sábado, 5 de enero de 2019

Etapa 21: Fonsalía - Chirche

La primera caminata del año nos lleva a Fonsalía, donde habíamos acabado la etapa vigésima el domingo 16 de diciembre, antes del desbarajuste navideño (el pasado fin de semana recuperamos la que teníamos pendiente a través del Macizo de Teno). El punto de encuentro (y que será fin de etapa) es Chirche, caserío en la parte alta del municipio de Guía de Isora (en tono a los 900 msnm); allí dejamos mi coche y bajamos hasta Fonsalía en el de Jorge, que se queda aparcado en la vía que, desde la nueva glorieta de la TF-6237, entra hacia el litoral; son poco más de las nueve de la mañana del sábado cinco de enero, víspera de Reyes. Caminamos hasta la mencionada glorieta que es en la que remata –por el momento– la carretera de reciente ejecución que enlazará la autopista con lo que ha de ser el futuro puerto de conexión con las islas occidentales. El proyecto está acabado hace años pero aún no está nada claro cuándo se acometerán las obras; el problema principal es una discusión de competencias entre la Comunidad Autónoma y el gobierno central. Entre tanto en el Cabildo nos toca impulsar el Plan Territorial Parcial que ha de ordenar el ámbito de tierra comprendido entre los núcleos urbanos de Alcalá y Playa de San Juan; ya hemos empezado pero vamos lentos y dubitativos. Cruzamos la rotonda y enfilamos hacia el noreste por un camino de tierra que bordea la gasolinera de Disa. Son solo 300 metros hasta que doblamos a la izquierda por una pista asfaltada entre dos muros de explotaciones agrarias. Estamos en la parte de la Isla con mayor presencia de la agricultura de exportación con fincas de gran tamaño (para la escala tinerfeña) que se han construido sin apenas atención al paisaje: sorribas de tierra traídas del Norte (mucha de Teno), enormes desmontes y muros de contención, amplias superficies de invernadero. Pero, si bien es cierto que las actuaciones agrarias de los últimos cuarenta años no han sido por lo general nada modélicas, el principal factor de deterioro paisajístico se debe sobre todo al abandono de la actividad y a la aparición de usos residuales, todo ello sin el más mínimo control, generándose así una imagen sucia, propia de un basurero. No es casualidad que en toda esta amplia banda del municipio isorano, desde la carretera costera hasta el eje de medianías (la TF-82, ahora casi sin tráfico desde la puesta en servicio de la autopista TF-1) no haya ningún sendero; no es porque no puedan trazarse y ponerse en uso sino sencillamente porque no es éste un territorio que convenga mostrar a turistas. El primer ejemplo de fealdad nos lo encontramos nada más girar hacia la derecha por la pista de la Gambuesa: fincas abandonadas en las que ahora se depositan vehículos y otras chatarras; solo los muros de piedra atestiguan los cultivos que ya no están (La Gomera al fondo).



La pista asfaltada por la que subimos es una larga recta de un kilómetro. Luego el terreno se empina y el trazado se vuelve sinuoso y así seguirá durante los casi tres kilómetros siguientes, hasta que la pista desemboque en la carretera que viene desde Playa de San Juan, la TF-463. El paisaje no varía respecto de lo ya descrito: fincas de plátanos al aire libre y bajo invernaderos pero muchas, demasiadas, abandonadas, incluyendo las correspondientes construcciones. Pronto nos encontramos con una antigua vivienda, los muros sin vestir y los vanos tapiados, los bancales languideciendo. Frente a la fachada dos hermosos laureles; opina Jorge que debieron plantarlos cuando levantaron la edificación, tal vez en los sesenta. Luego más arriba nos topamos con una edificación ruinosa de mayor tamaño que debió ser la vivienda principal de una explotación importante; ahora está en venta. Un poco más adelante aparece otra edificación dividida en cuartos que debían ser los dormitorios de los peones agrarios. Al llegar a la carretera, en la zona llamada Lomo el Balo, la ruta prevista continuaba atravesando una finca privada para enlazar con otra pista que llegaba casi directamente al núcleo de Guía. Pero unos perros –estaban atados y ansiosos por ser acariciados– y un letrero de prohibido el paso nos aconsejaron desistir y seguir por la carretera (luego, en casa, pude comprobar que, si hubiéramos bajado por ella en vez de subir, a solo 250 metros habríamos encontrado ese camino público y la distancia habría sido bastante menor). En fin, que caminamos cuesta arriba por la carretera, mirando de vez en cuando a nuestras espaldas las panorámicas del paisaje ya descrito con el mar y La Gomera al fondo, y al cabo de dos kilómetros llegamos a la glorieta que han construido bajo la autopista; eran más o menos las once de la mañana, llevábamos recorridos unos siete kilómetros y habíamos subido hasta los 500 metros sobre el mar.


Los novecientos metros que nos quedan para llegar a la TF-82 ya en la capital municipal corresponden al tramo final de la carretera de Playa de San Juan, pero totalmente remozada con motivo de la prolongación de la autopista del Sur; ahora, más que una carretera local, se ha convertido en un ramal de conexión a aquélla y, por lo tanto, con bastante más tráfico. Sin ninguna incidencia entramos en el casco urbano por la carretera que, en ese tramo de travesía, se llama Avenida Isora y es el eje más comercial del núcleo. Giramos hacia el interior por la calle acertadamente bautizada como La Entrada, doblamos luego por la calle de Arriba, después hacia abajo por los callejones del Mentidero y del Pilón, volvemos a aparecer en la carretera general, giramos hacia adentro por la calle de la Cruz y nos detenemos un momento a ver el nuevo centro cultural y auditorio, por fuera nada más porque está cerrado. El edificio se inauguró en 2005 pero yo no lo conocía y eso que desde entonces he venido aquí más de una vez. El edificio no está mal aunque, para mi gusto, abusa de demasiados materiales en fachada (aplacados, piedras, hormigón visto, vidrio). Unos metros más arriba, cruzando la calle de Abajo, está la plaza del pueblo, con el Ayuntamiento en un lateral y la iglesia de Nuestra Señora de la Luz en el centro. El edificio del consistorio es un palacete urbano del XIX de muy digna factura y que ha sido restaurado no hace mucho; la fachada está pintada en un verde suave que queda muy bien con la piedra gris de las jambas de los vanos y de las cornisas. En cuanto a la iglesia, su apariencia no deja de ser curiosa, en especial la torre central, ecléctica con alusiones al neogótico y al neomudéjar; además, al estar pintada de blanco se refuerza su imagen de tarta de boda. En realidad, los inicios del templo se remontan a mediados del XVI, primero una sencilla ermita que a principios del XVIII se amplió para convertirse en iglesia de dos naves con espadaña. El famoso aluvión de 1879, que arrasó gran parte del casco urbano, dañó muy gravemente el edificio que empezó a reconstruirse a inicios del XX, erigiéndose la torre en la década de los veinte. Por cierto, esta advocación mariana está en el origen del nombre del municipio. Éste fue bautizado en su origen solo Isora, término de procedencia guanche, pero en el XVI apareció una imagen de la Virgen de la Luz y en su honor se decidió anteponer el nombre de Guía. Lo de que se aparezcan estatuas de la Madre de Cristo en esta Isla es casi costumbre (recuérdese la leyenda de la de Candelaria) pero me cuesta entender cómo sabían de cuál de las innumerables se trataba. Hay una leyenda que remonta la devoción a Nuestra Señora de la Luz a la época de los visigodos, así que puedo creer que ya en el XVI fuera bastante popular entre los castellanos. Y en cuanto a lo del término , supongo que será porque con su luz la Virgen nos guía por el buen camino, pero no he podido encontrar ninguna confirmación en tal sentido. Leo que la imagen original de la Virgen de Guía se encuentra en el convento de las Franciscanas Concepcionistas de Garachico; la que preside el interior del templo es de mediados del XIX, atribuida al escultor Fernando Estévez de Salas, artista orotavense y máximo exponente del neoclásico canario.



Dejamos atrás la plaza de Guía subiendo por la calle de Los Chorros, probablemente así llamada porque su trazado es adyacente y paralelo al barranco que aquí se llama de Aripe pero más arriba de Tágara, rico en manantiales que dieron el agua al pueblo. Llegamos al edificio de la policía local y doblamos a la derecha por Don Manuel Gorillo y luego de nuevo a la izquierda por Las Britas. La calle acaba frente a una casa junto a la cual nace el sendero PR TF-70 que va a Boca Tauce pasando por Aripe y Chirche; en cuanto avanzamos unos metros giramos la cabeza y vemos las fachadas traseras, una de las más horribles muestras de fealdad que cabe imaginar; cuesta entender que, siendo éste un sendero que promociona el propio Ayuntamiento no haya emitido una orden de ejecución para exigir a los propietarios unas mínimas condiciones de ornato. Superado el shock iniciamos esta última parte de la etapa, esta vez sí por un sendero rural, pavimentado con guijarros volcánicos, y no por pistas o carreteras asfaltadas. El paisaje cambia a mejor, por supuesto: matorrales y abundantes tuneras, bancales más pequeños y más adaptados a la orografía con cultivos para consumo interno (hortícolas, vid), las montañas boscosas en el horizonte (y hacia atrás el mar y La Gomera, claro) y lo más llamativo: la pléyade laberíntica de tuberías de agua que cruzan el territorio en diversas direcciones: una imagen alucinante. También nos encontramos con algunas eras de circular perfección perimetradas con piedras, vestigios de la cultura cerealística que tan importante fue en la comarca. Es solo un kilómetros y medio, y ciento treinta metros de desnivel (de los 610 a los 740 msnm), lo que separa el casco de Guía del pequeño núcleo de Aripe. Recorrerlo nos lleva media hora que, teniendo en cuenta la pendiente no está mal.


Hacia las doce y media llegamos a la primera casa de Aripe, una vivienda tradicional preciosa que con toda seguridad la han arreglado para alojamiento vacacional (me apunto buscarla en air b&b). El sendero a Chirche sigue por la derecha; es el llamado Camino Viejo por el que discurría la tradicional romería que llevaba la Virgen de la Luz a la vertiente norte de la Isla. Pero optamos por ir a la izquierda para pasear por el pequeño pueblo y subir por el camino nuevo, el que se abrió a principios del XX hacia las Cañadas y que hoy es la carretera que une Guía con Chirche. Tanto Aripe como Chirche están declarados conjuntos históricos desde 2008 debido a su arquitectura tradicional, caracterizada por gruesos muros de mampostería con cubiertas de teja árabe sobre estructura de madera de tea. Aripe tiene además fama porque aquí, en una zona aterrazada por antiguos bancales, se descubrió en 1980 un yacimiento guanche con grabados sobre las rocas: figuras de animales, signos geométricos y una media docena de figuras humanas, algunas ataviadas con vestimenta y armas, que constituyen la primera muestra de arte rupestre de la isla. El caserío no es muy grande pero se advierte que vivió mejores tiempos; hoy apenas llega a los cien residentes, aunque cada vez hay más casas arregladas para el turismo rural. Seguimos la ruta por la carretera para cubrir el kilómetro escaso que nos separa de Chirche (pero un desnivel de otros 130 metros). Al llegar a las primeras casas de este pueblo –hacia la una– nos metemos en un bar a tomar unos refrescos y una tapa de garbanzas que estaban ácidas. Media hora después nos montábamos en mi coche para bajar a Fonsalía, donde dejé a Jorge. Luego hora y cuarto de trayecto hasta casa; serían las tres cuando llegué. Fin de una etapa de once kilómetros y medio de caminata; será en la próxima cuando cuente algo de Chirche.


2 comentarios:

  1. Resulta espectacular la foto de la era circular. Con menos que eso, algunos atontados se figurarían historias de alienígenas y qué sé yo.

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  2. Ya que pasó el tiempo de los comentarios: esos terrenos agrícolas abandonados deprimen el valor de toda la zona. Ya que la isla tiene un faltante de agua para uso agricola, quizas se podrían convertir esos terrenos en piletones, donde se almacene agua de lluvia y quizas hacer piscicultura de agua dulce.
    Aparte: Esa nueva autopista pemite ir desde la punta del oeste hasta Santa Cruz en poco más de una hora, segun Google Maps. Al menos desde el punto de vista de la distancia, podría ser interesante vivir en algun lugar bonito y barato con vista a la Gomera y trabajar en Santa Cruz

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