lunes, 27 de marzo de 2006

Miroslav Panciutti. Primeros apuntes biográficos

Mi padre nació en 1925 en Fasano, un pueblo en la costa adriática de la Italia meridional, a pocos kilómetros al sur de Bari, en la Puglia. Sé poco de su infancia. En realidad sé poco de él, de cualquier aspecto de su vida. Se llamaba Ivo, Ivo Panciutti.

En 1943 Ivo está en la Herzegovina, con los partisanos de Tito. Participa en una de las campañas más importantes de ese año, y cae herido. Sus compañeros, de retirada, le dejan escondido en una pequeña aldea. Allí conoce a una joven morena de grandes ojos verdes: Jelica. Romanticismo en tiempos de guerra: demasiado visto en el cine.

Ivo se recupera de sus heridas y no vuelve a la guerrilla partisana. Jelica alguna vez me contó que compañeros suyos pasaron a reclamarlo durante y después de la guerra. Él prefirió permanecer tranquilo, ajeno al fervor de aquellos años de batallas militares y políticas después. No le hubiera costado demasiado obtener ventajas en el nuevo Estado socialista (Jelica dixit), pero no fue así. En los primeros años de 1946 la pareja se muda a Mostar.

En esta ciudad nacen los cuatro hijos yugoeslavos de Ivo. Tres chicas (1946, 1948 y 1949) y un chico (1951). En 1955, Panciutti viaja a Italia y no vuelve. Borra de golpe 12 años de convivencia y una familia. Jelica nunca supo explicarse las razones. Había marchado para ver a su madre enferma. Pero ya por entonces en Fasano no vivía ningún Panciutti.

A partir de aquí los datos sobre mi padre provienen de Carmen, mi madre. En 1957 vive en Roma con sus padres, republicanos españoles exiliados. Tiene 24 años y ganas incontenibles de escapar de su casa. Conoce a Ivo en una reunión del PCI. Era un hombre alto y flaco, de ojos verdes tristes y arrugas profundas en la frente; pese a su juventud estaba casi completamente calvo. Carmen se enamora de Ivo; Ivo nunca estuvo enamorado de Carmen (eso me dijo ella), pero se dejó querer.

Yo nazco en 1959, a principios de Agosto, en Perugia. Cuando Carmen se descubrió embarazada encontró la razón que buscaba para dejar a su familia. Imagino (conociéndola) que cogió de la mano a Ivo y lo arrastró a un nuevo domicilio. Mi padre nunca debió decidir mucho sobre nosotros. Pero me impuso un nombre yugoslavo, el mismo de mi hermano de Mostar, aunque esto lo supe muchos años más tarde.

En 1965, al igual que hizo 10 años antes, Ivo desaparece. Sin embargo, esta vez su mujer sí sabe los motivos pero no me los dirá hasta que confirmó la muerte de mi padre; y eso ocurrió treinta años después. Yo tenía 6 años, era un niñito tímido y rubio, que pasaba largos ratos solo. En realidad no recuerdo demasiado de esa infancia italiana, ya tan lejana.

Pocos meses después de la marcha de mi padre, en septiembre de 1965, viajamos a Madrid y allí viviríamos durante los siguientes veinte años.

Interrumpo aquí estos apuntes biográficos de Miroslav Panciutti. Hay muchos acontecimientos hasta hoy: ya se irán contando. Se trata de matar a Miroslav Panciutti aunque, por supuesto, Miroslav Panciutti no existe.

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miércoles, 22 de marzo de 2006

Corazón mío

Hoy llega a mis oídos (por vías que prefiero no desvelar) la voz de Norah Jones cantando una canción de Dylan: Heart of Mine. Tengo el 90% de la discografía dylaniana (incluyendo grabaciones raras y diversas versiones de otros cantantes) pero, casualmente, esta canción no está entre mis disponibilidades. Pertenece al album de 1981 "Shot of Love", grabado en plena paranoia cristiana. Recuerdo que, en su día, oímos el LP y el grupito de amigos de entonces, con la radicalidad propia de los veinteañeros, decidimos que era un disco desechable. Y se quedó con la etiqueta pasados los años, así que, cuando he ido reconstruyendo mi colección de Dylan en CDs, siempre "olvidaba" conseguir el cursi "disparo de amor". Hasta la fecha.

Va el rollo anterior para decir que no he podido comparar la versión de la Jones con la original. En todo caso, esta chica canta de vicio y la canción suena preciosa. La iba oyendo y (¡qué bien vocaliza Norah!) entendiendo la letra, lo que siempre me sorprende dado mi desastroso nivel de inglés. Luego he ido a la web de Bobby y he copiado la letra; aquí va:

Heart of mine be still,
You can play with fire but you'll get the bill.
Don't let her know
Don't let her know that you love her.
Don't be a fool, don't be blind
Heart of mine.

Heart of mine go back home,
You got no reason to wander, you got no reason to roam.
Don't let her see
Don't let her see that you need her.
Don't put yourself over the line
Heart of mine.

Heart of mine go back where you been,
It'll only be trouble for you if you let her in.
Don't let her hear
Don't let her hear you want her.
Don't let her know she's so fine
Heart of mine.

Heart of mine you know that she'll never be true,
She'll only give to others the love that she's gotten from you.
Don't let her know
Don't let her know where you're going.
Don't untie the ties that bind
Heart of mine.

Heart of mine so malicious and so full of guile,
Give you an inch and you'll take a mile.
Don't let yourself fall Don't let yourself stumble.
If you can't do the time, don't do the crime
Heart of mine.

Quien habla exhorta a su corazón para que no se enamore. Le dice que no se acelere, que no juegue con fuego, porque habría de pagar el precio; que no sea tonto y que no deje que ella (Norah obviamente cambia el sexo del enamorado) sepa que la ama, que la necesita, que la desea. El cantante pide a su corazón que no se vaya por ahí, que no traspase límites, que vuelva a casa y no se permita caer o tropezar (en el enamoramiento). Estos consejos obedecen al convencimiento de que ella (cualquier ella, supongo) nunca será honesta, se aprovechará del amor que le da ese corazón para darlo a otros.

No comparto las recomendaciones de esta canción. Si tenemos la suerte de que el corazón se acelera, dejémosle que lo haga, incluso a sabiendas de que habremos de pagar un precio. Ese latir apresurado es estar vivo y no nos lo quitará nadie (palabras que me alguien muy querido me ha dicho hace poco tiempo). Pero todo esto no son más que tópicos excesivamente repetidos. En la práctica me parece que muchos juntamos (contradictoriamente) ganas de que el corazón se disparate con poner límites y barreras para no sufrir. Y yo que pienso que todo podría ser tan sencillo ...

En fin, otro post en el que dejo constancias de las boberías tan poco originales que se me vienen a la cabeza. Desde luego, son mucho menos atractivas que la canción que las ha inspirado. Con ustedes Norah Jones:


Heart of mine - Norah Jones (New York City, 2000)

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martes, 21 de marzo de 2006

Philia (introduccion)

Es la "amistad de pareja", el llamado "amor conyugal". La philia trasciende el YO para integrar al otro como sujeto: YO y TÚ, aunque el YO sigue por delante. En philia la benevolencia no es total, porque la amistad es todavía una forma de amarse a sí mismo a través de los amigos. La emoción central no es el placer como deseo acaparador, sino la alegría de los que comparten: la reciprocidad, pasarla bien, estar tranquilos. Philia no requiere de un acople total, basta con que exista cierta complicidad de intereses ... Mientras eros decae y resucita de tanto en tanto, philia se profundiza con los años, si todo va bien. Pero de ninguna manera philia excluye a eros: lo serena pero no lo aniquila. Ambos son indispensables para conformar un vínculo estable. Philia y eros juntos: lujuria simpática y amena, hacer el amor con el/la mejor amigo/a.

Philia, por lo menos en mí, fue creciendo claramente con el tiempo de convivencia con R, especialmente en los diez años centrales (excluyamos los tres primeros y los tres últimos, por motivos distintos). Sin embargo, mirando hacia atrás, dudo ahora que hubiera verdadera philia, quizás era más deseo mío de que fuera philia. Yo siempre he creído (y deseado) ser capaz de compartir de verdad, de alcanzar esa confianza casi perfecta con mi pareja. Esa manera de entender la relación la fui plasmando en los aspectos prácticos, en "organizar" nuestras vidas sobre el supuesto incuestionable de que compartíamos todo, de que nos fiábamos plenamente el uno del otro. Pero ahora no estoy muy seguro de que realmente yo confiara en R, de que yo compartiera realmente con ella ... a lo peor, lo hacía con la R que yo quería que fuese para responder a mis esquemas mentales y volitivos.

Lo cierto es que durante varios años me empeñé, costosa y esforzadamente, en construir una relación basada en compartir, en confianza mutua. Sin duda fui yo, mucho más que ella, quien puso casi todo el empeño en esa tarea. Sin embargo, puede (casi es seguro) que no estuviera queriéndola a ella, a la R real. Que me empeñara (más por torpeza que por mala fe) en que ella encajara en cómo tenía que ser (según yo, claro).

Tras la crisis final, ella me ha dicho que mientras estuvo enamorada de mí, se desvivió por agradarme. Y yo, en cambio, respondía a ese amor (también mal expresado por ella: torpes en nuestra afectividad hemos sido ambos) con pasos absurdos en la "construcción" de mi relación ideal. Tan ideal que era irreal.
Y a medida que el amor (sobre todo el de ella) se iba gastando, esa confianza, ese compartir, se fue revelando como poco consistente. Me había esforzado mucho en construir philia, pero me temo que el TÚ que había creado no era el TÚ real, y cuando el TÚ real empezó a dejarse ver (en escenas bastante violentas) quedó en evidencia que no había mucha "amistad conyugal".

Naturalmente, estoy exagerando algo, técnica a la que suelo recurrir para explicar (explicarme) mejor lo ocurrido. En esos 10 años centrales a los que me refería se construyó una philia intensa entre ambos, aunque no fuera lo suficientemente firme. Ciertamente no acerté a basar mi philia en la R real (y viceversa), pero la R a la que amé tampoco era una persona absolutamente distinta de la real. Es decir, hubo philia, aunque no como debiera haberla habido.

El caso es que en los últimos años esa philia empezó a decaer y lo hizo a través de las rendijas que se fueron abriendo entre nuestro compartir tan totalitario. Creo que fue R la que empezó, pero lo más seguro es que lo hizo porque yo la animé alejándome. Así los primeros gestos que noté fueron en dos sentidos: tanto negativos (dejaba de mostrar interés por mis asuntos, sobre todo por los laborales) como positivos (empezaba a tener intereses propios que no quería compartir conmigo). No creo que ninguna de estas dos formas de comportamiento sea mala "per se". Casi diría (ahora) que al contrario, que los cónyuges deben mantener intereses propios, además de los comunes. Pero en nuestro caso, esta "aparición" de los intereses propios de R fue un síntoma de emergencia del TÚ real que no estaba a gusto con la philia que (quizás) YO le había impuesto.

Por otra parte, siguiendo en una línea autocrítica (quizás me esté fustigando demasiado: no se trata de culpar a nadie) tengo la sensación de que la materia que compartíamos había sido impuesta en gran proporción desde mis intereses. Seguramente hay bastante de verdad en que el YO mío pesaba en mí (y consecuentemente en la relación) más que el TÚ de R.

En fin, los tres últimos años fueron los del deterioro hasta la crisis planteada directamente por R (he de reconocer que tuvo más arrestos que yo, en cuanto a atreverse a coger el toro por los cuernos ... incluso aunque la motivación práctica fuera más cutre). En esos últimos años philia se fue degradando, no hay ninguna duda. Para colmo, la forma de romper la relación implicó necesariamente quebrar violenta y repentinamente la presunción de philia que yo sostenía respecto a ella. Fue como abrirme los ojos de golpe.

Aun así, los primeros meses tras la ruptura, noté un exacerbamiento de mi philia hacia R (quizás también de eros, pero en menor medida). De pronto la quería (con el amor conyugal) mucho. Ahora sé que era una reacción normal al abandono y, además, una añoranza del TÚ que no existía, como si me negara a aceptar que la R sobre la que yo había construido mi philia ya no existía. A medida que han ido pasando los meses he ido viendo, cada vez con más claridad, que esta philia es ilusoria y va sustituyéndose por un sentimiento de ternura (hacia quien es depositaria de mis recuerdos, aunque esos recuerdos sean de ilusiones que nunca fueron reales del todo).

Aunque sólo sea añoranza tierna, este sentimiento me ha motivado a tratar de construir una relación de amistad no conyugal con R (no quiero seguir siendo su pareja). Sin embargo, aunque todavía no he renunciado completamente a esa idea, cada vez lo veo más difícil ... y no tanto por mí, sino por los rencores que R sigue alimentando (pero eso es harina para otro costal).

Y lo dejo aquí, que este no es más que un post sobre los apuntes introductorios de Riso a philia. Apunto en todo caso (a modo de recordatorio futuro) que debo reflexionar sobre la relación entre eros y philia y la dirección de los movimientos entre ambos. Va a cuento de una conversación el fin de semana pasado con Esther; y la pregunta sería: ¿se puede llegar a eros desde philia? Ya sé que lo normal es que primero surja el deseo erótico y éste, si se da el caso, evolucione hacia la amistad, la confianza, la intimidad de philia. Pero ¿puede desarrollarse una relación de amistad, de amor philia que, en un punto, pase al deseo erótico? Y esta cuestión se enlaza con la de las "etiquetas" (amigo, amante, pareja), tal como me la explicó Elena. Bueno, son temas para otro momento.

CATEGORÍA: Reflexiones sobre emociones
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lunes, 20 de marzo de 2006

Poco a poco

Hoy he dedicado un par de horitas a aprender un poquillo sobre diseño de blogs, gracias a las explicaciones de Manuti. De momento, ya sé cómo se plagia una plantilla, como demuestra el hecho de que, en estos momentos, mi blog esté sobre la plantilla de Manuti. Espero que no le moleste (le he dejado un comentario al correspondiente post), ya que no sé demasiado del protocolo en estas lides; pero no creo, no parece en absoluto una persona tiquismiquis. En todo caso, esto es solo un primer paso para investigar en el diseño de mi propia plantilla. Seguro que, para cuando lo logre, habré consumido las 10 Mb que te brinda ya.com.

PS: También he logrado poner un contador. Y parece que he tenido dos visitantes (aparte del menda, claro). ¡Qué éxito! Y eso sin que los de ya.com me coloquen en el directorio.

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domingo, 19 de marzo de 2006

Natalia (relaciones frustradas 1)

Unos dos meses después de que mi ex-mujer se fuera de casa, me apunté a un portal de encuentros de internet. Rellené mi perfil, puse una foto (por lo visto se liga más así) y me dediqué a buscar perfiles y fotos de mujeres que me resultaran interesantes, atractivas. Tras una primera exploración en la que combiné intuición y una mínima valoración de los datos que decían (suponiendo que fueran ciertos), seleccioné un primer ramillete de posibles contactos.

Aquella cuyo perfil más me atraía era una mujer de 43 años, alta y flaca, con melena y que, en su lista de gustos e intereses, abundaban coincidencias con la mía. No ponía foto, pero me gustó mucho lo bien que escribía y el sentido del humor (ironía elegante) que dejaba entrever. Así que le envié un breve mensaje, dándole mi cuenta de correo.

Pasó casi un mes y no recibí ninguna noticia suya. Entre tanto, descubrí que los del portal internáutico suprimían de los mensajes las direcciones de correo (seguramente mediante algún programa que repasaba los textos y detectaba las @). Obviamente, quieren retrasar que se intercambien mensajes al margen del sistema para que el negocio les dure lo más posible. Así que volví a enviar un mensaje a esta chica volviéndole a dar mi cuenta de correo, pero esta vez de forma que no pudieran detectarla.

El truquito funcionó porque apenas un par de días después recibí en mi correo externo un breve mensaje en el que ella me comentaba que le había gustado la forma ingeniosa con la que me había evadido de la censura y que, tras repasar mi perfil, le agradaría iniciar una amistad conmigo. Me invitaba a escribirla y a que le contara cosas mías. Esa cuenta de correo correspondía a una tal Marta, que supuse que sería su verdadero nombre.

Animado, escribí un mensaje ya algo más largo (unas dos páginas), contándole qué me gustaba y aprovechando lo que ella decía en su perfil para, en tono jocoso, elucubrar sobre su carácter. En muy poco tiempo recibí un correo suyo bastante largo en el que, tras decirme que le había divertido mucho el mío, se explayaba en hablar sobre ella. A pesar de que yo le había escrito desde mi correo (en el que aparecen nombre y apellidos completos), me decía que prefería mantener todavía el anonimato de su nombre y de su imagen.

La verdad que ese correo me encantó. Descubrí a una chica con una personalidad muy atractiva: inteligente, despierta, con mucho sentido del humor, con bastantes intereses comunes y cosas de las que ambos podríamos hablar mucho tiempo. Así que, cautamente ilusionado, volví a escribirle, esta vez cuatro páginas. No es por echarme flores, pero el mensaje era divertido y le daba pie a que nos conociéramos o, al menos, a que pasáramos al chat. En todo caso, por ese entonces yo seguía demasiado impactado por la reciente separación y lo único que buscaba era conversación, entretenerme, poder dejar salir el torrente de ansiedades e inquietudes que me embargaban. Por cierto, la mayoría de esas se han ido, pero en cambio han venido otras; ¿nunca se encuentra la serenidad?

Pues llegamos al fin de la historia. Al poco tiempo llegó otro mensaje. Más breve que el anterior (decía que estaba con mucho trabajo) pero también muy simpático. El asunto central era que quería dejar el anonimato; me daba su nombre (Natalia) y apellido, resultando que era una persona de la cual, si bien no la conocía personalmente, tenía suficientes referencias (también ella tenía datos suficientes sobre mí para poder identificarme en el mundo real). Añadía que no me sintiera "presionado", que simplemente estaba disfrutando mucho con mis correos y que le apetecía seguir "explotando" esa relación que se iniciaba, sin buscar nada en concreto, sin expectativas. Acababa diciéndome que seguiría escribiéndome por la noche.

Sin embargo esa noche no hubo noticias pero, en cambio, al día siguiente recibí un escuetísimo mensaje cuyo título rezaba: ¿Te espanté? No soy tan fea y el contenido: Ni por dentro ni por fuera, oye ... :-). Enseguida contesté diciéndole que para nada me había espantado, que al contrario estaba encantado con nuestro mutuo "hallazgo" y que, si me dejaba, también pensaba explotarlo. Acababa invitándola a que me contactara y, para ello, le daba mi número de móvil.

Y a partir de ahí, el silencio. Simplemente no volvió a contestar. Dos días después de mi último mensaje le envié otro en tono jocoso diciéndole que esperaba sus noticias. A los diez días mi mensaje ya era en un tono más serio, le decía que estaba algo preocupadillo por su silencio. Mi último mensaje fue pasados dos meses; en ese comentaba que me había parecido una persona muy interesante y atrayente, le contaba tres o cuatro boberías sobre mi vida y acababa recordándole que por aquí andaba y animándola a que me diera noticias suyas. Ni por esas, el silencio se ha mantenido.

Como es natural, en todo ese intervalo, sobre todo en el primer mes de silencio, hice averiguaciones sobre Natalia. De hecho, descubrí que teníamos amigos comunes que me hablaron de ella (bastante bien, por cierto), me enteré de varias de las circunstancias de su vida (situación familiar, laboral, etc); incluso conozco su número de móvil, sé dónde ir para encontrarla. Pero no he hecho nada.

Entre su primer y último mensaje transcurrieron diez días. Breve relación que, no sé porqué, ella decidió cortar pese a que todos los síntomas indicaban que ambos estábamos pasándolo bien. Hace ya medio año de esta historieta, medio año desde que Natalia decidió, de golpe y sin ninguna explicación, dejar de hablarme (por cierto, también lleva medio año sin volver a conectarse al portal de encuentros de internet). En este medio año han ido cayendo unas cuantas más en la gaveta de las "relaciones frustradas" (y frustrantes, añadiría yo). Ya las iré narrando ... a ver si así encuentro pistas para escapar de estos desconciertos.

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miércoles, 15 de marzo de 2006

Eros (introducción)

Riso propone distinguir en el Amor tres dimensiones básicas: eros (el amor que toma y se satisface) philia (el amor que comparte y se alegra) y ágape (el amor que da y se compadece). Cuando estas tres dimensiones se acoplan de manera adecuada (en una pareja) estamos ante un amor “unificado y funcional”; yo diría: una relación fantástica.

Eros Es deseo sexual, posesión, enamoramiento, amor pasional. Lo más importante es el YO que anhela, que apetece, que exige. La otra persona, el TU, no alcanza a ser sujeto. Es la faceta egoísta y concupiscente del amor. Es el amor que duele ... pero no podemos prescindir de eros, porque el deseo es la energía vital de cualquier relación, ya sea como sexo puro o como erotismo. El eros bien llevado no solo evoluciona hacia la philia (amistad con deseo) sino que también suele manifestarse como dos egoísmos que se encuentran, se comparten y se disfrutan. Eros no alcanza por sí mismo a configurar un amor completo, porque siempre vive en la carencia.


En los últimos años de nuestra relación eros estaba prácticamente desaparecido. Ya antes de la enfermedad de R las relaciones sexuales se habían ido espaciando en demasía. Hablando por mí, creo que está bastante claro (si no me engaño) que no la deseaba. Deseaba, cada cierto tiempo (cada vez más espaciado), tener relaciones sexuales y R era el cuerpo del que disponía, el que tenía a mano. Además, la tenía cariño, confianza, me sentía relajado con ella.

Ciertamente, antes de la enfermedad, las relaciones sexuales las empezaba siempre yo y casi todas veces estando ya en la cama. Se había perdido esa iniciativa de hacerlo en cualquier momento (me acuerdo de aquellos polvos muy anteriores en la cocina, iniciados con besitos míos en su cuello mientras hacía cualquier otra cosa; o una vez en los baños de un aeropuerto ...). No había desde bastante tiempo esa chispa erótica dispuesta a saltar a partir de estímulos aleatorios. Por tanto, el sexo aparecía en la cama y a instancias mías, seguramente cuando mi cuerpo me pedía descargar.

Ella reaccionaba excitándose a mis caricias (normalmente me ponía contra su espalda) y, salvo que no le apeteciese en absoluto (alguna vez), al cabo de un rato pasaba a ser también activa. En los últimos años había descubierto una práctica nueva que me producía bastante placer. Esa práctica, un poco a modo de canto del cisne, me facilitó algunos orgasmos (eyaculaciones) bastante fuertes, sensación de descarga intensa muy placentera, aunque tan breve ....

Pero, pese a ello, la verdad es que cada vez mi cuerpo reaccionaba con menos entusiasmo. No creo que fuera sólo falta de atracción hacia R; pienso más bien que tiene que ver con fallos orgánicos, descenso de la libido pero también de la funcionalidad erectil, de la producción hormonal, qué se yo ... En concreto, salvo excepciones puntuales, mis orgasmos eran cada vez menos intensos; me corría sí, pero ... De otra parte, con relativa frecuencia perdía por ratos la erección, durante las caricias y juegos previos al coito. Yo mismo estaba a disgusto con mi cuerpo y mi sexualidad.

No hablábamos mucho del tema, a lo sumo, mencionar ambos ciertas sensaciones de desagrado, pero con una nota de resignación. Yo era consciente de que el sexo no iba bien; por mi parte, pero también sabía que R no disfrutaba o que cada vez disfrutaba menos. Pero en esa dinámica monótona en que estábamos el tema se iba postergando. Luego vino la enfermedad y para mí las cosas quedaron en suspenso: se abrió un paréntesis para dirigir todos nuestros esfuerzos a superar el cáncer.

Así pues, la vida sexual casi a cero y por supuesto, casi a cero el apasionamiento. Desde luego no había enamoramiento, ni de mí hacia ella, ni de ella hacia mí (esta última carencia resultó mucho más decisiva en la crisis de pareja). ¿Estaba eros totalmente muerto? No lo puedo decir; lo que sí es verdad es que ambos lo sabíamos y ninguno hizo nada para intentar revitalizarlo (en el supuesto de que se pudiera).

Ojo: no se piense que las relaciones sexuales eran frías, meramente biológicas (para que yo eyaculara mis excesos espermáticos, simplemente). Eran insatisfactorias, sin demasiado deseo. No obstante, mientras hacíamos el amor, yo al menos, aun siendo consciente de la disminución del placer, notaba un cariño tierno hacia R, me sentía unido a ella. Seguramente, en esos momentos (especialmente cuando estaba metido en ella) era cuando más afectivamente vinculado me sentía. Es decir que creo que el sexo entre nosotros estaba operando más como un reforzador de philia (o hasta de ágape) que de eros. Sobre este mecanismo no he leído nada en el libro de Riso.

Y bueno, de momento lo dejo aquí, que estos son sólo comentarios a la introducción. Seguiré el próximo día con Philia y con Ágape (de momento a nivel introductorio).

CATEGORÍA: Sexo, erotismo y etcéteras
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martes, 14 de marzo de 2006

Introspección terapéutica

Entre el domingo y ayer lunes he leído el libro "Ama y no sufras" del psicoterapeuta Walter Riso. El autor distingue tres dimensiones del amor (eros, philia y ágape) y describe cada una de ellas, señalando la forma en que debe manifestarse.

El libro es de lectura agradable y clara. Mientras lo leía se me ocurrió que podía valerme a modo de guía para reflexionar sobre mi crisis de pareja y, a partir deella, sacar conclusiones sobre cómo soy y cómo debo orientar mis sentimientos (si es que tal cosa es posible, que creo que sí). Así que, a medida que encuentre un ratillo libre, iré releyendo el libro y, a partir de sus citas, ir comentando lo que pienso y aplicándomelo a mi experiencia de pareja "fracasada".

Me imagino que será un tema que irá para largo. Los posts referidos a esto deberían agruparse en un tema propio, como he visto que puede hacerse en blogs de otro servidor. Supongo que aquí también, pero tendré que investigar más sobre los blogs. Estos de ya.com no terminan de convencerme ... de repente me cambio en el momento menos pensado; total, no tengo lectores (jejejeje).

CATEGORÍA: Reflexiones sobre emociones
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domingo, 12 de marzo de 2006

Jesús Rollán

Esta mañana, paseando por el parque, en El País recién comprado leo que ha muerto Jesús Rollán. El periódico subtitula: "El mítico portero de waterpolo, de 37 años, fallece tras caer desde una terraza en la clínica barcelonesa en la que estaba ingresado".

La noticia me ha impresionado. Nunca veo waterpolo, salvo las competiciones nacionales ... y desde las olimpiadas de Barcelona, gracias al que han dado en llamar el dream team español. Y los dos nombres más significativos: Estiarte y Rollán. Me viene el recuerdo de la final del 92 que perdimos ante Italia (medalla de plata no está nada mal; sin embargo, he leído en algún lado que ese fue el momento más triste de Rollán). Pero cuatro años después (olimpiadas de Seul) se ganó el oro. Me acuerdo tanto de su ímpetu, su manera de animar a todo el equipo, sus paradones. Por supuesto, no le he conocido de nada, sólo su imagen, la imagen que daba en una piscina jugando waterpolo y en las escasas entrevistas (obviamente breves y superficiales) que he visto. Con tan poca cosa, sin embargo, me caía bien. Y saber que ha muerto me ha entristecido.

He buscado en Internet y la noticia, si bien aparece en abundantes páginas, es tratada con reservas y eufemismos. Cosas que he sacado en claro: estaba ingresado en una clínica en La Garriga desde octubre, en un tratamiento médico que sufragaba el Comité Olímpico Español. Parece ser que se acogió a un Programa de Tutoría de Deportistas ya que "tenía problemas de diversa índole". Indago sobre sus problemas: los primeros, una carrera plagada de lesiones, pese a su longevidad (se retiró en el 2004 y jugaba en la Selección desde los 18 años); parece ser que la espalda lo mataba, fue operado dos veces de las rodillas, tenía hernias discales y constantes problemas en los abductores. Luego me entero de que recientemente, entrenador en Italia, se separó de su mujer y que tenía dificultades para ver a su hijita de cuatro años.

Es decir, supongo que estaba pasando una depresión, que esa mano negra le estaba oprimiendo por dentro. El País dice que el centro en el que estaba ingresado está especializado en el tratamiento de adicciones; pero en ningún sitio he leído nada a ese respecto, aunque quién sabe ... Y total, qué importa. En el Mundo Deportivo alguien escribe lo siguiente:

Él, que siempre tenía un grito de apoyo para hacer reaccionar a sus compañeros; él, que siempre sacaba esa mano inimaginable cuando quedaban escasos segundos y el rival apretaba; él, que asumía la responsabilidad cuando iban mal dadas, se encontró solo en el momento más difícil, cuando más necesitaba ese grito de apoyo para sacar esa zarpa suya y parar el balón. Pero esta vez no era un balón lo que había que parar; Jesús vio llegar a la 'parca' y decidió hacer vista, cansado de muchas cosas y desubicado en un día a día en el que él no era el protagonista; en el que había perdido el aliciente para levantarse cada mañana de la cama. Quería salir de la encerrona, llevaba meses en el empeño. Pero acabó rindiéndose; él, que nunca se rendía. Se le hizo el partido demasiado largo, demasiado aburrido; no le tiraban a puerta y no tenía los focos pendientes de él. Ayer Jesús decidió tirar por la calle de enmedio. No somos nadie para juzgarle; si acaso hay que reconocerle la determinación y coraje con el que siempre actuó.

No me gusta demasiado, sobre todo porque cómo podemos imaginar si se rindió o no, si siquiera era él cuando ese cuerpo dió un salto hacia la caída libre. ¿Qué sabemos? Los que lo conocieron (los que probablemente fueron sus amigos) dicen haber recibido un golpe brutal. Porque parece que era una muy buena persona y porque no se esperaban este final ("Sabíamos que tenía algunas dificultades, pero todo apuntaba a que se estaba recuperando").

En fin, yo no le conocía de nada, salvo de verlo por la tele en piscinas de waterpolo. Pero me ha hecho pasar momentos emocionantes y me ha parecido una persona simpática, que aportaba cosas buenas. Sería, como todos, un revoltijo de virtudes y defectos, de contradicciones ... Yo no le conocía y ya nunca le conoceré. Me ha dado pena que muera, me ha dado pena que muera tan joven, y me ha dado pena descubrir que estaba sufriendo, sufriendo tanto que ha muerto.


CATEGORÍA: Personas y personajes
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viernes, 10 de marzo de 2006

Este lugar está vacío sin ti


Subía esta tarde caminando y el i-pod me regaló aleatoriamente la voz de Keith Richards. Se trata de la canción "This place is empty" del último disco de los Rolling. Es un tema triste y la voz de Richards le da el punto de tristeza melancólica tan adecuado. El estribillo lo entendía bien (este lugar esta vacío, tan vacío sin ti) y se me encajaba (como un guante) en el ánimo tristón de estos días. Me dije, en cuanto llegue a casa busco la letra en Internet y la traduzco. Pues aquí va (la traducción es muy muy libre):

Walk right in, sit on down
And make to your set off at home
Come on baby, you're just like I need
And you're hate to be Alone

Is funny how things go around
Is crazy, but it's true

This place is empty
Oh so empty
Is empty without you

Come on, bear your breath
And make me feel At home
You and me we're just like all the rest
And we don't wanna be Alone

Is funny how things go around
But go around they do

This place is empty
Empty
So empty without you

Yeah This place is empty
Empty
So empty without you

Is empty without you

Come on Simmer down
And treat me sweet and cold
At least by now you you have learnt
How to plough a fool

Is funny how dream turn around
Is crazy But it's true

This place is empty
So empty
So empty without you

This place is empty
Oh so empty
So empty without you


Vamos, cariño, eres justo lo que necesito
y tú odias estar sola

Es gracioso cómo pasan las cosas,
es gracioso, pero es verdad

Este lugar está vacío, tan vacío
Esta vacío sin ti

Vamos, dame tu aliento
y hazme sentir en casa.
Somos como los demás
y no queremos estar solos

Este lugar está vacío, vacío
Tan vacío sin ti
Sí .... Está vacío sin ti

Vamos, trátame dulce y fría
Al menos has aprendido como manejar a un tonto

Es gracioso cómo un sueño se voltea
Es gracioso ... pero es verdad

Este lugar está vacío, tan vacío
Esta vacío sin ti

Este lugar está vacío, tan vacío
Esta vacío sin ti.


La letra no es que dé para mucho, pero ¡qué bien suena en la voz aguardentosa del viejo Keith! No va a ser el morritos el único que cante.

CATEGORÍA: Canciones y otras líricas
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miércoles, 8 de marzo de 2006

Vivencias dialogadas

Encuentro ahora este escrito viejo (será del 97, más o menos). A partir de una lista de vivencias escritas por un participante en una de las BBS de los inicios de Internet, me permití yo escribir las mías. A cada frase de él (la primera) otra mía, evocada por la suya.

Yo he visto caer fulminado a mi profesor de ciencias naturales, decir: "ay", y sentarse en la silla ya muerto.
Yo he sostenido la mano de la madre de mi mujer en coma y entendí su mensaje sin palabras.

Yo me he emborrachado de moscatel a los trece años.
Yo pasé tres días borracho en las fiestas de la vendimia de un pueblo peruano y en el moscatel se ahogaron demasiadas piezas de ese puzzle de tiempo.

Yo he sabido que después de la siguiente curva aparecería el mar, y apareció.
Yo he visto el mar en el medio de un continente, aunque me dijeron que no lo era.

Yo nací muerto y me bautizaron a toda prisa en un lavabo de un hospital que se llamaba "La Milagrosa".
Yo no quise salir del vientre cálido de mi madre, pero me obligaron a fuerza de navajas.

Yo he cabalgado en un caballo junto al coche de mi padre, con la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla.
Yo he obedecido a mi padre cuando me dijo que saliera del coche medio colgando sobre un precipicio en un camino de tierra en los montes guipuzcoanos y, treinta años después, he ordenado lo mismo a mi hijo asustado, en una trocha de la Caldera de Taburiente, en La Palma.

Yo he tenido un amigo que se sabía de memoria todas las canciones de Simon&Garfunkel y murió a los dieciseis años por culpa de una enfermedad que no se conocía bien.
Yo he tenido un amigo a quien le descubrí a Dylan y su cuerpo, nunca recuperado, fué diseminado en los Andes tras estrellarse un avión.

Yo he viajado en un tren nocturno camino de una ciudad desconocida donde iba a vivir durante muchos años.
Yo, una vez, me subí a un tren que iba a Lisboa sin saber por qué lo hacía y esa noche me enamoré de una chica morena de pelo corto.

Yo he sido feliz haciendo guardias nocturnas en el campo, cuando fui soldado (he visto mariposas nocturnas de cuerpo de terciopelo negro grandes como pájaros).
Yo me reído hacia dentro mientras un militar me entregaba, con un inútil despectivo, los resultados de mi examen médico previo a la mili.

Yo he prometido amor eterno a los quince años, en verano, junto a farolas rodeadas de nubes de mosquitos, a chicas que jamás he vuelto a ver.
Yo he pensado que no podría vivir sin esa mujer que me abandonaba y a veces pienso que acerté porque ese yo ha muerto.

Yo he visitado la tumba de Machado en Colliure y me he sentado sobre la lápida, y pese a la gris tristeza de las imágenes de columnas de refugiados dejando atrás su vida, sonreí para la foto.
Yo también he visitado la tumba de Machado y lloré sin lágrimas por lo que me toca; esa noche hacíamos el amor en Carcassonne sin recordarlo.

Yo he llevado pasamontañas en invierno, cuando me despedía de mi madre en la esquina de la calle, camino del colegio.
Yo he maldecido a mis padres por hacernos ir caminando al colegio en las mañanas sin sol del invierno.

Yo he simulado suicidarme con un botellín de cerveza para impresionar a una chica que no se sintió lo suficientemente impresionada.
Yo he fingido que lloraba en sueños para enternecer a una chica que dormía conmigo sin ya quererme y sólo conseguí la prórroga de esa noche.

Yo he salido a mear de una tienda en el pirineo cuando salía el sol tras las montañas, y mi orina humeaba sobre la hierba.
Yo he sido despertado por un cabrito que mordisqueaba la hierba junto a mis pies.

Yo he nadado tan lejos de la playa que casi no pude volver, y mientras la marea tiraba de mis pies el mundo era pequeño, como las sombrillas en la costa.
Yo me he quedado dormido unos instantes eternos flotando en el mar y, al despertarme, la costa se había borrado pero luego apareció.

Yo he aparcado en el arcén para mirar el pleistoceno bajo el cielo a mis pies.
Yo he querido parar en una carretera de la Serra de Moutecinho en el crepúsculo, pero las brumas brujas de esas montañas me embargaron de ansiedad y maravilla hasta llegar a Sanabria.

Yo he visto a una mujer llorando sentada en el asfalto junto a su coche con las ruedas hacia el cielo.
Yo he visto el coche en que viajaba volcado y en llamas mientras la chica que conducía seguía dentro.

Yo he querido llorar y no he podido.
Yo también (¡cuantas veces!) , pero otras he podido llorar, sin haberlo querido.

Yo me he reído mientras algo se rompía en mis pulmones.
Yo he deseado quebrar a puñetazos en mi estómago la bola esponjosa de angustia.

Yo he repartido puros vestido de gala en un restaurante.
Yo hice cuestión de principios no vestir somoking en la boda de mi hermana y mis principios quedaron ridículos de negro.

Yo he tenido en brazos a un ser humano sin estrenar, todavía empapado del líquido original.
Yo he sentido un dolor oscuro y maternal cuando una ecografía nos descubrió que los que hubieran sido dos hijos míos eran sólo embriones muertos.

Yo he querido ser Robinson Crusoe.
Yo he querido (y sigo queriendo) dejar de ser yo para poder serlo.

Yo he mirado desde muy cerca cómo la isla de colacao se hundía poco a poco en el tazón de leche.
Yo he intentado escrutar como se disuelven los pensamientos en el sueño, pero siempre me quedo dormido.

Yo he mentido con absoluta naturalidad.
Yo me he creído mis mentiras.

Yo he creído que sería capaz de todo.
Yo he creído que tenía que hacer creer a los demás que era capaz de todo.

Yo me he rendido, y después me he arrepentido de haberme rendido.
Yo he descubierto que me había rendido cuando había pasado demasiado tiempo.

Yo me he sentido al borde del final, y al asomarme he visto que todavía había más.
Yo he sabido en varias ocasiones que era el final; luego me he sorprendido como un niño ante un regalo.

Yo he creído que si apretaba los puños al dormirme descansaría más porque me lo dijeron una vez.
Yo he dormido durante 25 años sobre el lado derecho porque me dijeron que así no tendría pesadillas.

Yo me he sentido un actor en la sala de espera de un hospital.
Yo he corrido por los pasillos de un hospital perseguido por un guardia de seguridad fuera de horas de visita.

Yo he creído que podría volar al abrir los portones de los muelles de un almacén.
Yo he soñado que mis piernas volaban pero, como el resto del cuerpo quería seguir en la cama, tuve que descoserlas para que se fuetan solas.

Yo me he bebido una botella de whisky de un tirón.
Yo he bebido, a medias con un amigo, una botella de whisky camino de una fiesta y, al llegar, comimos hierba del parterre para disimular el aliento.

Yo me he asomado a la ventana de mi casa y no he sabido dónde estaba.
Yo, un verano en Perugia, me somé a la ventana y vi a mi abuelo que había muerto.

Yo me he reído de mi sombra.
Yo nunca he podido entender los mudos reproches que mi sombra profiere.

Yo me he perdido en un bosque de la comarca de La Garrotxa, en Gerona.
Yo en la Garrotxa he visto un pájaro que sabía de volcanes.

Yo he escrito quince poemas seguidos, con la calidad que puede suponerse.
Yo he ansiado escribir una novela y la he ahogado en palabrería.

Yo he nadado desnudo en la piscina de un colegio de Pamplona, por la noche.
Yo he intentado hacer el amor en una piscina sin lograrlo.

Yo he asistido al funeral de una niña pequeña, hija de unos amigos a quienes nunca hemos vuelto a ver.
Yo he dado el pésame a la madre de una chica a quien dejé conducir mi coche para que muriera a los veinte años.

Yo he sido atracado a las seis de la tarde en un paseo céntrico.
Yo he sido atracado en el metro de Madrid con palabras de amenaza y tuve miedo.

Yo he sentido temporalmente que estaba controlando mi vida.
Yo he aprendido que no controlo mi vida, pero me empeño en negarlo.

Yo he vivido cosas que nunca recordaré, pero todo se perderá como lágrimas en la lluvia...
Y yo ....


CATEGORÍA: Recuerdos
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martes, 7 de marzo de 2006

Confianza, Magia ... Qué sé yo

Me dijo una amiga hace como un mes que ella prefería dejar de fumar sabiendo que tenía en la casa una cajetilla, aunque no la tocara. No estoy de acuerdo; si yo hubiera tenido hoy una cajetilla, a las cinco de la tarde me habría encendido un cigarro. Casi estuve tentado de bajar al kiosko a comprar uno suelto. Pero no, aguanté.

En vez de eso, me puse un rato a pensar sobre la confianza, lo bella que es y, también, cuan frágil. Me vino a la cabeza la foto esa tan bonita de la telaraña a la que se han adherido gotitas de agua formando un collar, un collar de agua, que tan poco ha de durar.

Y luego pensé en la magia que surge entre las personas y cómo quiero creer que es verdad, aunque con cuanta frecuencia mis miedos me hacen dudar. Y entonces me digo que no es otra cosa que autosugestión, quiero creer que existe y me empeño en creerlo, y hasta lo siento. Pero, ¿existe lo que yo siento o lo que siento es algo que me voy inventando de tanto quererlo? Pufff, cómo me lío.

Y la confianza es esa magia o, a lo mejor, la confianza es el canal por el que fluye esa magia. Un canal hecho de materias muy muy sutiles, tan sensibles a los cambios de humor, a los miedos. Un canal que cuesta abrir pero es tan fácil cerrar.

Iba pensando de forma inconexa y ahora me resulta muy difícil darle un orden. Requeriría disponer de tiempo y tranquilidad y hoy ... estoy tan cansado! No obstante, a modo de recordatorio, el tema de mis dificultades para mantener esos canales mágicos (escribir una breve redacción sobre mis experiencias recientes).

Dejé de pensar (aunque no del todo) para ver el partido del Barcelona y el Chelsea. Empate a 1, el Barça a cuartos de la Champions (también el Villareal, que tiene más mérito).

Y vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar.


CATEGORÍA: Auras, chakras y demás orientalidades
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lunes, 6 de marzo de 2006

Estado de salud

Como ya he escrito anteriormente, llevo una temporada en que no me encuentro demasiado bien. En verano me sentía muy débil, con dolores en el pecho y recurrentes pinchazos aguados en la cabeza. Fui al médico general, le conté el rollo y me pidió análisis: sangre, radiografía de tórax y electrocardiograma. Todo normal, así que no hay nada grave. Diagnóstico: el stress. En esas fechas estaba todavía demasiado afectado por el abandono; así que vale, me lo creo.

De entonces para acá han ido cambiando los síntomas: unos que vienen, otros que se van, pero ... la vida sigue igual (o la salud); igual quiere decir insatisfactoria. Y eso que he dejado completamente de fumar !!!!

Empecemos con el inventario de síntomas:

Primero: Sensación leve pero continuada de mareo. Es una mezcla de sueño, pesadez en los párpados y mareo propiamente dicho; como que se me va la cabeza. Lo noto especialmente cuando me muevo tras llevar un rato parado. En cambio, si estoy haciendo ejercicio no me pasa. No siento ningún dolor asociado, pero debido a su casi constante presencia, es una sensación bastante desagradable.

Llevo ya como tres semanas así. Hoy, entre harto y algo mosqueado, he ido a la médico de empresa. Toma de tensión: normal; búsqueda de contracturas en la espalda: negativa. Me sugiere que vaya al oculista (coincide con lo que me ha dicho un amigo) antes de pensar en cualquier otra cosa. Pido cita: me la dan para el 21 de este mes (15 días).

Segundo: Con demasiada frecuencia, si bien no de forma continuada, movimientos internos (como si fueran eructos por la zona estomacal o el pecho) que acaban dejándome un mal sabor en la boca. Además me quedo con una sensación indefinida de “mal cuerpo”. Tengo la impresión de que son respuestas somáticas a estados de ansiedad que van y vienen.

Tercero: Los estados de ansiedad citados. Tampoco constantes, pero sí con excesiva frecuencia, más de la que estoy dispuesto a asumir. Muy difícil de describir: el estómago presionado, la falta de aire, la inquietud generalizada ... Cuando los siento, procuro respirar pausada y profundamente. Cada vez los controlo mejor, pero parece que todavía piensan seguir visitándome.

Cuarto: Dolores de cabeza. Estos ya son más esporádicos (fueron mucho más frecuentes en verano). Son pinchazos muy agudos y muy dolorosos, pero a la vez muy breves, casi latigazos instantáneos. Luego desaparecen y la superficie craneal que ha sido sacudida se queda como temerosa de que se repita.

Quinto: Tengo desde hace al menos un par de meses un rubor en el lateral izquierdo del cuello: la piel está bastante enrojecida. De todas maneras, lo tuve peor, tanto que llamaba la atención y me preguntaban que qué me pasaba (ya no). ¿Habré de ir a un dermatólogo? Los amigos opinan que es una alergia. Mi cuñado (médico no dermatólogo) me recomendó una pomada que me estoy dando (aunque no con la regularidad que debiera) y que no parece surtir efectos visibles.

Sexto: Taponamiento de las vías nasales. Es decir, suelo estar con alguno de los agujeros de la nariz cerrado; se van alternando, pero el caso es que nunca respiro bien, nunca siento los conductos plenamente abiertos. En realidad, esto es así desde hace muchísimos años. Lo curioso es que, desde que he dejado de fumar, se ha agravado (paradójico ¿verdad?). Sobre todo por las mañanas, al despertarme, me noto un fuerte taponamiento que, poco a poco, se va resquebrajando (con producción de mocos costrosos) a medida que me pongo a hacer ejercicios nasales (básicamente, soplar por un agujero mientras cierro el otro presionándolo con el dedo). Total que lo de la nariz, los mocos, la sensación continuada de pre-catarro ... empiezo ya a considerarlo como algo crónico. Debo ir a un otorrinolaringólogo.

Séptimo: Disfuncionalidades musculares o articulares o ... En fin, aspectos que pueden asociarse al ámbito fisioterapéutico (o traumatológico). Ahora que estoy de nuevo yendo al gimnasio vuelvo a notar la falta de movilidad (y de fuerza) de los hombros, especialmente del izquierdo. Cuando hago estiramientos no es sólo que me cueste, es que me duele. Al hacer pesas apenas puedo poner peso, porque enseguida, al cabo de pocas repeticiones, noto que se me resiente el músculo y las molestias se me pasan al cuello, que se me rigidiza todo dolorosamente.

Octavo: Las disfunciones sexuales ... Bueeeno, esas merecen capítulo aparte (je je).

En fin, que estoy viejo o hipocondríaco o hecho un asco ... o de todo un poco. Seguramente nada es grave (achaques que requieren puesta a punto y cuidarse) y varios de mis síntomas (los primeros, sobre todo) pueden tener un claro componente psíquico. Pero no por eso dejan de joderme y hacer que mi estado de salud sea (ya lo he dicho): insatisfactorio.

Médicos a visitar: oftalmólogo, dermatólogo, otorrinolaringólogo, traumatólogo y homeópata; además recuperar la práctica de un masajito cada 3 semanas (ya tengo reservada hora para este miércoles a las 2 de la tarde.

CATEGORÍA: Mis estados de ánimo
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domingo, 5 de marzo de 2006

Probando a insertar archivo de audio

Este es el quinto intento, después de tres fallidos absolutamente (las canciones ni siquieran se oían en el blog de castpost) y un cuarto que funcionó. Ese cuarto lo estoy borrando ahora mismo con este post. ¿La razón? Que era la melodía de los dibujos animados de la Warner; como prueba valía, pero ya estoy mayorcito para eso.

Si funciona, esta es la canción que quería que escucharas.

Actualización (18/08/2007): La canción que originalmente se vinculaba a este post era la de Alberto Córtez "Te llegará una rosa cada día". Al pasar estos artículos del blog de Ya.com a éste de Blogger, esa canción la enlacé con el post del 26 de febrero, que era donde originalmente habría debido estar (si, en esa fecha, hubiera sabido poner archivos de audio). Así que ahora, mientras actualizo, por poner algo, subo una desde goear (ya no de Castpost) de Los Rodríguez que casualmente acaba de sonarme.




CATEGORÍA: Blogs e Internet
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Encuentro

Quiero que hagamos un experimento, que intentemos sentirnos el uno/a al otro/a simultáneamente. Se trata de acostarnos el uno/a junto al otro/a y abrazarnos, salvando los 5.600 kilómetros que nos separan. ¿Lo hacemos?

Si te parece bien, lo primero es organizarlo, ponernos de acuerdo en el momento exacto de nuestra "cita". ¿Qué te parece el miércoles a las 8 de la noche tuyas y a la medianoche mía? Entonces, un poco antes de esa hora, hemos cada uno de preparar el encuentro. Recoge tu dormitorio, que esté limpio. Coloca algunas velas y enciéndelas, si tienes incienso también. Si quieres pon música de fondo pero bajita (yo creo que no pondré, prefiero el silencio). Apaga las luces eléctricas, que sólo el resplandor de las velas ilumine tu cuarto.

Falta poco para la cita y los dos hemos preparado nuestros dormitorios. Ahora desnudémonos; si quieres déjate las bragas, pero quítate todas las otras prendas. Así desnudos, echémonos sobre la cama (espero que no tengas frío; yo habré previamente caldeado un poco la habitación).

Estamos boca arriba, con los ojos cerrados. Ponemos las manos en el centro del pecho, sobre el cuarto chakra. La mano derecha sobre el pecho, la izquierda sobre la derecha, los dedos de cada mano unidos. Nos relajamos concentrándonos en la respiración. No pensamos en nada, dejamos que la mente vaya a donde quiera, se abra para que yo pueda entrar en la tuya y tú en la mía. Así, estamos un ratito, hasta que suena la hora de la cita.

Previamente debemos habernos "cargado" del otro/a: tú de mí, yo de ti. Yo miraré larga y amorosamente tus fotos, oiré los tres mensajitos que mantengo atrapados en mi contestador, releeré algunos de tus mails. A lo mejor, hasta me imprimo la foto en que me enviabas un beso y la pongo en la mesilla, junto a la cama. Tú haz lo que mejor te parezca, pero intenta llenarte de mí antes de echarte en la cama.

Vale, en tu dormitorio son justo las 8, en el mío es exactamente la medianoche. Tenemos que empezar a pensar el uno/a en el otro/a, a llamarnos mental e intensamente. Y de pronto yo voy a estar echado a tu lado en tu cama y tú vas a estar echada a mi lado en mi cama. Y cada uno/a, sin movernos, notamos el peso del otro/a al lado. Notamos también, aunque de forma muy tenue, su calor; sentimos, también muy tenue, su latido. Nos quedamos un ratito (entre cinco y diez minutos) así quietos: sintiendo cada uno al otro a su lado. Durante ese breve tiempo nos hablamos, nos saludamos. Díme lo que te apetezca, susurra tus palabras; yo haré lo mismo. Tenemos que oírnos.

Por cierto, importante: Yo estaré a tu derecha, así que acuéstate por el lado izquierdo de la cama. Obviamente, yo me acostaré en el lado derecho de mi cama para dejarte a ti el izquierdo.

Pasado ese primer ratito del encuentro extendemos una de nuestras manos separándola del pecho. La mía será la izquierda, la tuya será la derecha. Ambas manos se encuentran y nuestros dedos se entrelazan. Concentrémonos en los dedos de esa manos, notemos el tacto de los otros dedos que, desde tan lejos, nos están tocando. Así otro ratito, yo apretando mis dedos y sintiendo los tuyos y tú lo mismo. Y durante estos cinco o diez minutitos, te seguiré susurrando palabras bonitas y quiero oír las que tú me digas.

Ahora gírate, ponte de lado acostada sobre tu lado derecho. Yo estoy haciendo lo mismo, sobre mi lado izquierdo. Nos estamos mirando, pero no abrimos los ojos, no hace falta. Estoy dejando que mi mirada se hunda en tus preciosos ojos; haz tú lo mismo. Sonreímos mientras nuestras miradas repasan nuestras caras, veo que te brillan los ojos y entreabres los labios; seguro que yo estoy haciendo lo mismo.

Seguimos con los dedos entrelazados, y ahora el otro brazo (mi derecho y tu izquierdo) se separan de nuestros respectivos pechos y se extienden hacia el otro/a. Alarga tu brazo y tócame la espalda ... y siéntela en las yemas de tus dedos, luego apoya la palma de la mano. Nos acercamos más el uno al otro (nos movemos cada uno hacia el otro, apenas un poquito, serpenteando el cuerpo sobre la cama). Mi brazo derecho abarca ahora todo el ancho de tu torso y empiezo a acariciar, muy despacio la parte alta de tu espalda. Mientras tú me estás haciendo lo mismo.

Nos soltamos las manos y acariciamos muy despacio la cara del otro/a. Yo haré lo que cuenta Cortázar en el capítulo 7 de Rayuela; te lo transcribo:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar ...

Estaré un ratito dibujando tu boca con la yema del dedo índice izquierdo; luego te perfilaré los ojos, luego varios dedos juguetearán con los lóbulos de tus orejas. Durante esa exploración de mi mano izquierda, la derecha levantará los dedos sobre tu espalda y estos, pasito a pasito, subirán hasta el cuello, hundiéndose por debajo de tus rizos rubios. Y deditos que pasarán a ser mano acariciando el cuello ... ¿Qué estarás haciendo tú mientras? Que quiero sentirlo.

Llevamos ya un ratito (otros cinco minutitos) acariciándonos la cara. Ahora yo te la voy a coger con las dos manos, una en cada mejilla y quiero que, al mismo tiempo que lo hago, tú estires los brazos y me rodees el cuello. Y entonces volvemos al capítulo 7 de Rayuela (ligeramente modificado por mí):

Nos miramos (con los ojos cerrados), de cerca nos miramos, cada vez más de cerca, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y nuestras respiraciones se confunden (notas mi aliento en tu boca y yo el tuyo en la mía). Y entonces, nuestras bocas se encuentran tibiamente, nos mordemos con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en el recinto oscuro de nuestras bocas hasta ahora desconocidas, saboreando un aire húmedo y pesado que va y viene con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura ... Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Y ahora, con mi boca llena de la tuya (y espero que a la inversa), te abrazo y pego mi cuerpo al tuyo. Quiero notar tu calor en mi piel, siento tu carne que acoge la mía y me dejo ir, relajado, a las sensaciones de tu cuerpo. Resbalo mi cara por tu cuello y te beso suave debajo de la oreja y te susurro lo que te puedes imaginar. Y así, abrazados, nos quedamos otro ratito.

Y nos dejamos ir el uno/a al otro/a. Ha pasado media hora, quizás algo más. Abrimos despacio los ojos y sonreímos al que se ha ido. Pero confío en que nos hayamos sentido mutuamente. Que nuestras dos mentes y energías sincronizadas hayan logrado más que una mera ilusión.

Sólo quiero experimentar sentir tu piel. Nada más; cualquier otra cosa sería pedir demasiado y la reservo para otros encuentros, ya no virtuales. Pero tenemos que hacer todo lo que te he descrito los dos a la vez, sin sentirnos ridículos, creyéndonos de verdad que estamos con el otro/a. ¿Quieres que lo intentemos en serio, que pongamos en ello nuestro empeño? Confírmamelo.


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sábado, 4 de marzo de 2006

La mujer justa

En agosto pasado, en pleno desconsuelo del abandono, me tocó leer la novela "La Mujer Justa" escrita por el húngaro Sándor Márai en 1949 (en ese año publica la versión definitiva, estando ya en el exilio). El libro se compone de tres monólogos, uno por cada uno de los tres personajes de una relación amorosa triangular. Primero, en una elegante cafetería de Budapest, una mujer relata a su amiga cómo descubrió que su marido estaba entregado en cuerpo y alma a un amor secreto que lo consumía y cómo ella intentó en vano reconquistarlo. Segundo, también en la capital húngara, el hombre confiesa a un amigo cómo dejó a su esposa por la mujer que deseaba desde años atrás para después perderla para siempre. Finalmente, en una pequeña pensión romana, esta mujer cuenta a su joven amante cómo ella, de origen humilde, se había casado con un hombre rico pero el matrimonio había sucumbido al resentimiento. Cada uno de los tres personajes cuenta su vida (cada uno un periodo distinto) como si respondiera a una ley inmutable que ninguno de ellos podía cambiar, con un realismo crudo y fatalista, con la resignación de saber que la felicidad es un estado que no les está permitido conseguir.

Como otras novelas que he leído de Márai, ésta es muy buena. Pero su lectura coincidió con ese estado de ánimo en que parece que lo escrito lo está para ti, que el autor está hablando de asuntos que te conciernen. "La Mujer Justa" fue, entonces, la novela justa. En ese tiempo pensaba mucho, escribía mucho, le daba mil vueltas a lo que me (nos) estaba pasando. Leí el libro con un lápiz rojo, subrayando aquellas frases que más me tocaban. Luego, por las noches, las transcribía al ordenador y anotaba algunos comentarios propios.

Paso ahora a este blog absurdo algunos de esos comentarios, ya con algo más de medio año de edad. En este periodo han ido evolucionando mis sentimientos, mi manera de entender las cosas y, sobre todo, de valorarlas. Lo que entonces era negativo he empezado a verlo de forma positiva, en términos de cambio, de oportunidad de renacimiento. Mucho han contribuido algunas personas, cada una a su manera, pero todas dándome cariño. Si releyera el libro ahora quizás no me resultara tan elocuente o quizás me sugeriría otras reflexiones.

Las almas apasionadas son orgullosas, sufren muchísimo (pag 58)

Preguntas: ¿y los orgullosos son apasionados?¿El sufrimiento es el producto de la interacción de pasión y orgullo? En R, desde luego, hay orgullo y pasión.

Dios no permite que ahoguemos con pasiones las grandes cuestiones que nos plantea la vida (pag 59)

Pero, ¿cuáles son las grandes cuestiones? En todo caso, es cierto que las pasiones ahogan todo lo ajeno; más que ahogar, yo diría que lo barren como un vendaval. Pero lo ajeno (sean o no grandes cuestiones) sigue ahí. Y cuando dice Dios (es un sacerdote quien habla) ¿quiere decir el principio de lo justo? En tal caso, estaría afirmando que no es lícito, que es éticamente malo dejar que las pasiones ahoguen las grandes cuestiones de la vida.

Usted quiere privar a un hombre de su alma. Eso es lo que siempre quieren hacer todos los enamorados. Y eso es pecado. (pag 59)

El pecado es lo éticamente malo (prescindamos de las acepciones religiosas). En la siguiente frase se aclara: pecado es no contentarse con lo que una persona (la que amamos) nos da libremente y exigimos sus secretos, su libertad. El ansia de poseer el alma del amado quizás no sea ilícita; en todo caso va aparejada al amor (sobre todo al amor pasional). ¿Necesidad de que ese alma llene nuestro vacío? Lo ilícito es forzar esa entrega.

La pobreza y la enfermedad cambian de forma sorprendente el valor de los sentimientos y de las complicaciones emocionales (pag 87)

Por supuesto. Y añado: también trastocan y revolucionan los sentimientos. ¿Confiar en que la realidad irrumpa en una pasión para que el humo se disipe? Lo verdaderamente heroico sería dejar que el fuego se agote al quedarse sin leña. No puede haber más leña en el fogón que ahora está ardiendo que en el abandonado. Pero duele tanto que este último se haya quedado frío.

¿Qué sabía? Simplemente, que en los asuntos del corazón no hay consejo que valga (pag 112)

No valen porque no se quieren oir. Pero sí hay consejos válidos, porque todo se repite y todo responde a mecanismos casi eternos de tan repetidos. Pero el aconsejado, el que necesitaría una guía, no quiere el consejo. Quiere sentir, vivir el sentimiento, aunque sepa (pero a esa sabiduría se la reprime) adonde llevan esos sentimientos. Ha de agotarse el fuego, ha de cumplirse el ciclo. ¿Se puede acelerar el proceso? Seguramente sí, pero imagino que no es lícito (el pecado del que hablaba el sacerdote).

... la razón no puede iniciar ni detener los sentimientos. Pero puede disciplinarlos (pag 115)

Es el escritor quien está explicando a la primera mujer el desbordamiento del enamoramiento, que deja el alma inundada. Ante ese torrente, todo se ahoga (el pecado del sacerdote, referido con una metáfora similar). La razón no puede nada; a lo sumo procurar encauzar, minimizar los daños de la riada. Pero esa razón necesariamente ha de ser la del que está viviendo el enamoramiento, no la de otro (no, por ejemplo, la de quien se ve arrasado por la inundación). Esa razón, si el enamorado es suficientemente honesto consigo mismo, debería ser capaz de ver lo que siente y sus efectos. Eso quizás no pueda impedir que siga sintiendo; ni siquiera debe implicar una oposición a seguir sintiendo. Pero sí al menos debe funcionar como un asidero de reserva que, luego, cuando pase la primera riada, permita salir más fuerte, conociéndose mejor. Y también debería valer para no dejarse engañar: para distinguir la pasión del deseo de pasión, para notar cuando se está alimentando una riada que ya no existe. Pero quien está enamorado no quiere recurrir a la razón; y si ésta aparece (a lo mejor desde la conciencia), se la rechaza, porque es incómoda para el sentir.

... esa especie de hechizo, ese estado de ánimo de los enamorados ... tiene algo en común con el desvarío de los hipnotizados. No ven nada más que un rostro, no oyen nada más que un nombre. Pero un día se despiertan. (pag 128)

Sin comentarios.

Todas nuestras explicaciones de los acontecimientos están viciadas por un irremediable halo literario ... La autocompasión, las mentiras sentimentales y las complicaciones artificiosas ... (pag 137)

Habla Peter y me siento muy cerca a sus opiniones en este asunto. En los últimos meses me vienen resultando cada vez más odiosas las metáforas. Se dicen frases ambiguas, algo rimbombantes, que suenan muy bien y que apenas precisan nada. No es sino una forma de mentira, de esconder la verdad, de no atreverse a mostrar lo que se siente en su desnudez. No necesariamente nacen de una voluntad de engañar; con frecuencia es el miedo a la honestidad, la incapacidad de exponer lo que se siente (incluso ante uno mismo). También (sobre todo) es un mecanismo de defensa emocional, una autojustificación hermosa que permite seguir sintiendo, dejándose arrastrar por la riada emocional sin tomar las riendas del propio alma. Naturalmente, mientras la riada tenga empuje, la mentira literaria no molesta, ayuda a disfrutar. Pero se sale igual o peor que se ha entrado; sin haber crecido en el conocimiento de uno mismo; con rencores contra quienes no han sido capaces de mantener una inundación (y todas las inundaciones se acaban) e insatisfacciones de las que se acusa al mundo. Es la autocompasión (acompañada muchas veces de orgullo): no se quiere ver que el dolor está dentro de uno.

Ojalá pudiéramos enfrentarnos con honestidad a nosotros mismos. Y desde nuestra verdad (sin metáforas engañosas) ofrecer amor.

Pero en lo que me resta de vida yo también quiero entregarme a una pasión. La pasión por la verdad. No voy a tolerar que sigan mintiéndome, ni la literatura ni las mujeres; y no me permitiré en caso alguno mentirme a mí mismo (pag 137)

¿Puede ser capaz alguien de lograr esta meta? Es doloroso. No obstante, creo que es una exigencia ética básica; quiero decir que debe estar en la base de cualquier otro esfuerzo de superación personal.

Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa. ... no hay nada de lo que avergonzarse en la vida excepto de la cobardía, que hace que uno no sea capaz de dar sentimientos o no se atreva a aceptarlos. (pag 146/147)

Quizás la incapacidad de dar sentimientos y/o de aceptarlos no se deba sólo a la cobardía o al orgullo. Yo soy (he sido) bastante incapaz de ambas cosas y, sin embargo, no me considero (al menos, no demasiado) ni cobarde ni orgulloso. Puede que esta incapacidad provenga de frustraciones, de amputaciones que uno haya sufrido; así, lo que sea que debe funcionar para que circule (en ambas direcciones) la transferencia del sentimiento con el otro está medio atrofiado. Pero aun así, hay que reconocer que esta explicación es insuficiente, y hace falta recurrir a la cobardía y/o al orgullo. Porque, salvo que uno sea tonto (pero muy muy tonto), te das cuenta de que los sentimientos no están circulando con la fluidez que debieran (y eso levanta murallas). ¿Y por qué no remedias esa atrofia? Cobardía, orgullo ....

... el amor mal interpretado o erróneamente exigido causa más víctimas que la lejía, el automóvil y el cáncer de pulmón juntos. Las personas se matan con el amor como a través de una emanación invisible y letal. Exigen cada vez más amor, quieren para ellos toda la ternura del mundo. Desean sentimientos completos, totales, pretenden extraer de su entorno toda la fuerza vital con la avidez de ciertas plantas gigantescas que absorben sin piedad de los acuíferos y los mantillos de su alrededor toda la humedad, la fuerza, el aroma y la luz. El amor es un egoísmo sin control (pag 167/168)

Se refiere (así lo dice) al amor erróneamente exigido. Sobre todo, creo yo, al enamoramiento. Pero ¡qué difícil es interpretar bien el amor! Casi hay que ser un santo. Y qué jodido cuando quieres hacerlo demasiado tarde y ya no te dejan dar lo mucho que tienes para dar.

No se pueden juzgar las elecciones fundamentales de la vida en términos tan comerciales. No es cuestión de que merezca o no la pena sino de que uno se vea obligado a hacer algo porque así lo ordena su destino o las circunstancias, o su temperamento, o sus glándulas hormonales ... y entonces uno supera su cobardía y actúa (pag 170)

Tal como está construido el personaje, no creo que con estas frases quiera decir que es éticamente bueno hacer lo que ordena el destino (o quien sea que lo ordene); simplemente, que no hay tu tía, que en determinados momentos de la vida se impone la necesidad de vivir (de sentir) algo. Es decir, acepta la inevitabilidad de la fuerza de algo externo que se le impone al hombre y que lo arrastra consigo, independientemente de que ello merezca o no la pena o, incluso, de que sea bueno o malo (para él y para los demás). Volviendo a la riada: no se puede evitar dejarse arrastrar por la riada. Los que nos quedamos fuera de ella no podemos hacer nada sino esperar a que pase y, en todo caso, intentar poner algunos diques (débiles) protectores. Y, por supuesto, confiar en que, aunque esa persona se esté dejando arrastrar, no renuncie a la honestidad.

Quizá entonces todavía ... esperaba que existiese un cuerpo, un único cuerpo capaz de acoplarse en perfecta armonía a otro cuerpo para aplacar la sed del deseo y el hastío de la satisfacción en una especie de manso reposo, en ese sueño que los hombres suelen llamar felicidad. En la vida real no existe, pero yo entonces no lo sabía (pag 187)

Ciertamente que la perfección y la completa calma del deseo y del hastío no se encuentran en ningún cuerpo. Pero yo sí he sentido en un cuerpo un alto porcentaje de esa paz a la que se refiere; y efectivamente, aunque efímera, esa sensación es de felicidad (a lo mejor, porque dejas de ser sólo tú y sientes que has anidado en otra alma; seguramente es una sensación engañosa esa de acariciar una especie de trascendencia: al final siempre estamos solos).

Pero para el delirio no hay explicación. Tarde o temprano irrumpe en todas las vidas ... y quizá sea muy pobre la existencia que no se ha visto arrastrada al menos una vez por la tormenta del delirio. .... ¿Me preguntas si me arrepiento? No, no siento el menor arrepentimiento. Pero tampoco puedo decir que aquellos minutos recojan el sentido de mi vida. Simplemente sucedió, igual que una enfermedad; (pag 195/196)

¿Y si lo que uno ansía es estar siempre enfermo? Supongo que hay que buscar (y encontrar) el equilibrio. Sin inundaciones, pero también sin sequías.

Y mientras tanto, ambos lo saben todo: el paciente sabe que está muy enfermo y el médico también lo sabe, y sabe además que el enfermo sospecha la verdad sobre su enfermedad y que sabe que el médico se la oculta. Pero ninguno puede hacer nada, hay que esperar hasta que la enfermedad hable por sí misma. Y entonces habrá que intervenir como sea. (pag 202)

La enfermedad es el sentimiento que inunda el alma. Quien lo sufre sabe que está enfermo (pero quiere seguir estándolo); quien le ama (y ha sido apartado por la riada) sabe lo que está pasando. Y el enfermo sabe que el otro lo sabe (porque no se lo oculta, a diferencia del médico; aunque no quiere creerle). De todas formas, el resultado es el mismo: nadie puede hacer nada, salvo esperar que la enfermedad llegue a una crisis. Y entonces: ¿cómo se interviene?

Y los celos ... ¿Qué sentido tienen? ¿Qué hay detrás de ellos? Vanidad, por supuesto. ... el carácter de un ser humano está compuesto en su mayor parte de orgullo; el resto es una mezcla de deseos, generosidad, miedo a la muerte y sentido del honor. Cuando un hombre enamorado camina por la calle con los ojos inyectados en sangre porque teme que una mujer -que es igual de orgullosa y desgraciada que cualquier otro ser humano, que también está llena de deseos y de soledad, sedienta de felicidad- pueda estar descansando en los brazos de otro hombre .... lo que pretende no es salvar el cuerpo o el alma de su amada ... sino resguardar su propio orgullo ... (pag 241)

Puede que sea así, aunque no creo que en su totalidad. Y en cualquier caso, aunque se admita que es vanidad, amor propio ... ¡qué difícil es asumir que la persona amada ama a otro! ¿Por qué? ¿Porque nos está quitando un amor que pensamos que debe dárnoslo a nosotros? Entonces sí sería vanidad. Esto supone creer que el amor es cuantitativo y, por tanto, lo que se le da al otro se le quita al uno. Desde esa concepción, ya no es sólo vanidad; también hay miedo a perder el amor, a perder a la amada.

La cuestión es si es verdad que el amor sea cuantitativo. En términos generales tengo bastante claro que no. Se puede amar a más de una persona y no creo que ello implique disminuir la cantidad de amor hacia uno cuando se aumenta la que va hacia el otro. Ahora bien, en términos prácticos creo que es muy difícil, al menos para bastantes personas. Y sobre todo el amor pasional, porque me da la impresión de que este sentimiento es excluyente, ya que tiene una componente obsesiva muy fuerte. El enamoramiento te absorbe y, por tanto, sólo eres capaz de dirigirlo hacia el objeto de pasión, no se puede (creo) compartirlo. Los celos entonces, entendidos como miedo a perder amor de la persona amada, sí tienen base real.

Pero también es cierto que cuando la persona amada se enamora de otro es porque no está enamorada de uno. Lógicamente, si el amor apasionado es excluyente y obsesivo, no puede dirigirse hacia otra persona cuando ya existe: si ella está enamorada de mí, mientras lo siga estando, no puede enamorarse de otro. Por tanto, si se enamora de otro no me está quitando esa pasión porque, simplemente, ya no me la estaba dando.

En el momento de enamorarse de un tercero, la persona amada está llenando (o empezando a llenar) un vacío que existe: la falta de estar enamorada de mí, la falta de pasión hacia mí. Así pues, se enamora porque está predispuesta a enamorarse y, obviamente, aparece alguien de quien puede hacerlo (que activa los mecanismos adecuados para que se dispare el enamoramiento). Y a partir de ahí, la pasión se vuelve el sentimiento más fuerte (por su propia naturaleza) y tiende a excluir los demás. Puede seguir amando al anterior (del que no estaba enamorada), pero ese amor queda latente, sepultado bajo la abrumadora inundación de la nueva pasión. Y además, ese amor hay que ponerlo en "stand by" porque molesta al fluir libre y exagerado del enamoramiento.

El enamoramiento es una droga maravillosamente embriagadora, una borrachera de endorfinas que mantienen a quien lo vive en una excitación brutal. ¿Cómo no sentirse vivo? Lleno de vida, de entusiasmo. Y si es un enamoramiento poco teñido de realidad (con poca convivencia, sin irrupciones de las vulgaridades normales de la existencia), mucho mejor porque la pasión rellena e idealiza la relación, se retroalimenta.

¿Puede el amante abandonado competir con ese nuevo enamoramiento para recuperar su amor? Desde luego que no; o al menos no mientras la inundación esté en la fase de crecida caudalosa. El amante abandonado habría debido darse cuenta de que la pasión había desaparecido y, sobre todo, de que ella ansiaba sentirla. Seguramente no es posible, en una relación estable, mantener la pasión; pero sí debe poderse llenar la necesidad de afectividad, de amor con continuidad; e incluso reinventar la relación para evitar la sensación de hastío, de abandono, de alejamiento (sobre todo) entre los dos.

La lección que se aprende es que hay que evitar la desidia, que en una relación hay que estar constantemente atento a los sentimientos y necesidades afectivas del otro. Pero eso es un esfuerzo grande, que solo se justifica si realmente ambos amantes quieren mantener la relación, quieren que su relación sea el ámbito en el que buscar la felicidad, en el que crecer y resolver sus ansiedades, etc. Llego pues a algo de lo que hace tiempo estoy convencido: conservar (y hacer crecer) una relación amorosa es principalmente (no solo) cuestión de voluntad; hay que querer, hay que empeñarse en que funcione, en que sigamos siendo felices.

Y en este punto es obvio que uno solo no puede. Uno puede estar atento a las carencias del otro e intervenir para saciarlas. Pero el otro debe ser capaz de hacérselas ver, no debe dejar que sus vacíos vayan ahondándose, no debe callar mientras nota que se ensancha el alejamiento. Sin embargo, llegados a una determinada etapa del desencanto, el pecado de omisión no es sólo por falta de voluntad; seguramente entonces uno no se siente capaz de salvar la brecha que nos separa: ve que las cosas van mal, pero se resigna, se nota débil.

Total, que uno se queda celoso, asistiendo al enamoramiento de aquella a quien ama y comprendiendo los errores cometidos y sintiendo, a la vez, que el comprenderlos no le vale para lo que más quiere en este momento: recuperar a su amante, que la pasión que ella siente vuelva hacia él. Uno se promete que en el futuro intentará estar atento, se esforzará en aprender a dar amor, en no dejar que el vacío vuelva a surgir en el corazón de su amada; pero, al mismo tiempo, duda de que haya un futuro con ella en el que pueda poner en práctica sus propósitos de enmienda.

Así que se atormenta, vive en una tristeza continua, se emociona hasta el llanto con cualquier recuerdo de los muchísimos momentos juntos, se angustia ante la probabilidad cierta de que no vayan a repetirse. Y además, se desespera ante la incapacidad de hacer nada. Necesita hacer algo, enfrentarse a esta tremenda agresión a su amor, a su vida. Pero no puede hacer nada, al menos nada inteligente, nada que conduzca a recuperar su relación.

Sólo esperar. Esperar a que la pasión se extinga (o se atenúe). Esperar a que ella vea algo más que su sentimiento excluyente. Esperar a que comprenda que ese sentimiento es una borrachera de sus propias necesidades y que, por tanto, no se resuelve con un enamoramiento ilusorio, porque no tiene las bases para dar paso al amor. Esperar a que entonces, cuando eso ocurra, vea que yo estoy ahí, amándola, ansiando reconstruir con honestidad la relación.

Sólo esperar y, en todo caso, hacerle ver con continuidad que estoy aquí, a su lado, aunque no sea físicamente, aunque la moleste. Y este es otro asunto poco claro: ¿cuánto y cómo debo hacerle ver mi amor? Porque el hacérselo ver le resulta lógicamente incómodo; es una interferencia en la vivencia intensa del enamoramiento. Es (puede percibirse así) un reproche mudo. Y la defensa de la parte de ella que quiere vivir esta pasión podría ser el revolverse rencorosa, cogerme tirria, buscar más argumentos para pintarme como el mal bicho que la hace infeliz y poder justificarse (en su plano inconsciente).

Supongo que hay que encontrar un equilibrio: no agobiarla, pero tampoco dejar que olvide que estoy aquí, esperándola. Quiero que ella tenga presente siempre que la quiero y quiero que volvamos a estar juntos, que quiero reconstruir nuestra relación desde la honestidad, que sé (no que sospecho) lo que está viviendo y que, aunque me duele, entiendo que necesita (en estos momentos) vivirlo, que quiero que no se engañe ....

La cuestión es si podré aguantar. Si podré seguir queriendo lo que quiero, si me nacerá el rencor, si haré alguna gilipollez. No lo sé. Y me imagino que ella no debe ni habérselo planteado .. o quizás sí. Obviamente, el factor tiempo es fundamental: ¿cuánto va a durar esto? Porque está claro que hasta que el enamoramiento no afloje yo no tengo posibilidad de recuperarla, no tengo ni siquiera posibilidad de que me deje llegar mínimamente a su corazón, porque está totalmente ocupado. Además, ella lo sabe y evitará darme oportunidades para que haga flaquear su pasión.

Me he desviado demasiado en el comentario a esta cita. Para acabar: celos, sí hay y sí nacen del orgullo, pero sobre todo del miedo a perder a alguien a quien quiero tanto. Lo que pasa es que los celos pesan en mis sentimientos muchísimo menos que el dolor y el deseo de recuperarla. Y como interfieren en este deseo, los arrincono, los obvio. Mientras aguante.

Pero la esperanza no es otra cosa que miedo de aquello que más deseamos y en lo cual no creemos ni confiamos del todo. (pag 249)

Así es ahora mi esperanza.

el amor, si es verdadero, siempre es letal ... su fin no es la felicidad ... el amor es una llama más siniestra, más trágica. Un día se enciende el deseo de conocer esa pasión destructiva ... La naturaleza regala al ser humano la pasión, pero pretende que esa pasión sea incondicional. En cualquier vida digna de tal nombre llega un momento en que uno se hunde en una pasión. (pag 251/252)

Naturalmente, se está refiriendo al amor pasional. Por eso no dura, por mero instinto de supervivencia. A lo mejor vivir exige un pacto personal e íntimo (un equilibrio) entre el ansia de pasión que se lleva dentro y las restantes cosas, también necesarias para alcanzar cierto grado de felicidad. Y sobre todo, para no palmarla. Me acuerdo de la canción de Sabina: "porque el amor, cuando no muere, mata / porque amores que matan nunca mueren". Es muy bonito, muy poético, pero falso. Esos amores siempre mueren, ya sea porque no se pueden aguantar o, en el peor de los casos, porque matan de verdad (y los muertos no aman).

Dos personas que significan algo la una para la otra no pueden vivir guardando un secreto en el corazón. En eso consiste la traición. (pag 258)

Sé de más de uno/a que no están de acuerdo. Ciertamente dos personas que se aman sí pueden guardar secretos entre sí, pero esos secretos, a la corta o a la larga, son rémoras en su amor. Lo ideal (para mí) es que no sintiéramos la necesidad de ocultar secretos. Pero es un ideal que costará mucho conseguir (y probablemente no se conseguirá). Como en casi todo, lo importante es la voluntad de esforzarse en lograrlo.

Si uno sabe que está ocultando secretos al otro, no es que deba desplegarlos, pero sí preguntarse por qué tiene que esconder esa parte de sí. Y normalmente será porque ese secreto llena algo que el otro no le llena. Y entonces, quien oculta habrá de cuestionarse (si es honesto consigo mismo) si lo que conviene es intentar llenar ese vacío (con lo que, de lograrlo, la necesidad de ocultamiento desaparece) o es mejor (por diversos motivos) renunciar al intento, admitiendo que en esa relación no puede encontrar todo lo que quiere (y aun así seguir porque le compensa). Intuyo que esta segunda opción, aunque sea la que en muchos casos haya de imponerse, es peligrosa a medio plazo.

Otra cosa distinta es si puede mantenerse una relación cuando el secreto ha sido descubierto, pero se sigue negando, se sigue intentando ocultarlo.

La historia entre dos personas tiene que llegar siempre hasta el final, hasta sus últimas consecuencias, si es necesario hasta la aniquilación. (pag 263)

Pues vale: hay que apurar hasta la última gota, por amarga que sea. ¿Es lo que me toca o me estoy poniendo melodramático?

CATEGORÍA: Literaturas
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