la que se afirma explícitamente que se trataba de cedros y que el país era el actual Líbano. Como ya dije, este documento fue escrito en acadio, se supone que para el propio Hammurabi (siglo XVIII aC) en una época en la que los bosques de los Zagros se habían extinguido (probablemente debido a la sobreexplotación y a la aridez del clima). Para entonces, el árbol maderero por excelencia era, sin ninguna discusión, el cedro (lo que refuerza la tesis, además del cambio de idioma, de la progresiva especificidad del vocablo) y el casi monopolio de su producción correspondía al Líbano. No es pues extraño que mil años después se produjera con completa naturalidad el cambio del escenario geográfico de esta primera aventura. Quizá también contribuyera que Hammurabi era descendiente de los amorreos, un pueblo semita que provenía de Canaán y alrededores (o sea, del Líbano y entorno).

En resumen, que no puede saberse a ciencia cierta dónde vivía el gigante Huwawa y, consiguientemente, dónde tenían su morada los dioses sumerios. Todo ello, claro, si es que Gilgamesh existió y si, habiendo sido un personaje real, hizo ese famoso viaje que sería objeto de la primera novela de aventuras de la historia. Hemos de especular y movernos en el terreno de lo probable, como bien dice Lansky en su comentario. Yo sigo apostando por los Zagros en base a una última consideración que se refiere a la esfera de lo sagrado: los dioses suelen habitar en los lugares de origen de sus pueblos. Recordemos que la antigua Sumeria se formó, aparte de la base autóctona demográfica y culturalmente la menos relevante, por la convivencia de sumerios y semitas. Fueron los primeros los que dieron su impronta a esa civilización, hasta su decadencia y sustitución por el imperio babilónico en el cual el elemento semita es el preponderante. Como ya dije, es bastante probable que los sumerios llegaran a Mesopotamia tras cruzar los Zagros, nunca del Oriente Próximo.

   
Cedars of Lebanon - U2 (Non Line on the Horizon, 2009)

3 comentarios:

  1. Corregido, Lansky (asi como otras erratas que acabo de detectar). Gracias.

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  2. La única razón para que los lápices de calidad tengan la mina embutida en madera de cedro, y así se indica (Faber Castell fue el primero en hacerlo, pero hay una marca inferior que se llama así: 'Cedro') es porque esa madera al cortarla es muy aromática, debido a los aceites esenciales que contiene. Igualmente, como madera para construcción (o para barcos, como los fenicios), aunque es la del Templo de Salomón, o el de Éfeso, no es especialmente buena, salvo que es duradera y tiene fustes rectos


    Cedrus libani var. libani, que se da en el Líbano, Siria occidental y centro-sur de Turquía,
    Cedrus libani var. stenocoma, suroeste de Turquía.

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