miércoles, 11 de julio de 2007

Conversaciones teológicas (I)

  • Te casas por la Iglesia, bautizas a tus hijos … Pero no vas a misa, reniegas de los curas. ¿Qué entiendes tú por ser cristiana?
  • ¿Qué tiene que ver? Soy cristiana, católica, pero no creo en la Iglesia.
  • Mujer, algo tiene que ver. Uno es católico porque pertenece a la Iglesia Católica.
  • No, no estoy de acuerdo. Uno es católico, bueno dejémoslo en cristiano, porque cree en Cristo. Y yo creo en Cristo, pero no en la Iglesia. Es más, creo que la Iglesia ha traicionado el mensaje de Cristo. Bueno, no sé … Quizás traicionado sea muy fuerte y, además, la Iglesia es muy amplia. Pero, desde luego, no me siento para nada a gusto con el comportamiento de la Iglesia, no siento que transmitan correctamente el mensaje cristiano.
  • Ya, vale. Eres cristiana porque crees en Cristo. Pero, ¿qué es lo que crees exactamente?
  • ¿Cómo que qué es lo que creo? Pues que Jesús ha sido una persona excepcional, que vino al mundo a salvarnos y que nos ha dejado una doctrina éticamente insuperable.
  • Bueno, tú sabes que la historicidad de Jesús no es un hecho absolutamente probado. Hay quienes ponen en duda que realmente existiera o, mejor dicho, que el Jesús que nos ha llegado fuera un hombre concreto, uno solo. En esa época, en Palestina, había abundantes predicadores, eran tiempos revueltos …
  • ¿Me estás diciendo que tú no crees que Jesús haya vivido realmente?
  • No, para nada. Yo sí creo que Cristo realmente vivió. Admito que hay muchas lagunas históricas e incluso varias contradicciones respecto a lo que nos han enseñado desde pequeños. Pero soy cristiano, lo sabes, así que ¿cómo no iba a creer en que realmente había vivido entre los hombres.
  • Vale tío, me habías descolocado. ¿Y a que contradicciones te refieres?
  • Bah, tampoco son importantes, ni siquiera estoy convencido de que sean ciertas. Por ejemplo, nos han contado que Jesús nació en Belén y que María y José fueron allí porque esa aldea era la del linaje de David, al cual José pertenecía, y en ella debían empadronarse por un decreto del emperador Augusto. Pero parece que, durante el reinado de Herodes (ya sabes, el de la matanza de los inocentes) no se decreto ningún censo en Palestina.
  • Bueno, ¿y qué más da que naciera o no en Belén? ¿O que sus padres estuvieran allá por cualquier otra razón?
  • Nada, o casi nada. Desde luego no cambia nada fundamental. Pero cuestiona la fiabilidad de los evangelios y eso siempre regocija a los escépticos. Claro que, después de todo, es perfectamente normal que en detalles accesorios los evangelios puedan desviarse de los hechos históricos; ten en cuenta que todos fueron escrito mucho después de la muerte de Jesús y sus autores ni siquiera le conocieron. De hecho, sobre este tema de Belén, Mateo y Lucas dan dos versiones contradictorias entre sí.
  • La verdad, no entiendo qué necesidad hay de comerse el coco con esos detalles. Estoy contigo en que no afectan para nada ni a la verdad histórica de Jesús ni a la validez y santidad de su mensaje.
  • Sí, yo pienso lo mismo pero … tampoco es que los detalles carezcan de importancia. Se supone que si eres cristiana querrás conocer lo más posible a Jesús. Antes has dicho que crees en Cristo y también que la Iglesia ha desvirtuado su mensaje. Pero, ¿qué sabes de Cristo? ¿Y cómo sabes su mensaje, si no es a través de la Iglesia?
  • Estás empezando a hacerme sentir incómoda. En parte, tengo que reconocerte que sé poco de Jesús y, desde luego, su mensaje (o, al menos, lo que yo creo que es su mensaje) lo he conocido a través de la Iglesia. Pero, por otra parte, siento dentro de mí la verdad de su mensaje y mi fe en él.
  • Lo que acabas de decir me parece muy interesante y pienso que es algo común en una gran mayoría de los cristianos actuales. No hace falta conocer demasiado ni a Jesús ni su mensaje para saberse cristiano, para creer en él, para seguir su doctrina como la mejor para nuestra salvación.
  • ¿Sabes? Pareciera que estás ironizando y te advierto que te lo he dicho de corazón.
  • No, en absoluto; perdóname si te he dado esa impresión. Creo sinceramente que eres honesta, de alma limpia, y que tu vía de acceso a Cristo es la más profunda. Crees en él, efectivamente, con el corazón. Crees en su mensaje de santidad porque ese mensaje, en el fondo, lo reconoces en tu propio interior como algo salvífico, necesario, que da sentido y paz a tu vida. Aunque a lo mejor no seas capaz de darte cuenta, es ese espíritu cristiano que llevas dentro el que te hace capaz, con buena fe, de discernir los posibles errores y desviaciones de la Iglesia. En el fondo, no te sorprendas, te envidio.
  • ¿Que me envidias? ¿Qué dices?
  • Sí, porque yo no he sido agraciado con una fe como la tuya. Necesito llenarla de contenidos precisos, saber qué es lo que creo. Y ahí vienen los problemas, porque cada uno de esos contenidos me obliga a cuestionarme cosas, y no me es tan fácil como a ti descartar lo accesorio y quedarme con lo fundamental. No me resulta sencillo saber con suficiente concreción qué es lo que creo. Por eso empecé preguntándote qué entendías por ser cristiano.
  • Pero, tío, ¿tan complejo es el cristianismo para no aclararse sobre el contenido de lo que uno cree?
  • Pufff, muchísimo. Si te apetece podríamos ir repasando enunciados simples, cada uno de ellos expresión de un contenido concreto de las creencias cristianas. Obviamente, casi todos ellos los conocerás desde el colegio, pero seguro que, como la mayoría de los cristianos, ni te has parado a plantearte si crees en uno u otro de esos enunciados.
  • No, la verdad es que no me he parado a hacerlo; ya te he dicho que no siento que sea necesario.
  • Claro, y te he entendido. Pero a mí no me vale. Porque, aunque creo como tú en Cristo, me cuesta creer en muchos de los enunciados que constituyen, se supone, nuestra fe. Es más, si te he de ser sincero, hay muchos que no puedo creérmelos, por más que lo intento. Así que no me queda más remedio que hacer un pacto entre mi inteligencia y mi corazón.
  • Más que un pacto, yo diría que lo que haces es dictar una orden de alejamiento a tu inteligencia. No te ofendas, eh.
  • Un poco sí, tienes razón. Pero es que no puedo, mejor, no quiero debilitar mi fe en Cristo.
  • Perdona, pero me parece que exageras. Me has reconocido antes que lo importante radica en el corazón; ahí está tu fe. ¿Qué más da que tu inteligencia no trague unos cuantos dogmas impuestos por la Iglesia? La esencia de Cristo y su mensaje es independiente de los detalles, la mayor parte de ellos inventados por los teólogos, a veces con fines no demasiado honestos.
  • No es tan sencillo. Déjame que haga de abogado del diablo. Imagínate que vamos repasando todos los enunciados a los que antes me refería y uno a uno vamos concluyendo que no nos los creemos. Si no creemos en nada de lo que constituye el contenido de la fe cristiana, ¿podemos acaso considerarnos cristianos?
  • Vuelves a exagerar. Eso no es así, no podemos no creer en ninguno de esos enunciados. Pero, incluso en el absurdo supuesto que planteas, yo seguiría creyendo desde mi corazón que el mensaje de Cristo es el camino de mi salvación.
  • ¿Sí? ¿No te preguntarías si ese mensaje no es algo que tú misma te has ido construyendo? ¿Algo que has acomodado a tus necesidades de paz interior, a modo de un analgésico anímico, y lo llamas cristianismo sólo porque te has educado en nuestra religión?
  • Coño, empiezas a hablar como el típico ateo militante. Me recuerdas el libro de Dawkins que te comenté. De todas maneras, ya te he reconocido que sé poco de Cristo y de su mensaje. Ya puesta ampliaré mi confesión: tengo muy olvidados esos que tú denominas los contenidos de nuestra creencia cristiana. Y creo que no me vendría mal repasarlos. ¿Qué? ¿Nos animamos?
  • Claro, pero antes líate otro porrito.


CATEGORÍA: Creencias y descreencias

11 comentarios:

  1. Que buen título, eso del desconcierto es lo que acaba de pasarme. Yo no creo en cristo, no me creo cristiana, porque fui muchos años a la iglesia y profesaban el amar al prójimo pero no lo cumplían, seguía viendo gente dormir en las calles sobre un colchón mojado, y sus compañeros eran los perros vagos...lo que me hizo entender que si existía un dios y alguien creía en lo que él profesaba eran los animales, y nosotros nos hemos empecinado en creer que no somos animales, que somos más bondadosos y todo ese montón de cosas que alguien inventó para que otros tuviesen tema.

    Si de verdad existe un dios no se va fijar en cuantas veces fuiste a misa sino en que tanto amor lograste entregar.

    Yo prefiero creer en el equilibrio como el ideal. Creo que siempre lo bueno trae algo malo y viceversa. Y que los que creen en Dios tienen el poder de crear algo dentro de ellos que genera fuerza para ver pasar los días. Pero cada quien forma su realidad y seguro es más fácil aprender lo que te dicen y ver el mundo como otros lo ven, es más fácil dejarse llevar en el rebaño que alzarse por un ideal obtuso y narcisista que te haga comprender el verdadero sentido de tu existencia, o más bien hacerte real para ti, sólo para ti...y si creer en dios te complace e ir a la iglesia te parece necesario, pues es tu deber hacerlo, es el deber de hacer las cosas bien, no quedar a medio camino, o crees o no crees, existes o no existes.

    Elegiste una situación, una creencia, una razón, ahora eso se convierte en tu misión. Los destinos no esperan.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Je, Miro reconoce que partías con ventaja en la conversación. Cualquier creencia tiene un punto de irracionalidad que es fácilmente minable.

    Yo me eduqué como mucho hijo de vecino en el catolicismo. Y digamos que soy católica social (no tengo problemas en ir a bautizos, misas o comuniones si toca). Colegio de monjas y cantante en el coro = hago un papel católico que te cagas.

    Particularmente no reniego de la "parte buena" de ninguna religión. Aunque reniego de gran parte de la mayoría. Lo malo de las religiones es que pretenden hacerte a su "imagen y semejanza" y obligarte a dejar de pensar para qeu te adhieras ciegamente a sus creencias y yo por ahí no paso.

    Yo creo, sí, pero decido en qué quiero creer. Jesús me resulta por ende el "personaje" más familiar pero le podemos llamar Buda, Mahoma o perico de los palotes, si alguien se queda con las figuras en vez de con los mensajes "vamos listos".

    Lo que es cierto es que es más fácil simplificarse la vida y colocarse la etiqueta de una religión que cuestionarse las creencias personales. ¿no?

    En cualquier caso yo particularmete creo qeu todos, absolutamente todos creemos en algo en el fondo de nuestro subconsciente. Es inherente al ser humano. Incluso al más recalcitrante ateo.

    Bueno que me he liado, hablando de líar ... venga pasad el porrito ;)

    Besos

    ResponderEliminar
  3. Aclaración a Princesa Durazno y a Marguerite (que no pensaba necesaria, y que a lo mejor no lo es, pero por si acaso): Los dos interlocutores del post son imaginarios, por más que, lógicamente, puedan verse parecidos con personas reales. En todo caso, ninguno de ellos piensa como yo. O sea, no me vean retratado en ninguno de ellos.

    ResponderEliminar
  4. Palabras, palabras, palabras...y por esos mundos de dios ( con unas merecidas minúsculas) personas muriendo de hambre o de horror. Ya está bién de atrincherarse en la comodidad diletante. Y conste que tus escritos me parecem muy interesantes. Ya sé aquello de que contempla mejor el accidente el mirón distanciado que el atropellado pero es que cuando el mirón se convierte en lujurioso voyeur el placer sólo está del lado de quien se hace la paja.Ya está bien de preguntas imposibles de responder. ¿Qué pasaría si una fuerza irresistible se encontrará con un cuerpo inamovible? Y bla, bla, bla...¿Que tiene que ver ese Cristo que dicen que iba descalzo con la suntuosidad de la Iglesia?

    ResponderEliminar
  5. Me ha encantado la conversación imaginaria. Y me gusta porque precisamente hoy en día hay un gran desconocimiento (supongo que como siempre) de aquello que se afirma creer. Y en cierto sentido la creencia espiritual debe ser construida desde el interior de tu corazón con las armas educativas que han ido apareciendo en tu entorno. Es algo sano hacerle caso a tu corazón.

    Sin embargo para llegar al corazón se necesitan datos y los datos deben ser los más certeros posibles. Aquí es donde veo a mucho creyente que es capaz de defender posturas de instituciones que luego dicen no respetar y aquí es donde nace la irracionalidad del creyente fanático que se obsesiona con demostrar como verdades absolutas cosas que quizás no lo sean. Y esto pasa también entre los ateos, algo que me resultó muy curioso y sobre todo hace referencia al poder extraordinario que todavía tiene la iglesia católica entre nosotros y fue a raiz del libro del código da vinci. Se han visto tantos ateos, agnósticos escandalizados echando por tierra la leyenda del santo grial como creyentes. Es decir ateos, gente que se supone que tienen que poner en duda hasta el mismo hecho de la existencia histórica de Jesús, gente que se cabrea por el celibato eclesiástico, gente que no ve como valor la virginidad, se mofa de una leyenda que insinua la humanidad y no la divinidad de un hombre que de ser verdad que existió posiblemente viviera según las normas judías en cuanto a uniones y casamientos más que según las normas católicas.

    También me resulta curioso que de entre todas las normas de nuestra santa madre iglesia la que parece dar la puntilla para aquello de ser praticantes sea el de ir a misa. Siempre me ha hecho mucha gracia porque hay gente que va a misa que luego no tiene la más remota idea no ya de lo que es ser católico sino de lo que es ser cristiano. Pero ni tan siquiera entienden lo que es una misa, que al fin y al cabo es la conmemoración de la eucaristía, una reunión de amigos que se juntan para compartir, para cenar, para reunir fuerzas al final de una etapa para recuperar nuevas que te hagan proseguir.

    Debo ser una creyente rara por cuanto que personas como Lutero me parecen excepcionales. O incluso Feuerbach me parece interesante, yendo de un extremo a otro de la cuerda. Y me parece a mi que los grandes problemas de pérdidas de fe surgen precisamente cuando se pone esta fe en instituciones humanas, como la iglesia, o en hombres, como los santos. Realmente divinizamos como buenos politeistas que somos más lo humano y nos decepcionamos cuando descubrimos que nuestra fe fue depositada en un mal objetivo, y es aquí cuando concluimos que como nosotros no damos la talla de dioses va a ser verdad que Dios no existe. Si no nos sobrevaloraramos tantos quizás no tendríamos que subestimarnos después.

    ResponderEliminar
  6. Creo que "la mujer de rojo" lo que en realidad siente y comparte en su corazón no es más que ética, pura y dura. Actúa "cristianamente" en razón de esa ética. Un ateo simplemente practica la ética, sin llamarlo por otros nombres. Por eso en ese sentido es fácil prescindir de la religión.

    De hecho, a los que no tienen ética pero declaran ser creyentes, se les puede considerar "malos cristianos".

    ResponderEliminar
  7. puesyomisma otravez12 de julio de 2007, 15:19

    illyakin y por qué das por hecho que la ética tiene un sólo camino, o un solo sentido, hay ética buena y ética mala, todos tenemos ética, unos más relajada que otros pero cada cual tiene ética. Eso no nos hace ni buenos ni malos, en cuanto a creencias ni en cuanto a civismo. Se puede tener ética y ser más malo que un dolor al igual que la ética que tienes.

    ResponderEliminar
  8. Sólo sé que Dios no existe...

    ResponderEliminar
  9. La religión es un acto de fé; o la tienes o no.....así de simple y complejo a la vez. Y creer en Dios no implica creer en la Iglesia, no hay acto de fé que justifique según que cosas.....

    ResponderEliminar
  10. Pero ser creyente tampoco significa ser buena persona. Son cosas diferentes. Tampoco sabemos si la medida que utilizamos nosotros para discernir el bien y el mal coincidirán con el bien y el mal en sí. Seguimos pensando que creyente significa ser buena personas según parámetros que nosotros mismos imponemos. Y ser creyente sólo implica creer que exite Dios. Pertener a una religión sí que implica cumplir con determinados preceptos o normas de comportamiento, al igual que ocurre en cualquier sociedad. Una comunidad requiere de normas para la convivencia y para conseguir el cumplimiento de estas normas creamos una especie de barómetro moral donde los que las cumplen son buenos y los que no las cumplen son malos. Pero esto sólo depende de la moral imperante en cada momento y sociedad no del concepto de bondad y maldad en términos absolutos. Porque estos conceptos no existen objetivamente, aunque hasta en el derecho se nos enseñe que existe un derecho iusnatural que prevalece sobre las cosas. Es todo tan relativo, que se puede desmontar en un segundo.

    ResponderEliminar
  11. Yo no comprendo la fé, igual es que me falta algún gen o algún chip o lo que sea. Pero creer, así, a ojos cerrados, sin plantearse nada... no lo entiendo. No puedo. Y confieso que, a veces, me parece envidiable ese creer sin más planteamientos... y con todas las contradicciones. Pero, oye, con eso se nace o no se nace y yo no nací con eso :)

    Besos

    ResponderEliminar