Sexo con el diablo (II)
Sin embargo, tenía que haber súcubos que copulasen con hombres aunque sólo fuera para recibir el semen que luego, vueltos ellos mismos íncubos o pasándoselo a otro íncubo, inyectarían en una mujer para engendrar así hijos diabólicos. A esta conclusión llegaba la escolástica medieval mediante sus razonamientos teológicos y no, como he dicho, porque se conocieran casos de hombres que se hubiesen apareado con súcubos (a diferencia del supuesto inverso). La argumentación de los inquisidores dominicos se basaba en que engendrar un niño es un acto de un cuerpo vivo, dar la vida procede del alma, y los cuerpos que adoptan los demonios carecen de ésta, no son, en sentido estricto, vivos. Pero, como estaba asumido que las brujas lascivas, a resultas de sus demoníacos fornicios, parían hijos, era necesidad lógica que previamente un súcubo hubiese obtenido el imprescindible semen mediante la correspondiente cópula.

Lo cierto es que la proporción de coitos diabólicos de hombres es mínima en comparación con la de las mujeres. Naturalmente, podemos atribuir tan gran diferencia en los procesos inquisitoriales al incuestionable machismo de la sociedad medieval (y siguientes), acentuado por el hecho de que quienes organizaban esas "cazas de brujas" eran frailes de frustradas sexualidades y patológicas misoginias. Pero esta explicación, a mi juicio, no basta para cubrir la magnitud de la desproporción; la propia lógica del sistema inquisitorial habría tenido que descubrir más casos de súcubos de haber existido suficiente equilibrio entre sexos en tales prácticas. Que no haya sido así me hace pensar que, efectivamente, las mujeres follan más con demonios que nosotros. Por supuesto, aceptando provisoriamente esta hipótesis, no la voy a justificar diciendo que "como (las mujeres) son más débiles de mente y de cuerpo, no es de extrañar que caigan en mayor medida bajo el hechizo de la brujería" (Malleus Maleficarum).
Como el diablo copula con los seres humanos para seducirlos y pervertirlos, no me parece razonable que el presunto menor número de coitos con hombres que con mujeres se deba a que el sexo es tentación menos eficaz en éstos. Puedo imaginar a más de uno pronto a pactar con un Asmodeo transfigurado en bella y voluptuosa hembra que, además, ejerza con sublime maestría las artes amatorias. Por ahí no pueden pues ir los tiros y quizá hayamos de pensar que hay menos súcubos que íncubos porque el diablo, para los juegos eróticos, prefiere a las mujeres, sea por orientación sexual o por intereses procreadores. Se me ocurre, sin embargo, que parte de la explicación puede encontrarse en el diferente significado que históricamente ha tenido para hombres y mujeres el acto sexual. Hay que tener en cuenta que la relación del ser humano con el diablo es siempre de vasallaje, de servidumbre; al pactar con el Maligno, el hombre se pone a su servicio, renegando de Dios. El acto sexual, sea en la ceremonia iniciática o en posteriores aquelarres, simboliza siempre una entrega del cuerpo (además de la del alma) al Diablo. Esto encaja perfectamente en la concepción histórica de la sexualidad femenina (asumida por las propias mujeres), pero chirría más en el caso de los hombres.

Aun así, súcubos, haberlos haylos, por lo que no debemos (los varones) perder la esperanza de vivir alguna vez una de esas catárticas experiencias sexuales. Pero no conviene engañarse: cuesta mucho, demasiado, conseguir una cópula diabólica siendo hombre, y más en estos tiempos de descreimiento. Aunque, para ir abriendo boca, siempre se puede buscar a una bruja. Quienes han gozado del verdadero sexo sublime son capaces, a su vez, de darnos placeres que las restantes mujeres ignoran. Reconocer a las modernas brujas y acceder a sus favores es también tarea complicada pero, guardando ciertas reglas, presenta bastantes más probabilidades de éxito y, desde luego, ofrece mucho menos riesgo que la relación directa con Satán.
CATEGORÍA: Creencias y descreencias
una tía escritora, ya muerta desgraciadamente, quiso leer mi premio. No me atrevía a mandárselo porque la mujer tenía más de 80, pero me ví obligado a hacerlo.
ResponderEliminarUna vez (bien) leído, me escribió una larga carta donde entre otras cosa me preguntaba por qué no utilizaba mi talento para escribir cosas "no diabólicas".
Balzac nos resarce y nos hace justicia un poco; no se si conozca usted su dramática narración, tomada de un caso real acontecido en Francia en la edad media, en la que la (¿el?) protagonista es un hermoso Súcubo que folló (como ustedes dicen, y “cogió”, como decimos en México) con muchos hombres antes de ser quemado (qué horrible, que horrible, nada más de acordarme me estremezco, pobrecito Súcubo). Por eso, yo no deseo relación alguna con el diablo directamente, ni por interpósita persona, por muy en el Nirvana que me pudiera poner; es decir, no deseo contribuir al riesgo de que sea quemado mi Súcubo, máxime que aquí en México tenemos un renacimiento de los conservadores-inquisidores ahora en el poder.
ResponderEliminarAtentamente David García A.
Eso Miro, eso...¡tu da ideas! Que entre súcubos y brujas a ver cómo nos apañamos las mujeres normalitas...
ResponderEliminarDebe ser que el diablo encuentra una predilección especial por aquello de tentar a la mujer. Para tentar al hombre (pensará el diablo) ya se basta solita ella. Acaso la serpiente no tentó a Eva para que fuera ésta la que le diera de comer al no tan tentador Adán. Lo mismo es que el diablo prefiere que se lo pongan difícil...jajajaj y está claro que el hombre se lo iba a poner muy fácil.
ResponderEliminarhostias (siento el exabrupto), hacía mucho que no encontraba un blog tan trabajado.
ResponderEliminargracias.
Parece que ha Panciutti lo ha abducido un súcubo de esos. Hace una semana que no escribe! Habrá que ir al rescate a las puertas del infierno. Le preguntaremos al Dante si lo ha visto.
ResponderEliminarEl libro de Balzac donde aparece la narración del Súbuco, si mal no recuerdo, se llama "Cuentos droláticos"
ResponderEliminarEn los tiempos de promiscuidad que nos azotan, a uno le cuesta distinguir a los íncubos (competencia desleal) y a los súcubos (tarifarias aparte) entre la gente de bien. De hecho, parecen más presentes en número, aunque solo sea en apariencia. Todavía no entiendo como los santos oficios no han sufragado una nueva versión adaptada de "la Invasión de los Ultracuerpos" (o "los ultracubos"). Quizá ya lo hizo, en víspera de estos tiempos dónde la comunicación no-verbal se impone a la comunicación verbal pero sin que esto, ni una ni la otra, genere más entendimiento entre los seres humanos.
ResponderEliminarDe todas maneras, lo que realmente parece cosa del demonio es, dentro del mundo en el que vivimos, esa tendencia a responder lo contrario a lo que pretende expresarse para no dar pie a malos-entendidos (fantástica manera de evitarlo, por supuesto) o evitar que te prejuzguen (si debe ser así, qué mejor manera de comenzar autogenerando un juicio incierto). Como suele decirse: "la noche confunde".
Greetings