Etapa 4: La Matanza de Acentejo - Santa Úrsula

Nada más salir del nudo de la autopista empieza la calle Santo Domingo: a mano derecha está la zona recreativa del Palmeral, en la que un ruidoso grupo está de sobremesa. A la izquierda, un conjunto de tres viviendas rurales tradicionales que ha sido rehabilitadas por el Ayuntamiento para conformar el Museo Etnográfico que, cómo no, está cerrado. Vuelvo a la calle Santo Domingo y llego a la ermita y exconvento de ese Santo. El conjunto fue construido en la segunda mitad del XVII por don Pedro de Ponte y Molina, de la famosa familia genovesa que tan poderosa fue en la Isla. Que la ermita se pusiese bajo la advocación del santo burgalés se debe, según dicen las crónicas oficiales, a la devoción que hacia él sentía Ponte pero a mí me parece más probable que fuera para hacer la pelota a los dominicos que, desde el principio de la conquista, eran la orden de más influencia en el archipiélago. Lo que está claro es la propia casona solariega serviría después como parada y fonda de esos frailes en sus desplazamientos hacia las villas norteñas, La Orotava y, sobre todo, Garachico. Justo al lado, el Ayuntamiento ha hecho una plaza con equipamientos culturales que es un verdadero horror, otro ejemplo más de falta de sensibilidad estética. Retrocedo unos metros para subir por la calle Sanabria, una fortísima cuesta en dos tramos: 300 metros hasta la carretera general a más del 20% de pendiente y otros 100 metros hasta la calle Pérez Díaz con un poquito menos (pero solo un poquito) de inclinación. Llegó agotado, zigzagueando los últimos metros como los ciclistas en los puertos alpinos.
Estoy ya frente a la Iglesia, que se localiza en el mismo lugar donde el Adelantado erigió la ermita de la victoria e incluso, según dicen algunos, casi donde fue la batalla. En todo caso, si creemos las crónicas, aquí se celebró la primera misa, con tañer de campanas que se colgaron del pino que aún subsiste en la parte trasera del templo. Se empezó a construir la actual iglesia (que se llama de Nuestra Señora de la Encarnación y no de la Victoria, como creía) en 1537 pero, tras un incendió en 1589, se reconstruyó, mejoró y amplió hasta el siglo XVIII. Me senté delante de la fachada principal, a recobrar fuerzas y disfrutarla; hacía por lo menos veinticinco años que no venía por esta plaza y, la verdad, merece la pena, no está nada mal. Del interior del templo, aparte de las numerosas imágenes marianas, debe destacarse el excelente artesonado mudéjar. Sigo caminando por la cara Sur del templo y me encuentro con el cementerio, cuya entrada –primero una escalera coronada por dos cipreses y luego un pórtico de hormigón visto que deja ver una estructura metálica con claraboya– me llama la atención. Descubro que recientemente, para mejorar y ampliar la instalación, el Cabildo financió unas obras que, en lo fundamental, consistieron en techar los feos bloques de nichos. El resultado me sorprende muy agradablemente. Bajo de la plaza justo junto al Ayuntamiento del pueblo (una edificación reciente de “estilo canario”; esto es, ventanas de guillotina y balconada corrida de imitación). Camino por la calle Pérez Díaz en sentido contrario a la meta de esta etapa (es decir, hacia La Matanza) para llegarme hasta la ermita del Calvario. Se trata de una pequeña edificación con techo a dos aguas, espadaña, puerta central y dos ventanas, todos los vanos en arco de medio punto. No tiene demasiado valor (parece que sustituyó a un templo de estilo clásico) pero en este núcleo urbano cualquier cosita que no sea horrorosa se agradece.

Cruzado Barranco Hondo ya estoy en el término municipal de Santa Úrsula, pero también en su núcleo urbano que, a su vez, no tiene solución de continuidad con el de La Victoria como se prolongará también hacia el vecino de La Orotava. Se trata de un poblamiento continuo, edificaciones adosadas frente a los escasos viarios, que en ciertas áreas se densifican dando origen a algo que tiende a ser, sin conseguirlo del todo, lo que llamamos malla urbana. En todo caso, en estos gradientes aleatorios de urbanidad, se aprecia enseguida que Santa Úrsula es menos rural que los dos municipios de Acentejo: una mayor calidad de la urbanización, predominio de las tipologías colectivas. Sin duda se debe a la influencia del turismo, irradiada desde el casi vecino Puerto de la Cruz; pero aun así el paisaje urbano es feo, carente de todo interés. A unos 600 metros del puente de Hierro nace una pequeña calle en pendiente descendente que se llama de La Vera. Bajo por ella hasta la calle Capitán, por la que doblo a la izquierda. Ahí, haciendo esquina, se alza la casa de la Vera o de los Capitanes. Se trata de una hacienda de campo construida en 1860 por Diego González Martín, capitán del destacamento militar, y tiene como singularidad más relevante que la fachada está decorada con un esgrafiado de gran detallismo, una técnica muy poco frecuente en la isla de Tenerife. Cabe destacar, además, la carpintería, tanto de las ventanas como del balcón. Ahora bien, pese a estar reconocida como uno de los inmuebles de mayor valor patrimonial del municipio, se encuentra en un lamentable estado de abandono.
La calle Capitán, muy cortita, desemboca en la Carretera Vieja, por la que camino algo más de trescientos metros para doblar a la derecha por la rambla del Doctor Pérez, así llamada (supongo) porque tiene una mínima mediana en la que han plantado unos todavía raquíticos árboles; tal vez pretendían emular en versión local la rambla santacrucera. El primer tramo, como no está edificado en su margen norte, permite una buena panorámica hacia el mar y, en primer plano, a un centro comercial de reciente implantación (Lidl). Esta calle remata contra el pequeño núcleo fundacional del pueblo: la plaza en torno a la cual se erige la Iglesia y, al otro lado, el Ayuntamiento viejo. Opto por bordear este conjunto por la calle Calvo Sotelo que, en su punto más bajo da acceso al cementerio municipal, que está cerrado. Luego, de subida, me detengo a ver el edificio viejo del Ayuntamiento que exhibe coronando su fachada el escudo en piedra del régimen anterior. Pero es que la plaza se llama del General Franco, así que por lo que se ve en Santa Úrsula no tienen demasiadas ganas de actualizar símbolos y callejero. La Iglesia y la plaza datan de finales del XVI, cuando el alcalde Alejo Pérez cedió los terrenos a condición de que el templo se advocara a Santa Úrsula, que era el nombre de su hija. Este de una sola nave en forma de cruz latina con capilla mayor y dos laterales, separados por arcos de cantería azul de Acentejo; la fachada es de piedra molinera, a excepción de la portada, y la parte superior de cantería más depurada y rematada en una cornisa pétrea a dos aguas y espadaña lateral. Una iglesia bastante más pequeña y discreta que la de La Victoria.

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