Fechas capicúas

CATEGORÍA: Ficciones
Boberías que se me ocurren ... ¿Me voy aclarando?

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Miroslav Panciutti
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Al igual que The Wall, Pros and Cons es un disco de los que se han dado en llamar conceptuales; es decir, que cuenta una historia. La historia consiste en la mezcla de sueños y realidad que vive un hombre de mediana edad en su dormitorio de los suburbios londinenses entre las cuatro y media y cinco y once de la madrugada. El tío fantasea con engañar a su mujer norteamericana con jovencitas autoestopistas, luego con abandonar la ciudad y mudarse toda la familia a la granja familiar de ella, luego con que ésta lo abandona y se convierte él en el autoestopista, para finalmente arrepentirse y despertarse aliviado al ver que su mujer sigue a su lado. La influencia del Ulises de Joyce en los textos es meridiana, tanto en el esquema temporal como en el recurso al famosísimo "flujo de conciencia", así como al empleo de imágenes y alusiones que resultan muchas veces enrevesadas.
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Sugerente, ¿verdad? Pero no me sorprendió por el tema sino porque yo, hace unos treinta años, escribí un cuento cuyo argumento era casi calcado del que ahora publica Casciari. Debió ser hacia finales de los setenta, a mediados de mi carrera universitaria. Recuerdo perfectamente que la inspiración, absolutamente obvia, fue la lectura de Momo, la novela de Michael Ende sobre los hombres de gris que roban el tiempo a los hombres. Pensé entonces que si el tiempo pudiera ser aprehensible, intercambiable, lo lógico es que se convirtiera en la unidad económica. E imaginé una sociedad en la que, igual que en la futura de Casciari, la gente nacía con un crédito determinado y disponía de él como moneda de cambio, gastándolo pero también adquiriéndolo. El cuento, que era bastante largo (tendría como treinta páginas mecanografiadas) desarrollaba una trama de intriga en la que había unos especuladores que fraudulentamente hacían bajar la cotización del tiempo de una comuna hippie para, adquiriéndolo a la baja, revenderlo a unos ancianos poderosísimos de Londres. La cosa iba empeorando, y pese a los esfuerzos de los "buenos", al final, no como en Momo, esa sociedad derivaba hacia una cruel dictadura en la que se obligaba a una mayoría esclavizada a tener hijos para, al poco de nacer, despojarles de su crédito temporal (obviamente morían) en beneficio de la cruel gerontocracia dirigente.
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El señor Burns no se llama así, claro está. El mote simpsoniano circuló soterrado entre los escritorios de la casa hasta que salió a rondar por otras redacciones y a estas alturas se ha popularizado en los mentideros de San Trifón del Río, con tanto éxito que ya casi ha desplazado al anterior apelativo, "la momia". Pero cuidadito con que se te escape delante de don Gobelio Gil, director del rotativo de mayor tirada de Chipunia, garante de las esencias eternas de nuestra identidad, defensor de la independencia chipuna y azote de los políticos (especialmente los de la Chipunia oriental) al servicio de los intereses cascaterranos. Cuidadito con que Gil sospeche que le faltas al respeto, porque a sus ochenta y cinco años mantiene abundantes reservas de rencor venenoso y un eficaz arsenal de represalias. El rencor que empapa las páginas de opinión de Hoy no es más que una pequeña muestra del que anida en el alma del señor Burns.
Esta tarde, a las siete, tengo que llevarle el artículo a su casa para que lo corrija y, son sus palabras, le dé un "toque personal". Malena, su secretaria, me ha invitado a almorzar. Malena tiene unos treinta y mucho y un cuerpo espectacularmente voluptuoso (que, además, se afana en resaltar con ropas entalladas). Todos dicen que se acuesta con el señor Burns y no sólo con él. Antes trabajaba para Amando Kalinas, el famoso empresario turístico tan metido en la política chipuna; dicen que también se acostaba con él y que fue él quien la puso en Hoy. Durante la comida, Malena me insinúa con muchos rodeos que le gusto al señor Burns, que debería aprovecharme de esa inclinación. Me río intentando tomarme a broma sus palabras. Pero si es un anciano (estoy a punto de decir "un viejo repugnante", pero me muerdo la lengua a tiempo), ¿cómo va a querer, a poder ...? Hay pastillas, Silvia, y te aseguro que funcionan. Su mirada es amistosa, con un leve atisbo de reto en el fondo de sus ojos. Me acaricia una mano, apenas un sutil esbozo, como si lo hiciera distraídamente. Sé que te parece asqueroso, pero no lo es tanto, es casi hasta tierno. Pero tú sabrás lo que te conviene, y retira su mano. Al despedirnos me dice que ella estará esta tarde en la casa del señor Burns (así que no has de preocuparte, habrá una amiga contigo). Además, allí podré conocer a Kalinas (ya verás que hombre más interesante; ha sido él quien le ha sugerido a Gobelio que te encargue este artículo tan importante).
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Miroslav Panciutti
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